Libro: Desarrollo territorial y minería

30 Desarrollo territorial y minería Si delimitamos claramente nuestro rol, no tendríamos por qué reemplazar al Estado. En realidad, si las empresas mineras nos vemos como catalizadores o aceleradores de una transformación social, nuestro rol cambia. Creemos que en ese proceso la empresa tiene que darles visibilidad a los problemas y promover soluciones efectivas, sin reemplazar a nadie, más bien atrayendo a los actores necesarios, empezando por el Estado, las comunidades y las instituciones civiles locales. De asumir ese papel, nuestra gestión social, en la orientación de las gerencias de relaciones comunitarias, y hasta el equipo con el que operamos deberían cambiar. Por ejemplo, en momentos de tensión, necesitamos a una persona calmada, dialogante, que baje la temperatura de las emociones y las canalice hacia un proceso de conversación orientado a los acuerdos. Luego tenemos que contar con alguien capaz de gestionar esos acuerdos para que se cumplan, un gestor de proyectos, de programas en entornos desaÀantes que involucran a personas e instituciones, con presupuestos acotados y diÀcultades técnicas. Y el otro perÀl complementario es el del articulador de gentes e instituciones. Necesitamos a alguien que entienda las dinámicas de lo público, de lo privado y de lo social, incluso la lógica de las agencias de la cooperación internacional, para que todos se involucren y ayuden a que sucedan las cosas. El reto es de tal complejidad que a un solo actor le va a ser imposible superarlo. Nadie puede solo. Para atraer a todos tiene que haber alguien que sume, además, a la academia, a otros gremios de la sociedad civil y hasta a los medios de comunicación. Si no participa un equipo con esas habilidades, es muy probable que esa comunión en torno a un objetivo de largo plazo devenga en insostenible. Y el escenario creciente de desgaste y bloqueo continúe. Si hay algo fundamental y que amalgama todo este proceso, es el restablecimiento de la conÀanza. Por ello, desde ambos lados el diálogo es fundamental. En ese sentido, la empresa debe escuchar

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