La Minería Moderna

94 95 la minería moderna integración del perú a la clase mundial A partir del golpe de estado de 1968, con el que irrumpe el general Juan Velasco Alvarado, el sistema económico y político que había evolucionado en el Perú desde la época de la Independencia fue quebrado en el espinazo. Impulsado por las ideas revolucionarias de aquella época en la región, el gobierno inició con la toma de los pozos petroleros y de la refinería de Talara un proceso de expropiación y nacionalización de empresas de “carácter estratégico”. A la toma de haciendas y del petróleo les siguieron la minería, la industria, la pesca, la banca, los servicios públicos, entre otros; lo que se tradujo en un recio control estatal sobre la economía del país. En base a su ideario dictatorial, los militares de izquierda disolvieron el Congreso y expropiaron los medios de comunicación para consolidar un gobierno fuertemente nacionalista y anticapitalista. Con la idea de forzar el desarrollo de la industria nacional se adoptó una política de sustitución de importaciones, cerrando las fronteras y cualquier viso de competencia entre los productos esenciales. Estas distorsiones crearon monopolios estatales que jugaron en contra del consumidor, convirtiéndolo en público cautivo para productos y servicios de cuestionable calidad. La concentración del aparato productivo por parte del Estado llegó a tal punto que, hacia 1975, teníamos más de 100 empresas públicas que controlaban el 50% de las importaciones y el 85% de las exportaciones del país. En ese afán estatizador, en 1970 el gobierno promulgó la Ley de Minería y creó la Empresa Comercializadora de Minerales (MINPECO), que terminaría monopolizando la venta al exterior del mineral y concentrados producidos por la gran minería en el Perú. Al año siguiente se creó Centromín Perú, para encargarse de la administración de las minas del corredor de la sierra central, la mayoría de ellas habían pertenecido a la expropiada Cerro de Pasco Corporation. La misma suerte correría Marcona Mining Company en Ica, que se convirtió en Hierro Perú. En la práctica, el Estado terminó controlando los recursos mineros y la refinación y comercialización de los metales. Todas estas acciones ahuyentaron a los inversionistas y las otrora grandes empresas mineras entraron en un largo, penoso y continuo proceso de deterioro, producto de una gestión antitécnica, de la falta de inversión, de mejoras tecnológicas, de mantenimiento y de acceso a repuestos. Pese al esfuerzo prometido a las pequeñas y medianas mineras nacionales, el excesivo marco regulatorio sectorial y económico terminaron asfixiándolas financieramente y conduciéndolas a crisis de las que pocas empresas de aquellas épocas se pudieron librar. Por ello, las décadas de los setenta y ochenta fueron las de la sobrevivencia del sector. � SOLO QUEDABA sobrevivir

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