40 41 la minería moderna integración del perú a la clase mundial Los chicos que vivieron aquellos años en Marcona tuvieron una infancia libre y sin riesgos. Por el contacto diario con el mar, muchos de ellos se hicieron buenos nadadores. Héctor, hijo del ingeniero Santiago Arenas, estudió toda la primaria en el colegio. “Había dos secciones. Mi padre tuvo la visión de ponernos en la sección americana destinada a los extranjeros. Los estudios se realizaban entre setiembre y junio. Allí tuvimos la fortuna de aprender muy rápido el inglés junto con los hijos de extranjeros. La sección nacional tenía las clases de abril a diciembre”, recuerda el propio Héctor. Si bien es trujillano de nacimiento, hoy se reafirma en que, si pudiera elegir un lugar para nacer, ese sería Marcona. “Teníamos mucha libertad para andar en bici o moto y no pasaba nada. Podías dejar tirada tu bici en cualquier lado y la encontrabas allí mismo al día siguiente sin que nadie la hubiese tocado. Cualquier persona que haya estudiado en el colegio o haya pasado por allá en esa época, estoy seguro de que comparte los sentimientos de arraigo hacia ese pedazo tan bonito de desierto”. Para los más pequeños, en plan familiar, además de la playa había un club muy concurrido y simpático, en el que resplandecían la mesa de billar, la de pimpón y una piscina de agua salada. Los chicos que fueron creciendo, todos, solían tener motos con las que atravesaban el desierto entre Marcona y Lomas. Andaban de arriba abajo en las Honda 70 o las Yamaha 50. Los más avezados en las de 125 cc. o las de 250 cc. Pero estas eran generalmente de algunos padres que solían acompañar las excursiones. En Playa Hermosa era común treparse en las cámaras de los grandes camiones, de unos cinco metros de diámetro, y que habían sido dadas de baja. Las utilizaban como balsas para entrar al mar, con remos hechos con palos de escoba y se metían en los remolinos a dar vueltas interminables. También había afición por el buceo. Un trabajador en la planta eléctrica de San Nicolás era popular porque se metía a bucear y salía con tanto lenguado que, si lo ayudabas a sacarlos, te regalaba uno. Además de lenguado se comía otros productos marinos como corvinas, erizos frescos y muy buenos mariscos. Y las fiestas que hacía el club por Navidad eran de antología. Los gringos también hacían sus fiestones el 4 de julio. La nacionalización Ya se había excedido el periodo de explotación del hierro según contrato y Marcona Mining Company no se había podido poner de acuerdo con el Estado peruano. En el proceso de estatización del aparato productivo nacional, durante el gobierno del general de izquierda Juan Velasco Alvarado, toda la infraestructura y maquinaria de la trasnacional fue expropiada mediante un decreto ley publicado en el diario oficial el 24 de julio de 1975. Allí se justifica la expropiación aduciendo que la empresa no había cumplido con establecer la reserva temporal e intangible de mineral, como se estipulaba en los contratos “en resguardo del desarrollo de la industria siderúrgica nacional” que, además, es una industria “estratégica por cuanto compromete los planes de desarrollo y seguridad nacional”. Por otro lado, en el referido Decreto Ley No. 21228, el gobierno acusó a Marcona Mining Company de evadir impuestos y regalías con la creación y organización de distintas empresas para el comercio y transporte marítimo del mineral extraído. Se subraya también que la comisión especial creada específicamente para negociar con la trasnacional había determinado que era “inaceptable la propuesta presentada” por la compañía y que “en cautela del interés nacional, la explotación del hierro no debe quedar en manos de una empresa privada”. Fue así como el Ministerio de Energía y Minas tomó posesión del yacimiento y del complejo metalúrgico con vistas a nombrar un administrador EN EL PROCESO DE ESTATIZACIÓN DEL APARATO PRODUCTIVO NACIONAL, TODA LA INFRAESTRUCTURA Y MAQUINARIA DE LA EMPRESA FUE EXPROPIADA MEDIANTE UN DECRETO LEY DEL 24 DE JULIO DE 1975. Sección de la planta de beneficio en la que se endurecían los pellets para darles su forma definitiva. Las dimensiones eran sorprendentes para la época.
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