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Miguel Cardozo: “Necesitamos que la conflictividad social sea abordada de forma estratégica”

De la conflictividad a la competitividad. En el Perú, la con­flic­ti­vi­dad social parece haberse natu­ra­li­zado, y más si es en torno a la mine­ría. Prueba de ello es la evi­dente falta de volun­tad para pre­ve­nir y abor­dar opor­tu­na­mente los con­flic­tos con efec­ti­vi­dad, sal­va­guar­dando la paz social y velando por la inte­gri­dad de las per­so­nas. Resulta lamen­ta­ble que en un país en vías de desa­rro­llo, como lo es nues­tro Perú, se vea con lige­reza que un grupo de per­so­nas incen­die pro­pie­dad pri­vada, que ape­dree a tra­ba­ja­do­res, que deje sin agua a toda una pobla­ción y que blo­quee carre­te­ras. Esto no es demo­cra­cia ni ins­ti­tu­cio­na­li­dad. Ello es sucum­bir ante la bar­ba­rie.

Es equi­vo­cada la pre­misa de las auto­ri­da­des seña­lando que, gra­cias a su estra­te­gia, “los con­flic­tos no han deri­vado en vio­len­cia”. Y yo me pre­gunto, ¿no fue vio­lenta la toma del reser­vo­rio Viña Blanca de Cua­jone? ¿No fue vio­lento incen­diar el cam­pa­mento minero de Los Chan­cas? ¿No fue vio­lenta la toma de la mina Las Bam­bas? Los tra­ba­ja­do­res mine­ros del país tam­bién tie­nen dere­chos y mere­cen un entorno seguro.

Los casos men­cio­na­dos no deben que­dar en la impu­ni­dad. Recha­za­mos el des­caro con la que gru­pos vio­len­tos de per­so­nas con­di­cio­nan, no solo a las empre­sas, sino al mismo Estado, a reti­rar las denun­cias en con­tra de los agre­so­res o poner fin a una situa­ción de “emer­gen­cia”, cuando esta es una medida nece­sa­ria para recu­pe­rar el orden público en las zonas de con­flicto.

Nece­si­ta­mos que la con­flic­ti­vi­dad social sea abor­dada de forma estra­té­gica; y para ello, se requie­ren pro­fe­sio­na­les con expe­rien­cia, con capa­ci­dad para gene­rar diá­lo­gos y con­sen­sos. Pro­fe­sio­na­les capa­ces de ante­po­ner sus cono­ci­mien­tos, por encima de las ideo­lo­gías y los ses­gos en con­tra de las acti­vi­da­des extrac­ti­vas. Sin ello, lejos de miti­gar los con­flic­tos, solo logra­re­mos sem­brar más pug­nas y divi­sio­nes.

RADICALIZACIÓN E INCERTIDUMBRE

Cabe seña­lar tam­bién que las accio­nes vio­len­tas en con­tra de la mine­ría se han radi­ca­li­zado. Hasta antes del 2021, no se habían iden­ti­fi­cado con­flic­tos donde los pro­ta­go­nis­tas hayan sabo­teado ope­ra­cio­nes mine­ras en pleno fun­cio­na­miento. Y las moti­va­cio­nes, expre­sa­das por los mis­mos mani­fes­tan­tes, han sido eco­nó­mi­cas. En el caso de Cua­jone, se demandó la suma de 5,000 millo­nes de dóla­res a cam­bio de levan­tar sus medi­das de fuerza. Un monto simi­lar al que busca recau­dar Nacio­nes Uni­das para aten­der a más de 23 millo­nes de afga­nos que sufren ham­bruna.

Y frente a este con­texto, está la incer­ti­dum­bre en torno a los nue­vos pro­yec­tos de inver­sión minera. Más allá de Que­lla­veco, valo­ri­zado en US$ 5,300 millo­nes, no tene­mos en agenda la puesta en ope­ra­ción de nue­vas minas de alta enver­ga­dura en el corto plazo. Yana­co­cha Sul­fu­ros (US$ 2,100 millo­nes) ha sido pos­ter­gado al 2025; en tanto, otros pro­yec­tos cuprí­fe­ros como Tía María (US$ 1,400 millo­nes), Cota­bam­bas (US$ 1,530 millo­nes) y Haquira (US$ 1,860 millo­nes) han sido pos­ter­ga­dos hacia el final de la década. Se trata de una pers­pec­tiva poco favo­ra­ble si con­si­de­ra­mos que la mine­ría es la única acti­vi­dad pro­duc­tiva que a la fecha nos abre las posi­bi­li­da­des de incre­men­tar con noto­rie­dad la inyec­ción de gran­des capi­ta­les en el Perú, fomen­tar la oferta labo­ral e impul­sar el comer­cio.

Con nues­tra car­tera de inver­sión minera, que actual­mente supera los US$ 53,000 millo­nes, las com­pras del sec­tor minero a los sec­to­res trans­porte, metal­me­cá­nica, tex­ti­le­ría, pro­duc­tos quí­mi­cos, entre otros, supe­ra­rían los $ US12,700 millo­nes en 2023 y aumen­ta­rían pro­gre­si­va­mente hasta los US$ 23,700 millo­nes al 2031, según lo demues­tra el estu­dio “Mine­ría: Opor­tu­ni­da­des de desa­rro­llo frente a la cri­sis nacio­nal”, pre­sen­tado en el marco de las con­fe­ren­cias Rumbo a Peru­min. Asi­mismo, reci­bi­ría­mos recur­sos fis­ca­les adi­cio­na­les por más de S/ 80,000 millo­nes hacia ese mismo año. Se trata de recur­sos indis­pen­sa­bles para el cie­rre de bre­chas en infraes­truc­tura y la cober­tura efi­ciente de ser­vi­cios fun­da­men­ta­les, como edu­ca­ción, salud, agua y sanea­miento, trans­por­tes, etc.

DEJAR MITOS DE LADO

Invo­ca­mos a las auto­ri­da­des a creer y con­fiar en su indus­tria minera. Hay que dejar de lado los mitos y los ses­gos en torno a la misma y apos­tar por una polí­tica minera de desa­rro­llo de largo plazo, bus­cando meca­nis­mos para que los recur­sos que genera nues­tra indus­tria sean dis­tri­bui­dos con mejor efec­ti­vi­dad y equi­dad. Trans­mi­ta­mos, ade­más, una ima­gen de país ami­ga­ble con las inver­sio­nes. Apro­ve­che­mos para ello las pla­ta­for­mas inter­na­cio­na­les como lo fue el Foro de Davos 2022, donde lamen­ta­ble­mente se des­per­di­ció una opor­tu­ni­dad de poner en vitrina nues­tro poten­cial; y lejos de ello, se dio un dis­curso nega­tivo y ambi­guo, que no hace jus­ti­cia a los tra­ba­ja­do­res mine­ros del país que, con talento y esfuerzo, han desa­rro­llado una mine­ría moderna y res­pon­sa­ble.

Este año, luego de un periodo de ausen­cia por la pan­de­mia, el Perú vol­verá a ser el cen­tro de la mine­ría en el mundo con el retorno de Peru­min. Espe­re­mos que en esta edi­ción 35 de la Con­ven­ción Minera poda­mos rei­vin­di­car, con la voz de nues­tras auto­ri­da­des, nues­tro sen­tido de orgu­llo de ser un país con una indus­tria minera de talla mun­dial.

“Invo­ca­mos a las auto­ri­da­des a creer y con­fiar en su indus­tria minera. Hay que dejar de lado los mitos y los ses­gos en torno a la misma y apos­tar por una polí­tica minera de desa­rro­llo de largo plazo”.

Fuente: Suplemento Minera

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