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Una solución desde adentro

Cada vez son más evidentes los estragos económicos y sociales de la pandemia. También, que nadie vendrá a rescatarnos, porque el mundo entero se enfrenta al mismo desafío. Saldremos de esta crisis solos, apoyándonos en recursos y fortalezas propios. Nuestra industria minera es una oportunidad para ello porque, a pesar de la recesión global, el mundo mantiene una demanda por los metales que producimos: cobre, oro, plata, zinc, plomo, estaño, molibdeno y hierro.

Para formular un plan efectivo de reactivación minera, debemos desglosarlo en los cuatro subsectores que la componen: gran minería, mediana, pequeña y minería artesanal.

La gran y mediana minería son 100% formales. Emplean directamente a más de 200.000 personas, y si sumamos a los proveedor es de bienes y servicios que forman parte de su cadena de valor, generan empleo para más de 1 millón de peruanos. En estos dos subsectores, tenemos un portafolio de proyectos valorizado en US$60.000 millones.

Para ellos, se proponen dos medidas concretas de promoción. Para el caso de nuevos proyectos, respaldo político en las tres instancias de gobierno (central, regional y local) para insertarlos dentro de los planes de desarrollo territorial respectivos. En el caso de operaciones existentes, una mejora regulatoria de rápida implementación, como la aplicación del silencio administrativo positivo para desarrollar proyectos de expansión.

Los otros dos subsectores, pequeña minería y minería artesanal, son más intensivos en mano de obra y menos productivos, dedicándose principalmente a la producción de oro. Una porción mayoritaria aún no logra formalizarse. Se estima que emplean directamente a 100.000 trabajadores, y si incluimos a sus pro- veedores de bienes y servicios, generan empleo para unos 500.000 peruanos.La producción aurífera artesanal no formal sería de alrededor de 600.000 onzas al año. Esto, en precios actuales, significa US$1.000 millones anuales.

Esta informalidad genera distorsiones económicas y baja productividad, además de pasivos ambientales, corrupción, etc. Por ello, se propone un enfoque de formalización basado en generar incentivos para el incremento de la productividad en toda su cadena de valor. Asimismo, un mayor eslabonamiento con la industria local proveedora de insumos y equipos.

En resumen, si analizamos de manera agregada la fuerza laboral de toda nuestra industria minera, y le sumamos su cadena de proveedores de bienes y servicios, hablamos de 1,5 millones de peruanos. Y si a cada uno de ellos le añadimos su carga familiar, entre el 20% y el 25% de nuestra población depende económicamente de la industria minera. No podemos soslayar su contribución actual y, sobre todo, su potencial para acortar esta crisis económica y social.

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