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Educación y Minería, Dos aliados del progreso

  • Imparten cursos y talleres de huarachería, costura, panadería, corte y confección como manera de fomentar el autoempleo

La responsabilidad social no es una dádiva. Tampoco es una inversión. Está relacionada con los valores más profundos de la naturaleza humana, como la empatía, la equidad y la solidaridad. Y hoy, en medio de una pandemia global, las empresas del sector minero lo han demostrado.

Un gran ejemplo ha sido la manera en la que las compañías han desplegado su capacidad solidaria: donando plantas de oxígeno, ambulancias, respiradores artificiales, lotes de pruebas de detección del COVID-19, dinero en efectivo, entre otras iniciativas. En este esfuerzo, las empresas contratistas han sido un actor clave.

Manuel Fumagalli, presidente de la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE) y miembro del Consejo Consultivo de Expomina, señala que los proveedores y contratistas, como socios estratégicos del sector, comparten el objetivo de contribuir con el bienestar y desarrollo de las poblaciones que rodean a las operaciones. Por ejemplo, Nexcom, empresa que construye módulos para campamentos, instaló por cuenta propia un hospital de campaña para Lambayeque, asumiendo gran parte de los costos logísticos para su atención.

En esa misma línea, Komatsu Mitsui se sumó a Cáritas para llevar alimentos a más de 30 mil familias en zonas vulnerables afectadas por la pandemia. Por otro lado, Kallpa, una de las proveedoras de energía del sector, entregó un megacheque de un millón y medio de soles al Ministerio de Salud para la adquisición de equipos, insumos y material necesario para la lucha contra el nuevo coronavirus. Y la lista continúa.

RESPONSABILIDAD CONSTANTE

Pero la responsabilidad no solo se demuestra durante las emergencias. Las empresas mineras, por ejemplo, tienen como norma de responsabilidad social el crear valor en las zonas donde se desempeñan. Una forma de hacerlo es contratando a la mayor cantidad de mano de obra local.

Fumagalli, quien también es Director Ejecutivo de Barrick Perú, indica que los contratistas también se suman a este principio. “Nuestros socios estratégicos asumen el compromiso contractual de contratar el 100% de mano de obra no calificada local y priorizar la contratación local de mano de obra calificada, así como subcontratar a empresas locales para transporte de personal, alquiler de equipo de línea amarilla, adquisición de ropa de trabajo, servicios de alimentación, alquiler de camionetas, entre otros”, indica.

Este valor compartido no solo se refleja en la generación de ingresos para los pobladores de zonas cercanas a la operación minera, sino que también se proyecta en la capacitación que se les brinda. De esta manera, gradualmente se logra tener mano de obra preparada para nuevos proyectos mineros y para la construcción de obras de infraestructura.

LOS EJES DE LA RESPONSABILIDAD

Barrick Perú, como otras mineras, prioriza cuatro ejes en materia de responsabilidad social:

– Salud

– Educación

– Desarrollo productivo

– Fortalecimiento de capacidades.

De estos puntos nacen los proyectos e iniciativas que comparten con sus poblaciones aledañas. “Estos proyectos son trabajados con las autoridades competentes y población beneficiaria, así todos empujamos hacia un solo objetivo. En algunos proyectos también hemos trabajado en alianza con otras instituciones, públicas y privadas, nacionales e internacionales, que comparten nuestra visión de desarrollo sostenible”, indica Fumagalli. Bajo ese enfoque, la responsabilidad social dejó de ser una moda para convertirse en un compromiso con el cierre de las brechas sociales y económicas.

El ministro de Energía y Minas, Miguel Incháustegui, comparte esta visión. Incháustegui afirma que esta obligación es responsabilidad del Estado, pero que, como no ocurre con la velocidad e intensidad que se requiere, la comunidad minera debe hacer esfuerzos para que ese abismo que separa a los peruanos se reduzca, a través de proyectos que impulsen programas en educación, productividad, capacidad y salud.

VALOR COMPARTIDO

En diciembre de 2006, el profesor Michael Porter, entonces presidente del Instituto de Estrategia y Competitividad de la Universidad de Harvard, publicó en Harvard Business Review una dura crítica contra el concepto clásico de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), sin imaginar que ese reproche inspiraría a decenas de empresarios a tratar de reformular el significado de hacer empresa.

El texto, titulado “Strategy and society: the link between competitive advantage and corporate social responsibility”, señala que “las iniciativas de RSE son contraproducentes, porque confrontan a los negocios con la sociedad. Por otro lado, las organizaciones desperdician recursos en acciones que no generan valor para la sociedad ni para la empresa. Si las corporaciones analizaran la RSE bajo los mismos parámetros con los que toman las decisiones de negocios, descubrirían que puede ser más que una obra de caridad”.

En el año 2011, en la misma revista, Porter publicó un nuevo texto titulado “How to fix capitalism”, en el que desarrolló por primera vez el concepto de Creación de Valor Compartido (CVC). Según Porter, a diferencia de la responsabilidad social o la filantropía, la CVC no está al margen del ‘core business’. Todo lo contrario, está en el centro.

“La CVC puede ser definida como las políticas que mejoran la competitividad de una empresa a la vez que ayudan a mejorar las condiciones económicas y sociales en las comunidades donde opera. El concepto descansa sobre la premisa de que tanto el progreso económico como el social deben ser abordados usando principios enfocados en el valor. Las empresas rara vez han abordado los problemas de la sociedad desde la perspectiva del valor y se han limitado a tratarlos como temas periféricos. Esto ha opacado las conexiones entre las preocupaciones económicas y sociales”, escribió Porter.

Gracias al desarrollo de este enfoque, son numerosos los casos de proyectos que desde el inicio analizan los recursos locales y se involucran en el desarrollo comunal, con el objetivo de poner en marcha no solo la operación, sino la resolución de los problemas sociales y económicos de sus anfitriones. Así, con el tiempo, pueden fortalecer sus lazos, reducir los niveles de conflictividad y salir adelante juntos.

Fuente: El Comercio

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