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Recuerdos de altura

Germán Arce revela sus hobbies antes de convertirse en ingeniero de minas: el motociclismo, la fotografía y la caza.

Aunque pudo haber escogido ser arquitecto o militar, Germán Arce eligió convertirse en ingeniero de minas. “Y fue la decisión más acertada”, asegura ahora desde una oficina del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP), donde ejerce el cargo de director. Tomó la decisión a los 16 años. En el colegio, “había aprendido que las culturas antiguas basaban su fortaleza en armas hechas con metales”, recuerda Arce. 

Con los años, a su interés por la ingeniería mecánica y eléctrica se sumó su buen desempeño en las matemáticas.

Además, “tuve curiosidad y esta es esencial en el proceso minero para la extracción de los minerales”, señala Arce. El ambiente también fue fundamental. “La minería se desarrolla en lugares muy bonitos en la cordillera del Perú”, pensaba entonces Arce.

EXPERIENCIA

En enero de 1978, el ingeniero postuló a la minera Milpo en Cerro de Pasco. “Comencé en posiciones subalternas. Fui asistente en geología, luego en el departamento de topología y el de seguridad. Pero siempre tuve un gran deseo de trabajar en producción”, cuenta. Para Arce, eso era como “enfrentarse a la naturaleza para rescatar sus valores”. Para cumplir el reto se debía usar maquinaria, explosivos, toda aquella tecnología que el ingeniero consideraba apasionante. Las oportunidades le llegaron en las mineras Brescia y Hochschild también. Volvió a Milpo en el 2002 para trabajar en un proyecto en Chile. Y el único reto que lo motivó a volver al Perú fue Cerro Lindo, asegura.  

LAS COSAS CAMBIAN

En su carrera, Arce ha sido testigo de la disminución de accidentes, pero también reconoce la presencia de nuevos problemas. “Recuerdo que cuando empecé a trabajar (los temas ambientales) eran prácticamente una iniciativa y ahora son ley. Los temas sociales eran solo buena voluntad de las empresas”, sentencia. Por otra parte, Arce recuerda que las empresas tenían campamentos mineros similares a una ciudad en miniatura. “Con edificios, escuela, posta médica, oficinas y talleres. Allí el trabajador vivía con su familia”, narra el director. El sistema de trabajo era de 90 días por seis de descanso. “Viví con mis hijos en el campamento hasta que mis tres hijos llegaron a etapa escolar”, rememora Arce. 

“Considero positivo que el personal viva en su vivienda. Me ha tocado ver personal que se jubilaba en una mina después de muchos años de trabajo y ha salido con solo un maletín en la mano”, menciona Arce. 

HOBBIES

Arce añora algunos pasatiempos de estudiante. Ser motociclista y recorrer circuitos es algo que ha dejado en el pasado por un problema de columna, admite entre risas. Recuerda también que amaba la fotografía y que la primera cámara que cargó fue una Minolta. Disfrutaba también de la caza. “Tenía una cabeza de venado disecada, pero el ambiente de Lima es muy húmedo y se llena de gusanos”, se lamenta.

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