La Cerro de Pasco

118 119 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx un lado estaban las instalaciones de la empresa, cruzando el puente sobre el río Mantaro y, del otro, la ciudad organizada y urbanizada de acuerdo a las relaciones entre la empresa y el ciudadano. Por un lado las casas de los funcionarios e ingenieros, el personal más calificado y, por el otro, los obreros que, en su condición de empleados y ciudadanos, establecieron una relación intensa y pasional con la corporación, a la que le agradecían la posibilidad del trabajo y su propia subsistencia, pero a la que también le exigían condiciones que, en cualquier otro contexto, habrían sido de responsabilidad del Estado. Es en esas circunstancias que empiezan las fricciones y el cuestionamiento al concepto de autonomía de la Copper, que se sostenía como una economía de enclave, pues administraba en conjunto el sustento productivo de la ciudad, llámese el servicio eléctrico y el transporte, por lo que era capaz de determinar las condiciones del mercado local e intermediar en las relaciones de la vida cotidiana de la población en temas como seguridad, educación, sanidad, ornato, etc. La proximidad de la ciudad con la fundición, ubicada dentro de ese cañón que es determinado por el curso del río, propició que se le encomendara en 1924 al Cuerpo de Ingenieros de Minas del Perú un informe técnico, el mismo que dos años después se entregó con la firma del ingeniero José Julián Bravo y bajo el título de Informe sobre los humos de La Oroya. Otros estudios serios relacionados al problema de la contaminación en la zona recién se publicarían a fines de 1998, cuando la preocupación ambiental se hizo más patente alrededor del planeta y quince años después de que se estatizara el conglomerado norteamericano. Recién desde entonces, la evidencia científica sobre el problema resulta inobjetable. Entre las conclusiones del informe del ingeniero Bravo, se señalaba la presencia de plomo y arsénico de manera apreciable en los pastos y en los suelos, que producían enfermedades en el ganado. Y, por otro lado, puntualizaba que la empresa no poseía ninguna tecnología que atenuara la contaminación generada por las emisiones. En esa medida, el informe Bravo recomendó implementar una novísima solución que no solo le permitiría a la empresa retener las partículas dañinas de sus emisiones de humo sino que, con el polvo de mineral recuperado, la compañía podría lograr cierta rentabilidad, lo que además convertía a la instalación del sistema Cottrell en una inversión provechosa. Según anota en su contextualización histórica Fernando Bravo Alarcón, en su libro El pacto fáustico de La Oroya, que se centra en el problema ambiental que arrastra en el presente siglo Doe Run Perú, última propietaria de la Fundición, en la segunda mitad de los años veinte: “La CPC tomó nota de las conclusiones del informe, y los políticos lo fueron complementando con leyes de reparación de daños o de compra de tierras, que culminaron a los pocos años en la conformación de un complejo no solamente metalúrgico, sino agrícola y ganadero, donde se realizaban labores experimentales y genéticas para la mejora del ganado y de productos lácteos”. La chimenea Cottrell Luego del informe del ingeniero José Julián Bravo, emitido en 1926, la empresa se preparó para cumplir con sus recomendaciones y buscó adecuarse al mismo. Sin embargo, la reciente inversión para la construcción, implementación y puesta en marcha del gran complejo metalúrgico había dejado a la empresa en una situación financiera vulnerable, por lo que tuvo que postergar esa millonaria apuesta. La situación se vio agravada con la crisis global de los siguientes años, que no se resolvería hasta 1934. Es así que recién en 1937 la Copper inicia la construcción del Cottrell Central para el tratamiento de los humos de la fundición. La empresa Custodis Construction Co. se encargó de este proyecto, cuya finalidad era limpiar el aire de los efectos nocivos del humo y recuperar el valioso polvo metálico que se escapaba por las antiguas LOS OBREROS Y CIUDADANOS DE LA OROYA, ESTABLECIERON UNA RELACIÓN PASIONAL CON LA CORPORACIÓN, A LA QUE LE AGRADECÍAN EL TRABAJO, PERO TAMBIÉN LE EXIGÍAN CONDICIONES QUE ERAN SOLO DE RESPONSABILIDAD DEL ESTADO.

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