Libro La Tierra y sus minerales | Segunda edición

23 22 La Tierra y sus minerales —Esto es cobre —dijo Antay—, un metal fácil de moldear, con el que podremos fabricar los utensilios que necesitamos. Con las enseñanzas de su padre y la inteligencia de los chacareros, Antay creó forjas donde empezaron a fabricar los utensilios que la población necesitaba. Primero hicieron cosas básicas, como ollas para cocinar y tubos para conducir el agua desde los manantiales hasta las casas. Con el tiempo, al mejorar sus habilidades, desarrollaron láminas finas para adornar puertas o grabar direcciones, e incluso crearon finos hilos de cobre para artesanías. Más tarde, con la ciudad ya reconstruida y en pleno progreso, los pobladores hicieron un adorno de sillar y cobre para agradecer al Misti por haber enviado a Antay y regalarles los minerales. —Llévanos donde tu padre para agradecerle por su bondad y entregarle este obsequio de parte de todos —dijo uno de los chacareros más antiguos. —Los llevaré, aunque el camino es largo y peligroso —respondió Antay. Finalmente, un grupo de chacareros elegidos partió junto a Antay rumbo al Misti. Cuando llegaron, le dijeron: —Señor Misti, protector de la ciudad, gracias por enviar a Antay y enseñarnos el uso de los minerales y productos que nos brinda esta gran urbe —exclamaron emocionados, señalando desde lo alto al centro de la ciudad—. Esta hermosa catedral, hecha de sillar y cobre, es para ti, en señal de nuestro eterno agradecimiento. El Misti, conmovido, contestó: —Gracias, hijos míos, yo siempre los protegeré. Pero recuerden usar de forma correcta los minerales y recursos que les brindo, no contaminen el agua y no destruyan la campiña. Para que las futuras generaciones disfruten de la Tierra y de sus recursos, y para poder vivir felices y en armonía. Los pobladores regresaron a la ciudad, transmitieron el mensaje del Misti, y desde entonces vivieron felices bajo la protección del Misti y de Antay. Antay, el hijo del Misti

RkJQdWJsaXNoZXIy MTM0Mzk2