PASCO CERRO LA DE La mayor inversión del siglo XX Mario Sifuentes Briceño
ÍNDICE 01 05 02 06 03 07 04 204 Bibliografía 206 Créditos Fotográficos 208 Agradecimientos 06 Minería: Nuestra Mejor Carta 08 El Cerro de Plata 10 La Tierra Bendita 32 La Puesta en Marcha 34 Circuito Cerrado 58 La Expansión 60 Tiempo para Crecer 82 La Oroya 84 La Clave del Negocio 108 La Gran Depresión 110 Una Crisis Importada 136 La Explosión 138 Crisis y Apogeo 172 Avalancha Populista 174 El Acoso y su Respuesta La Cerro De Pasco La mayor inversión del siglo XX Autor: Mario Sifuentes Briceño Editado por: © Corporación Ludens Comunicaciones S.A.C. para su sello Editorial Ludens. Calle Alcanfores 1246, Of. 402 – Miraflores. Lima – Perú. Primera edición: Setiembre 2017 Tiraje primera edición: 300 ejemplares Edición general: Ludens Comunicaciones Coordinación y mentoría: Ing. Celso Sotomarino Autor: Mario Sifuentes Briceño Investigación histórica: Mario Sifuentes y Daniel Goya Edición e investigación fotográfica: Editorial Rayo Verde · Cecilia Durand / Marcela Delgado. Retoque fotográfico: Julio Basilio Diseño y diagramación: Ludens Comunicaciones · Maye León / Fiorella Rivero Infografía: Martín Arias Foto de sobrecubierta: Archivo Fotográfico Walter O. Runcie/AFWOR. Foto de carátula: Pontificia Universidad Católica del Perú/Sistema de Bibliotecas. Todos los derechos reservados. Se prohibe la reproducción parcial o total de esta obra, a través de medios mecánicos o electrónicos, sin la autorización escrita del autor. Este libro ha sido publicado gracias al apoyo del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú - IIMP, y se presentó en el marco de la Convención Minera - Perumín 33, bajo la presidencia de doña Eva Arias Vargas. Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú No. 2017–11700 Se terminó de imprimir en setiembre del 2017 en: Preprensa e impresión Gráfica Biblos S.A. Jirón Morococha 152, Surquillo. Lima – Perú.
6 7 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx MINERÍA NUESTRA MEJOR CARTA introducción capacitando a su personal más talentoso en las mejores universidades del mundo y facilitando escuelas y servicios médicos de primera calidad, entre otros. La Cerro ha sido motivo de investigaciones desde distintos puntos de vista, generalmente ligados a la contaminación, a temas de índole laboral y a las ciencias sociales. No pocas, hay que decirlo, inflamadas por la pasión ideológica y reivindicatoria de una época anterior. Pero no es intención de esta publicación afirmar o negar lo actuado. Más bien queremos aportar un punto de vista complementario, valioso como los otros, y enfocado en una visión empresarial y en el impacto positivo que también produjo una inversión de esta magnitud en el Perú. Hemos accedido a documentos, a testimonios de ex trabajadores y a un material fotográfico de altísima calidad para contar esta historia apasionante que, esperamos, aportará también a la comprensión de ese Perú que sigue creciendo dramáticamente pese a sus conflictos no resueltos. Cincuenta años después de la nacionalización de la compañía, cuando ya hemos entendido la importancia de las inversiones para el desarrollo del país, tenemos distancia suficiente para mirar hacia atrás, aprender y plantearnos un futuro mejor. Actualmente, Perú es el segundo productor de cobre más importante en el mundo, está entre los tres países con mayores reservas a nivel global y puede duplicar su producción en las próximas décadas, cuando se proyecta una demanda constante para el más amable conductor de electricidad por la dinamización de la industria de las energías renovables y de los autos eléctricos. Este mineral dócil, maleable, resistente, que ha estado ligado intrínsecamente a nuestra cultura desde los tiempos pre incas, se convierte en nuestra mejor carta para derrotar a la pobreza. Hoy ya hemos aprendido. No podemos perder una nueva oportunidad. Ahora sí tenemos que hacer realidad el justo sueño del pleno desarrollo. � Cuando en 1902 la Cerro de Pasco Corporation se instaló en la sierra central, trajo consigo la semilla de lo que sería la mayor inversión del siglo XX en el Perú, una de dimensiones jamás vista en Sudamérica y la más importante de la minería norteamericana fuera de los Estados Unidos. La compañía arribó con sus motores eléctricos y equipos mecanizados a un país semifeudal y centralizado, en el que el campesino no tenía derecho a la propiedad, donde no existían leyes laborales ni conciencia ecológica y a regiones donde la presencia del Estado era tan precaria como los caminos que las conectaban con la capital. Hasta entonces, el Perú no se había curado de las heridas de la Guerra del Pacífico. En los 72 años de su presencia en el Perú, el crecimiento de la Cerro de Pasco estuvo estrechamente vinculado al desarrollo del corredor minero de la sierra central y del país. Durante décadas fue la empresa que más invirtió y tributó en territorio nacional y la mayor empleadora después del Estado. Además, le aportó a los sectores minero y metalúrgico un modelo de trabajo basado en cuatro principios fundamentales: disciplina, investigación, eficiencia y meritocracia. A esa zona alejada del altiplano central llegaron los más destacados ingenieros, geólogos y metalurgistas del mundo, estableciendo las bases de una reputación incuestionable entre los profesionales peruanos ligados a la minería: “La Cerro fue una verdadera escuela”. En ese contexto, donde no había posibilidad de acceder a servicios e insumos de dimensión industrial, la corporación actuó bajo un concepto básico: el de la autonomía. Por sus propios medios se aseguró la energía construyendo más de media docena de hidroeléctricas; el transporte habilitando cientos de kilómetros de vías férreas y caminos; los insumos invirtiendo capital semilla en plantas industriales que le garantizaran calidad; el alimento de sus empleados cultivando pastizales y criando ganado superior; el óptimo rendimiento
8 9 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Una villa tranquila y cosmopolita era Cerro de Pasco a inicios del siglo XX, en la que convivían la actividad minera y la ganadería. Primera década del siglo XX. EL CERRO DE PLATA u · n · o
10 11 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx BENDITA Desde tiempos inmemoriales era conocido que los tinyahuarco –tribu preínca que le dio el nombre a uno de los tres distritos de Pasco– eran hábiles y diligentes en el trabajo de la plata, primitivos y excelsos orfebres que vieron interrumpido su proceso histórico y estilo de vida con la abrupta llegada de los españoles. El principal asentamiento de los tinyahuarco fue el centro poblado de Colquijirca que, en quechua deriva de las palabras “golque” o plata y “jirca”, cerro. Cerro de plata. Un nombre que le hacía honor a esa región de geología volcánica. Existen crónicas de los primeros españoles en el Nuevo Continente que subrayan la abundancia de minerales en esta zona, como la de Miguel Astete quien, en 1533, mientras se encontraba en una misión exploratoria en busca de vetas minerales, se cruzó con una tropa de indios que transportaba cientos de arrobas de plata fina y de oro, cuyo destino era pagar el rescate del Inca Atahualpa preso en Cajamarca. Un tiempo más tarde, Cerro de Pasco se convirtió en la capital de la provincia de Pasco, ubicada en la meseta del Bombón, una de las zonas altiplánicas de la Cordillera de Los Andes que se eleva a una altura de 4,380 msnm. en la zona de Yanacancha. Desde tiempos previos a la Colonia, esta región inclemente por su clima y geografía se caracterizó por sus generosos yacimientos de plata, cobre, zinc y plomo. Esa riqueza propició que se formaran los primeros atisbos de un pueblo minero a fines del siglo XVI. Según publicara la revista institucional El Serrano, de la Cerro de Pasco Corporation, esta región ya era famosa por su potencial minero desde la llegada del quinto virrey al Perú, don Juan Antonio de Mendoza, Marqués de Villagarcía. En 1736 Cerro de Pasco ya deslumbraba por la aparición de boyas de plata, metales beneficiados por lixiviación y transportados a todas las haciendas convertidos en “plata piña”, poniendo en evidencia que se trataba de una riqueza mineral comparable a la de las minas de México y de Potosí, en Bolivia. Si bien en los años posteriores a la Independencia el aparato productivo nacional se concentró en la extracción del guano, una suerte de pequeña minería con métodos artesanales de explotación se desarrolló en distintas regiones del país. Ya entonces Cerro de Pasco producía el 65% de las existencias de plata en el Perú. Por ejemplo, en esa zona se podían contar “120 haciendas y 316 ingenios de moler metal, que se organizaron sucesivamente en los años siguientes en todos los alrededores de la ciudad hasta 15 kilómetros a la redonda”, subraya nuevamente El Serrano. Con ese movimiento de minerales, una de las principales inversiones en la zona fue el Ferrocarril Mineral de Pasco, que fuera aprobado el 17 de diciembre de 1864, durante el gobierno de Juan Antonio Pezet. Como cuenta el escritor e historiador cerreño, César Pérez Arauco, el primer ferrocarril de la sierra –oficialmente reconocido– fue construido por la Cerro de Pasco Railway Co. y realizó su primer viaje recién en 1869. Ese ferrocarril “unía a nuestra ciudad con las haciendas minerales de Occoroyoc, Quiulacocha, Tambillo y Sacra Familia… Todos los implementos y maquinaria del ferrocarril fueron llevados a lomo de mula y carretas por la ruta de Canta y fueron ensambladas in situ. Su recorrido total era de 13 kilómetros con una trocha de 1,076 metros”. LA TIERRA Cerro de Pasco había atraído siempre a mineros nacionales y extranjeros en busca de fortuna, pero la llegada de la Cerro de Pasco Corporation establecería una dinámica y dimensión que jamás se había experimentado en algún rincón nacional.
12 13 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Casi el único testimonio de aquella primera inversión ferroviaria en la región es una medalla conmemorativa que se lanzó en el día de su inauguración, según deja constancia la revista institucional de la Cerro de Pasco en la celebración del centenario: “Una medalla de plata de sus propias minas de tres y medio centímetros, en que aparecen en alto relieve una locomotora al pie de unos cerros elevados con nieve en sus cumbres y, en rededor la siguiente inscripción: Ferrocarril Mineral de Pasco – Contratistas Wyman y Harrison; y en el reverso: Se inauguró la obra el 19 de junio de 1869, siendo presidente de la República el Excelentísimo Señor Coronel don José Balta y Prefecto del Departamento de Junín, el señor Coronel don Bernardo Bermúdez”. En ese tiempo, ya las viviendas se superponían a las bocaminas y se asentaban alrededor o sobre los socavones desde los que se atacaban las vetas de plata, ubicadas en el sótano del casco urbano. Los trabajos se hacían con tal precariedad que los accidentes, los derrumbes y los hundimientos eran muy frecuentes. Prácticamente eran desatendidas todas las medidas preventivas. Incluso en las haciendas minerales, como se les llamaba a los molinos, la costumbre era procesar la roca mezclándola con mercurio en procura de la plata. Mientras estuvo activo, el Ferrocarril Mineral de Pasco ubicó su edificio principal en la Hacienda La Esperanza, donde se concentraban la plata y los pocos pasajeros que se trasladaban entre esas minas, pues la carga halada por locomotoras Maning Wardle era casi exclusivamente para el producto. Siendo que este ferrocarril nunca tuvo una conexión con la costa, a don Enrique Meiggs, polémico empresario ferrocarrilero, que ya había entregado el tren de Arequipa a Mollendo y avanzado 140 kilómetros –de los 224 pactados– que unirían el Callao y La Oroya, le resultó interesante comprarlo con la esperanza de conectarlo en el futuro con el que venía desde el Callao. Pero Meiggs nunca lograría cumplir con ese sueño, pues antes se le atravesaría la muerte. Es así que la concesión revirtió al Estado y este la cedió a la inglesa Peruvian Corporation como parte del acuerdo –junto con la explotación del guano y la concesión de todos los ferrocarriles del país– a cambio del pago de la cuantiosa deuda externa peruana. La Peruvian se había fundado teniendo como socios principales a los tenedores de bonos de la deuda externa nacional del llamado Contrato Grace, por el liderazgo y representación del menor de los hermanos, Michael Grace. La Guerra con Chile se había convertido en un punto de inflexión. Un parteaguas que dejó un país prácticamente en la anarquía luego de cuatro años de conflicto y ocupación. Más allá de la pérdida de vidas y talentos, la población peruana se sumió en una profunda rémora depresiva, en una quiebra espiritual y psicológica. Incluida su clase dirigente. Los chilenos se apoderaron de los territorios de Tarapacá, en Perú, y Antofagasta, en Bolivia, muy valiosos ambos por las perspectivas del salitre como abono en otras partes del mundo. En realidad, la posesión de esos territorios y su riqueza había sido la motivación original para el inicio de la guerra. La posterior ocupación de casi la totalidad del territorio peruano, trajo consigo el saqueo científico, de obras de arte y de libros valiosísimos, considerados como botín de guerra por el invasor. Luego de la retirada sureña, el Perú había quedado a la deriva, como un bergantín sin velas en aguas tormentosas, prácticamente ahogado en un mar de deudas, obligado a pagar cupos e impuestos en favor de Chile, con una moneda devaluada y una escasez de divisas tal, que la ruina financiera nos cerró todo acceso al crédito externo. Por si fuera poco, todo el aparato productivo nacional había quedado devastado por la destrucción de haciendas, puertos, flota naval y mercante, el incendio de haciendas azucareras y algodoneras, la voladura de industrias y de todas las vías férreas. Para colmo, por entonces el guano fue sustituido como principal fertilizante en los campos europeos –antiguos y asiduos compradores del producto– por nuevos abonos químicos y una derivación del salitre mismo. Incluso en Cerro de Pasco la vía del tren mineral quedó totalmente destruida, lo que produjo un gran impacto en la producción minera de la región. “Cerro de Pasco Mining Company es el nombre del Sindicato yanqui representado en este asiento por el señor James Mac Farlane que en breve dará principio a los trabajos de explotación en este tradicional emporio de riquezas. Han llegado varios empleados americanos que han hecho el viaje en carretas tiradas por dos parejas de mulas cada una. Ayer llegó el primer convoy de carretas conduciendo equipajes y madera”. El Minero Ilustrado, 1 de febrero de 1902 Monedas conmemorativas de plata que celebran la inauguración y puesta en funcionamiento del ferrocarril de Cerro de Pasco.
14 15 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Una de las primeras propiedades adquiridas por la corporación fue la Hacienda La Esperanza, adonde asentó su original centro de operaciones.
16 17 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx izquierda– Hasta la llegada de la Cerro, las labores mineras se hacían de forma artesanal y, muchas veces, en la superficie. Derecha– Ingeniero con vestimenta y equipo de la época en los primeros años de la compañía en territorio nacional. La reconstrucción nacional Luego de esa parálisis, una de las primeras estrategias del gobierno de don Remigio Morales Bermúdez, tres meses después de iniciado su mandato, fue la de estimular el desarrollo de la minería dotándola de un marco legal que promoviera la explotación de nuestros recursos. Con ese propósito, el 8 de noviembre de 1890 se exoneró a la industria minera, mediante ley y por los siguientes 25 años, de todo tributo, salvo por la contribución, canon o patente de minería, vigente desde el 12 de enero de 1877, y que refería a la vigencia o caducidad de la propiedad. De esta forma el gobierno se decidió por estimular la inversión en el sector y con ello darle un impulso importante a la recuperación del país. Desde entonces, históricamente, la minería ha sido protagónica en los proyectos de recuperación, salud económica y desarrollo nacional. En esa misma línea, fue fundamental también que en 1893 se pusiera en operación el Ferrocarril Central Andino, que unía el Callao, Lima y La Oroya, un despoblado cruce de caminos a 222 kilómetros del mar y, prácticamente, a una distancia equidistante entre Huancayo y Cerro de Pasco. La construcción y la puesta en marcha de ese anhelado ferrocarril extendió hasta esas tierras altas las promesa de modernidad y desarrollo de una manera asombrosa para la ingeniería de aquella época. En virtud a la caprichosa geografía que debía sortear la vía férrea, este tren fue considerado desde su concepción como una proeza. Solo el tramo entre Matucana y Ticlio tiene 61 puentes, zig–zags, tornamesas y 65 túneles, entre ellos el de Galera, de 1,177 metros de extensión. Este puente atraviesa el monte Meiggs a la altura de Huarochirí, apenas pasando Ticlio, y alcanza en su interior los 4,782 msnm, lo que lo convirtió por décadas en el túnel más alto del mundo. En conjunto, aún en estos días, la obra pareciera haber sido hecha por titanes. Pero algunos otros hechos contribuirían por igual a la consolidación futura del sector minero. Por ejemplo, la creación de la Escuela de Ingenieros. El nombre inicial de esta emblemática universidad fue “Escuela de constructores civiles y de minas de Lima” y fue fundada por el ingeniero polaco Eduardo de Habich en 1876. En ese entonces el Perú fuera de Lima era lo más parecido a una villa y los tiempos exigían la construcción de puentes, carreteras, ferrocarriles y nuevos métodos y tecnologías para hacer más eficiente la extracción minera, con el fin de modernizar y hacer posible la industrialización del país. Obviamente el promotor de todos esos esfuerzos era un Estado acostumbrado a contratar empresas e ingenieros extranjeros para la construcción de la gran infraestructura y, acaso, a algunos nacionales con estudios en el exterior. Pese a haber iniciado las clases algunos días antes, la Escuela se inauguró oficialmente el 23 de julio en la Casona de San Marcos. Casi 80 años más tarde, esa escuela que aportó profesionales de primer nivel durante el siglo XX –y lo sigue haciendo– pasaría a llamarse Universidad Nacional de Ingeniería, hoy conocida como la UNI.
18 19 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Otro de los hechos que servirían de plataforma para impulsar el despegue de la minería antes del cambio de siglo fue la creación, el 22 de mayo de 1896, de la Sociedad Nacional de Minería, que fuera reconocida en esa fecha con un Decreto Supremo del gobierno de Nicolás de Piérola. El gremio nació de la escisión de la antigua Sociedad de Agricultura y Minería en tres sociedades diferentes: de Minería, de Agricultura y de Industrias. En la primera directiva acompañaron al presidente Elías Malpartida (Cerro de Pasco), don Federico Gildemeister (Huancavelica), Jacobo Backus (Casapalca–Lima), Herman Gaffron (Huaraz), Alejandro Garland como coordinador de las relaciones con el gobierno y Eduardo de Habich como director de la Escuela de Ingenieros. Ese mismo año se creó el Ministerio de Fomento y Obras Públicas, encabezado por el liberal Eduardo López de Romaña, un ingeniero especializado en la construcción de puentes de ferrocarril con estudios en Inglaterra. El propósito de este ministerio fue el de reactivar las inversiones en minería, agricultura, industria y otros sectores productivos. Uno de los primeros encargos de este flamante ministerio a la Sociedad Nacional de Minería fue la elaboración de un proyecto de Código de Minería que ordenara y le diera coherencia a la normatividad sobre el sector que entonces aparecía dispersa. Menos de un año después, en enero de 1897, la Sociedad presentó oficialmente el proyecto que, luego de pasar por una serie de revisiones, sería aprobado en 1900 para entrar en vigencia al año siguiente. En resumen, el Código de Minería establecía, de manera clara y sencilla, que la propiedad minera legalmente adquirida era irrevocable y perpetua, tal como sucedía con cualquier otra propiedad. El único impuesto que debía pagarse era de treinta soles al año para asegurar el derecho a la pertenencia. Este nuevo marco legal promovió en distintas zonas del país y especialmente en Cerro de Pasco, la inversión extranjera y desencadenó una búsqueda encarnizada de nuevas vetas y denuncios ante la inminente llegada del capital LA PUESTA EN MARCHA DE ESE ANHELADO FERROCARRIL EXTENDIÓ HASTA ESAS TIERRAS ALTAS LA PROMESA DE MODERNIDAD Y DESARROLLO DE UNA MANERA ASOMBROSA PARA LA INGENIERÍA DE AQUELLA ÉPOCA. arriba– Los ferrocarriles Lima–La Oroya–Cerro de Pasco fueron esenciales para el nuevo despertar minero de la sierra central. Derecha– Vista de Casapalca desde la vía férrea en la segunda década del siglo anterior.
20 21 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx foráneo, que se anunciaba como paso inequívoco hacia la modernización de la minería y a una progresiva desnacionalización de la actividad. Otro detalle técnico resultó fundamental para dinamizar la reactivación minera en Cerro de Pasco. Desde 1865 muchas de las minas de la región habían quedado inundadas, por lo que se hacía imposible su explotación. Es por ello que en 1900, ahora como presidente electo de la República, Eduardo López de Romaña suscribió un contrato con la Empresa Socavonera del Cerro de Pasco, que se había comprometido a desaguar esas propiedades mineras mediante la construcción de un túnel. En el directorio de esta empresa se encontraban connotados mineros nacionales de aquella época, como don Baldomero y Ramón Aspíllaga, Juan e Isaac Alzamora, José Payán, Roberto Pflucker, Ismael de la Quintana y Manuel Ortiz de Zevallos, entre otros. Este era el último bastión local que atentaba contra el propósito de la corporación de tener el control hegemónico de toda aquella zona, pues el gobierno les reconocía esa propiedad. La negociación fue dura y la Cerro finalmente aceptó comprar todas las propiedades y activos mineros de la Socavonera a cambio de tres millones de dólares en acciones de su propia empresa, el triple de lo que los nacionales habían invertido. El destino de Colquijirca Luego de sucesivos trabajos y exploraciones desde la época de la Colonia, la mina de Colquijirca había terminado como propiedad del ciudadano español Manuel Clotet, que la cedería en 1884 a su yerno, don Eulogio Fernandini, una reconocida personalidad en todo Pasco y en la sierra central. Don Eulogio tenía una disciplina germana para el trabajo, pues la había adquirido entre Alemania y Austria, adonde llegó en la adolescencia para afrontar una grave infección intestinal. A los 22 años regresó al Perú y se empleó en las minas de los hermanos Gallo, donde logró acumular un pequeño patrimonio. Unos años más tarde se casaría con Isolina Clotet, hija de don Manuel, y desde entonces se haría cargo de las minas de Colquijirca, a las que conduciría con tenacidad hacia su máximo esplendor. Los trabajos en la mina empezaron en 1886, pero trece años le tomó encontrar la famosa veta de plata, plomo y zinc que le seguiría dando prestigio minero a esa zona. Posteriormente, construyó la fundición de Huaraucaca en 1889, la segunda más importante del país después de la de Casapalca, entonces de propiedad de la sociedad Backus & Johnston. A esas obras, junto con su entrañable amigo Antenor Rizo Patrón, sumó la instalación de dos plantas eléctricas que aprovecharon el represamiento de la laguna Punrún. Pero sus intereses no se limitaron a la minería. También fue un exitoso ganadero y agricultor, pues llegó a contar con 200,000 ovejas y varios predios para el cultivo de azúcar y algodón en los valles de la costa, especialmente en las haciendas Comas y Pro ubicadas en Lima. A esas alturas, Cerro de Pasco era ya una de las ciudades más cosmopolitas del país. En 1872 ya se había abierto una oficina del Banco de Perú y Londres, que trabajaba a la par con los doce viceconsulados instalados en las estrechas calles de la ciudad, como los del Imperio Austro–Húngaro, la Agencia Consular del Reino de Italia, la de España, Inglaterra, Estados Unidos, Francia y el Consulado Sardo, en representación del Reino de Cerdeña, isla que hoy es parte de Italia. Todos eran celosos guardianes y promotores de pequeñas inversiones de italianos, alemanes, ingleses, españoles, serbios, franceses, griegos, entre otros; atraídos de oídas por la histórica riqueza mineral. A los españoles de la Colonia le siguieron otros emprendedores europeos, destacándose la inversión de procedencia inglesa. Recién al cambio de siglo con la irrupción de la Cerro de Pasco Corporation, de la International Petroleum Company y como efecto de la Primera Guerra Mundial, ese predominio británico estaría por cambiar en el Perú. Justo apenas entrado el siglo XX el izquierda– Una de las primeras concentradoras instaladas en Cerro de Pasco, poco tiempo antes de la llegada de la corporación. Derecha– Personal de confianza de Don Eulogio Fernandini en Colquijirca, frente a la casa administrativa de la Negociación que llevaba su nombre.
22 23 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx diario El Minero, de la sierra central, señalaba: “Se ve ya la llegada de la gran industria minera con la presencia de numerosos ingenieros norteamericanos. Esto no viene sino a corroborar que los ‘yanquis’ se han hecho dueños de la ciudad, porque de las 522 minas empadronadas, ya se han vendido las 360 más importantes”. Más adelante, el 3 de octubre de 1901, el mismo diario publicaba: “James McFarland, de nacionalidad norteamericana, se ha presentado ante el juzgado que despacha el Dr. Estanislao Solís, denunciando unos terrenos vacos situados en los alrededores de la ciudad y en los pastos de la Hacienda Paria con una extensión de 640,000 metros cuadrados, con los siguientes linderos: por el norte, las pampas de San Judas y Pampaseca; por el sur, el camino que conduce al caserío de Quiulacocha; por el este, la estación de ferrocarril; y, por el oeste, la laguna de Quiulacocha”. La fundación de la Cerro Cuando Alfred McCune y James Ben Ali Haggin convocaron a los hombres de negocios más poderosos de las costas este y oeste de los Estados Unidos, ya habían reunido tanta información y diseñado un proyecto tan detallado que estaban convencidos de que Cerro de Pasco sería el emprendimiento de sus vidas. A la cena de presentación de la propuesta en Nueva York asistieron personalidades como Jean Pierpont “JP” Morgan, Henry Clay Frick, Darius Odgen Mills, Michael P. Grace, Hamilton McKwon Twombly – que representaba los intereses de la familia Vanderbilt– y la viuda heredera de un ex socio, Phoebe Hearst. Haggin era un abogado devenido en hacendado, proveniente de ancestros turcos y de una aristócrata familia de Kentucky. Se hizo célebre cuando recibió como pago de uno de sus clientes el Rancho del Paso, una excelsa propiedad especializada en la crianza de caballos de carrera ubicada cerca de Sacramento, la capital de California, que a mitad del siglo XIX se había convertido en un Personajes de distintas partes del mundo, atraídos por la riqueza mineral, se adaptaron a las inclementes condiciones de Cerro de Pasco sin dejar de lado las costumbres de sus países de origen. CUANDO ALFRED MCCUNE Y JAMES ALI HAGGIN CONVOCARON A LOS HOMBRES DE NEGOCIOS MÁS PODEROSOS DE LAS COSTAS ESTE Y OESTE DE LOS ESTADOS UNIDOS... ESTABAN CONVENCIDOS DE QUE ÉSTE SERÍA EL EMPRENDIMIENTO DE SUS VIDAS.
24 25 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx una tierra tan lejana como el Perú. Cuatro años después fallecería Hearst sin posibilidad de ver madurar el proyecto. El año anterior a la cena en Nueva York, en julio de 1901, McCune había viajado con su familia por varios meses al Perú para reconocer el territorio y con la intención de comprar directamente las principales haciendas mineras y prospectos de Cerro de Pasco. Toda la información básica le había sido proporcionada por James McFarlane, un ingeniero minero que actuó como “adelantado” en varias oportunidades durante catorce años, evaluando el potencial de la sierra central a la espera del momento ideal para hacer la inversión. Pero su visita de 1901, para corroborar esos primeros informes, sería sustancial para convencer a esos grandes inversionistas, tanto como los estudios sobre la geografía y el potencial minero que habían desarrollado en la zona otros estudiosos como el ingeniero inglés Richard Trevithick, en 1822, y, por otro lado, Mariano Eduardo de Rivero en 1828, Alejandro Babinski en 1876, Maurice du Chatenet en 1879, Antonio Raimondi en 1885, el ingeniero norteamericano A.D. Hodges en 1888, Ricardo García Rosell en 1892 y Pedro C. Venturo en 1898. Si bien históricamente ya se conocía que esta era una región muy rica en plata, todas estas monografías coincidían en que también había presencia de ingentes cantidades de cobre y carbón. Por ello Haggin y McCune sentían que su paciencia había rendido frutos. Desde los inicios de su exploración se empezaban a manifestar las mejores condiciones para intervenir. El ferrocarril del Callao a La Oroya se había terminado en 1893, restando apenas unos cuantos kilómetros para su acceso al territorio minero. Por otro lado, en Europa y en Estados Unidos se masificaban la electricidad y los tendidos eléctricos públicos y privados, los tranvías, la fabricación de generadores y circuitos, la construcción de centrales eléctricas, entre otros, lo que elevaría por décadas la demanda del cobre. Tal fue el impacto que de 40 libras, como se cotizaba la destino añorado para los aventureros y buscafortunas atraídos por la llamada fiebre del oro. Justamente Sacramento había sido fundada por el inmigrante suizo John Sutter, en cuyos predios se encontró el preciado metal poco tiempo después de que aparecieran las primeras pepitas de oro en el American River de Coloma. El destacado minero George Hearst fue uno de los pocos que hizo gran fortuna después de arribar en 1849 a Sutter’s Mill. Él había hecho la travesía a California tras la muerte de su padre y compartía con Haggin la afición por la crianza de pura sangres, tanto que era propietario del Rancho Piedra Blanca, ubicado en la localidad de San Simeon. A Piedra Blanca le fue anexando otros ranchos y en ese predio construyó el Hearst Castle, que sirvió de referencia para la famosa película El ciudadano Kane, pues la historia del personaje protagónico, Charles Foster Kane, estuvo basada en la vida del único hijo de Hearst, William Randolph, quien fundaría años después el imperio mediático de su familia a partir del periódico San Francisco Examiner. Orson Welles le daría magistralmente vida a ese personaje. La amistad entre ambos magnates devino naturalmente en la creación de la empresa Hearst, Haggin, Tevis & Co., en la que terció un viejo socio de James B. Ali, Lloyd Tevis. Para entonces, Hearst ya ostentaba la reputación de ser el más reconocido experto en prospección minera de la costa del Pacífico y un gran modernizador de la minería de cuarzo y otros minerales. En poco tiempo, esta compañía se convertiría en el más grande emprendimiento minero de los Estados Unidos. Por otro lado, Alfred McCune era de origen indio, constructor de ferrocarriles, propietario de negocios de retail, con inversiones en minería y, como buen mormón, se había establecido en Salt Lake City, Utah, convirtiéndose en el primer multimillonario de ese joven estado. En 1887 acordó formar una sociedad con Haggin para explorar la posibilidad de explotar el mineral de La fiebre del oro en California desató una oleada migratoria y fue el impulso inicial de fortunas como la de George Hearst, cuya reputación era la de ser el mayor experto en prospección minera de la costa del Pacífico. EN 1887 HAGGIN Y MCCUNE ACORDARON FORMAR UNA SOCIEDAD CON HEARST PARA EXPLORAR LA POSIBILIDAD DE EXPLOTAR EL MINERAL DE UNA TIERRA TAN LEJANA COMO EL PERÚ. HEARST FALLECERÍA CUATRO AÑOS DESPUÉS SIN VER MADURAR EL PROYECTO.
26 27 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Pero lo más destacable en el diseño de Haggin y McCune no era que habían reunido a los hombres más poderosos de la gran nación del norte, sino que su participación aseguraba la cobertura estratégica de las necesidades más complejas que requerían solución. Haggin y McCune eran los expertos en exploración, operación y desarrollo de tecnología minera; el propio McCune, McKwon Twombly y JP Morgan eran dueños de las principales líneas de ferrocarriles de ese país; Henry Clay Frick, socio de Andrew Carnegie, tenía la fábrica más grande y eficiente en la producción de acero y en la transformación del carbón como insumo energético; J.P. Morgan ya era una eminencia financiera y gran jugador en distintas latitudes del mundo, lo mismo que Darius Odgen Mills, entonces el banquero más acaudalado de California y que, desde joven, tenía un conocimiento pleno del negocio minero. Era un grupo prácticamente inexpugnable y que, desde el origen, sentó en esa sociedad las bases de la filosofía que guiaría hasta el final los destinos de la Cerro de Pasco Investment Company: la autosostenibilidad y la autonomía. La partida de nacimiento de esta sociedad quedaría sellada con su registro oficial el 6 de junio de 1902, aunque las labores de construcción y explotación empezaron en febrero de ese mismo año en nuestra sierra central. De esa manera, tardía y abruptamente, el Perú ingresaría de lleno a la era industrial, durante un periodo caracterizado por la rauda expansión del capitalismo a nivel global. � tonelada en 1893, se elevó a 73 en solo seis años. McCune y Haggin, afilados hombres de negocios, tenían claro que con un mineral precioso como la plata podrían pagar la operación y que la explotación del cobre les generaría pura ganancia cuando empezara a intensificarse su demanda. El clima político también era ideal. En 1899 había asumido la presidencia Eduardo López de Romaña, un liberal muy proclive a la inversión extranjera, empresario educado en Londres como especialista en la construcción de puentes para vías férreas, y que tenía en mente darle un fuerte impulso a los sectores productivos del país, especialmente a la agricultura, a la industria y a la minería. Para promover esta última ya se estaba preparando un Código de Minería, conocido como el de 1900, pero que se proclamaría recién al año siguiente. Entre las novedades, la nueva norma declaraba que la propiedad minera legalmente adquirida era irrevocable y perpetua, con la única condición de que se cumpliese con el pago del canon. De la misma manera, las maquinarias, herramientas e insumos para el desarrollo de la actividad estaban exentos del pago de derechos aduaneros. Además, diez años antes, el gobierno de Remigio Morales Bermúdez había desgravado la actividad minera por 25 años. Difícilmente las cosas podrían salir mal en esa cena con buena parte de los hombres más poderosos de Estados Unidos. En esa sola noche, Haggin y McCune lograron recaudar la impresionante suma de diez millones de dólares de aquella época para echar a andar el proyecto. Tres de ellos fueron aportados por el propio Haggin, McKwon Twombly comprometió dos más y el resto de involucrados entró con un ticket de un millón de dólares cada uno, confirmando así la cifra requerida. Hasta el fin de sus días, Haggin controlaría la empresa con el 34% de participación, considerándosele además el cerebro detrás de ese inusual y enorme emprendimiento que sería, de lejos, el más grande en Sudamérica y, hasta entonces, la mayor inversión de la minería norteamericana fuera de los Estados Unidos. Derecha– Día de pago de los obreros en la Hacienda La Esperanza, a incios del siglo pasado en Cerro de Pasco.
28 29 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Alfred W. McCune Phoebe Hearst Darius Odgen Mills Michel P. Grace Nació en India y, al final de sus días, se había convertido en constructor de ferrocarriles, operador de minas y político norteamericano. Tuvo propiedades mineras en Canadá, Montana y Utah. Desde 1887 investigó la potencialidad de la región Pasco, en alianza con James Ali Haggin, y en las tres últimas décadas de su vida se enfocó en esa región del Perú. En 1902 tomó la iniciativa de fundar la Cerro de Pasco Investment Company y, ese mismo año, el gobierno peruano le dio la concesión para construir el ferrocarril Huacho– Cerro de Pasco. Casada desde los 19 con el magnate de la minería y las finanzas, George Hearst, reconocido como el mayor experto en prospección minera de la costa del Pacífico y promotor del fondo de inversión Hearst, Haggin, Tevin and Co. Phoebe fue mecenas de múltiples entidades educativas, especialmente de la Universidad de Berkeley, California, y se le reconoce también como una de las primeras mujeres activistas en política. Junto con otras valientes féminas comandó el movimiento sufragista que, a la postre, lograría el voto de la mujer en los Estados Unidos. Fue un prominente banquero y filántropo norteamericano, nacido en Nueva York. Se trasladó en 1849 a California acompañando a dos de sus hermanos que viajaron atraídos por la fiebre del oro. En Sacramento fundó su propio banco, The Gold Bank of D.O. Mills & Co., financiando principalmente la construcción de ferrocarriles y empresas subsidiarias de minería. Más adelante fundó con otros inversionistas el Banco de California, del cual sería presidente durante dos periodos. En vida se convirtió en el más acaudalado ciudadano de California. Empresario británico asentado en Perú, presidente de la W.R. Grace and Company y fundador de la Grace Brothers & Co. Luego de la Guerra con Chile creó un consorcio que financiaría la reconstrucción y estabilización del Perú. Fue gestor del polémico Contrato Grace que, entre otras cosas, canceló la deuda internacional peruana a cambio de la cesión por 66 años de los ferrocarriles y la explotación de recursos mineros y del guano. Los negocios de Grace se extenderían también a Chile, donde creó la compañía salitrera Grace & Co. (1849–1927) (1842–1919) (1825–1910) (1842–1920) James B. Ali Haggin Jean Pieremont “JP” Morgan Henry Clay Frick Hamilton McKown Twombly Abogado, hacendado e inversor norteamericano, quien hizo una gran fortuna sobre el final de la fiebre del oro en su país. Junto con su socio, el abogado Lloyd Tevis, adquirieron el El Rancho del Paso en Sacramento y crearon el fondo de inversión Hearst, Haggin, Tevis and Co. que llegaría a convertirse en la compañía minera más grande de los Estados Unidos y propietaria de Anaconda Copper Mine en Montana, Ontario Silver Mine en Utah y Homestake Mine en Dakota del Sur. Exitoso financista y banquero americano que impulsó la consolidación industrial en la segunda mitad del siglo XIX. Gracias a su apego a la eficiencia contribuyó a la modernización y transformación en la manera de hacer negocios en los Estados Unidos. Al final de sus días tuvo participación en quince grandes corporaciones industriales de distintos sectores –minero, eléctrico, telefónico, mercantil, acerero, naviero, etc.– y en 25 rutas de trenes a lo ancho de los Estados Unidos. Figura prominente en la industria del acero y del carbón durante el apogeo de la era industrial. Fundó la Frick & Co., empresa productora de coque, importante ingrediente en la industria del acero, en la que fue socio del magnate Andrew Carnegie. Fue presidente de la Carnegie Steel Company y se convirtió en una figura muy polémica entre los sindicalistas por su apego a estándares de seguridad, la disminución de plazas laborales y por su obsesión hacia la eficiencia. Hombre de negocios graduado en Harvard que se convirtió, primero, en asesor financiero de William Henry Vanderbilt, empresario poseedor de una veintena de ferrocarriles (New York, Chicago, New Jersey, etc.), y luego en su yerno, al casarse con Florence Vanderbilt Twombly. Fallecido su suegro se le nombró director de las empresas del imperio ferrocarrilero y representante de múltiples intereses del clan Vanderbilt. Murió “de cáncer y con el corazón roto” luego del deceso de su único hijo, Hamilton Jr., en un accidente. (1822 – 1914) (1837–1913) (1849–1919) (1849–1910) LOS FUNDADORES
30 31 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx 1876 1901 1883 1897 1896 1890 1877 1889 1893 1900 [ 23 de julio ] Eduardo de Habich funda la Escuela de Ingenieros de Lima en la Casona de San Marcos. Entra en vigencia el Nuevo Código de Minería, que promueve un entorno favorable para las inversiones. La Guerra con Chile deja la economía en ruinas y todo el aparato productivo nacional destruido. La Sociedad de Minería presenta la propuesta de un nuevo Código de Minería por encargo del Ministerio de Fomento y Obras Públicas. [ 22 de mayo ] Se exonera a la minería de todo tributo adicional a la patente de propiedad para fomentar la reconstrucción nacional. Ben Ali Haggin, Alfred McCune y George Hearst se asocian en la Cerro de Pasco Syndicate para estudiar la posibilidad de explotar los yacimientos de la sierra peruana. Don Eulogio Fernandini construye la fundición de Huaraucaca cerca de Colquijirca. Se inaugura el Ferrocarril Lima–La Oroya que funcionó bajo la administración de la Peruvian Corporation. El presidente López de Romaña contrata, a nombre del Estado, con la Empresa Socavonera de Cerro de Pasco para que construya un túnel minero de drenaje. Cronología 1876/ 1901 Se crea la Sociedad de Agricultura y Minería para fomentar el desarrollo de ambas actividades productivas.
32 33 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Equipo de trabajo en la planta concentradora de la Hacienda La Esperanza. Buena parte de los obreros eran muchachos entre los 15 y 24 años. LA PUESTA EN MARCHA d · o · s
34 35 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Una vez hecho el acuerdo entre los inversionistas y con el dinero en mano ya no había vuelta atrás. El propio McCune, en su calidad de operador del sindicato minero, volvió a Perú para activar la oferta que les había anunciado a los propietarios de esas tierras un año antes. El primero que aceptó gustoso la propuesta fue el minero inglés George Edward Steel. A él le siguieron Elías Malpartida (quien fue varias veces congresista, alcalde de Lima, ministro de Hacienda con el presidente Candamo y, más adelante, premier con Billinghurst); hizo lo propio Felipe Salomón Tello –precursor de la industria de generación eléctrica en el país– vendiendo las minas Toril y el Tajo Santa Catalina; también se desprendieron de propiedades la familia de ascendencia italiana Languasco, Ignacio Alania, Matilde Push de Villarán, Herminio Pérez, los hermanos Gallo, Romualdo Palomino, la familia Ortiz, entre otros. La propiedad que se valorizó más en esa primera visita fue la de don Miguel Gallo Díaz, por la que se desembolsaron 100,000 libras esterlinas. Pero no todos accedieron a la oferta. Entre quienes conservaron algunas propiedades o el íntegro de su patrimonio estuvieron don Eulogio Fernandini de la Quintana, de Colquijirca –que ya tenía trabajando la fundición de Huaraucaca–, los hermanos Lercari, los hermanos Alania, los hermanos Arrieta, Tomás Chamorro, Juan Azalia, la familia Proaño, el propio don Elías Malpartida, Toribio López, Alfredo Palacios, don Agustín Arias Carracedo y Antonio Xammar, entre otros, que combinaban, casi todos, intereses agropecuarios, comerciales y mineros. Los norteamericanos convivieron también en la zona con la Compagnie des Mines de Huarón, un complejo de capital francés y de menores proporciones ubicado en el distrito de Huayllay, y con la compañía Backus & Johnston, que se desprendería de pequeñas minas en Cerro de Pasco y se quedaría por varios años más con Casapalca, asentada en la serranía de Lima. En un lapso de dos lustros, la Cerro de Pasco se haría rápidamente de la propiedad del 80% de las haciendas mineras de la zona, equivalente a un total de 70,000 hectáreas. La temprana migración de gentes de distintas nacionalidades, atraídas por la riqueza mineral de las tierras altas, ya ponía en evidencia la distancia cultural y educativa en comparación con las comunidades asentadas desde antiguo en los Andes. Es por ello que los migrantes asimilarían con más entereza los enormes cambios que estaban por producirse en la región, pues en aquellos tiempos Cerro de Pasco seguía pareciéndose más a un pequeño poblado que a una ciudad. Antes de la llegada de la empresa norteamericana, las casas se extendían hacia el cielo con sus techos de ichu que, frecuentemente, eran presa de incendios por la caída de rayos o por las improvisadas conexiones eléctricas que empezaban a popularizarse en la villa. Poco a poco el ichu fue sustituido por estructuras de hierro galvanizado, más conocidas como calaminas. Las calles eran angostas y lustrosamente empedradas, con una canaleta de cemento al centro por la que discurrían las aguas de las constantes lluvias y que las bestias de carga eludían en su andar cansino a manera de entretenimiento. Sin embargo, esa precariedad contrastaba con otros rasgos cosmopolitas. El estupendo trabajo de Neydo Hidalgo, historiador especializado en Muchas casas de la pequeña ciudad eran todavía de piedra, con techos de paja y propensas a los incendios. Por ello se empezaron a usar calaminas. CERRADO CIRCUITO La operación de la Cerro de Pasco Mining Co. exigía la interconexión de las minas a través de ferrocarriles, la seguridad de fuentes de energía y la mano de obra. Pero jamás pensaron que sería tan grande el choque cultural.
36 37 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx izquierda– El trabajo de laboratorio en la fundición fue vital para tomar nota de la complejidad del mineral y decisiones en torno a su refinamiento. Derecha– Grupo de obreros posan con sus herramientas sobre las bases de un nuevo pique en Cerro de Pasco. patrimonio eléctrico peruano –en una publicación por los 100 años de la Central Hidroeléctrica de La Oroya– da cuenta de la presencia en 1910 del periodista Frank Carpenter, quien fue invitado a visitar la región y las instalaciones de la empresa por la misma compañía. El periodista publicó varios artículos sobre su viaje en diarios y revistas Estados Unidos, uno de ellos en el Omaha Daily Bee. Entre otras cosas, afirmaba que la ciudad tenía unos 15,000 habitantes y que en las tiendas de las calles principales pudo ver “frutas en conserva de California, salmón de Oregon, telas de algodón de Massachusetts y máquinas de coser de marcas americanas de renombre. Había también muchos artículos de manufactura nativa, tales como ponchos hechos con lana de llamas y ovejas, sandalias toscas utilizadas por los indios y zapatos de burda manufactura”. Esa sola imagen da cuenta de la diferencia entre esos dos mundos, cuyas costumbres e idiosincrasias se verían enfrentadas durante décadas, pero cuyas persistentes raíces se podían percibir en nuestra sociedad mucho antes de la llegada de la trasnacional, incluso desde la época de la Colonia. A esa realidad social con rezagos semifeudales, con una serie de fracturas, inequidades y prejuicios, llegó esta inversión monumental con formas y maneras de primer mundo. Por entonces, en el Perú, el hacendado era un ser todopoderoso, dotado de muchas ventajas económicas y políticas; mientras que los indígenas –en su gran mayoría analfabetos– carecían de acceso a la educación, a una buena alimentación e, incluso, del derecho al voto. Bastante evidencia tenemos en las haciendas de la costa y de la sierra sobre el yanaconaje, los cepos y otras formas de esclavitud legalmente admitidas o disfrazadas de paternalismo. En el caso de la minería, antes de la llegada de la cororación ya existía el “enganche”, un sistema aplicado solo a los campesinos indígenas devenidos en obreros que, a cambio de un adelanto de dinero, alimentos y otros insumos, eran mantenidos en condiciones sumamente indignas y, muchas veces, contra su voluntad.
38 39 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Estas prácticas no solo acentuaban la desigualdad, sino que incubaban en los corazones de los más débiles un creciente resentimiento que, más adelante, se tradujo y materializó en conflictos sociales difíciles de manejar. El tema del “enganche” fue atribuido sistemática e históricamente a la Cerro de Pasco como una práctica instalada por ellos. Lo cierto es que no fue así. Si bien en un principio la empresa adoptó el sistema que prevalecía en las minas peruanas –lo cual fue admitido posterior y públicamente como un error– la empresa norteamericana fue la primera en desterrar esa modalidad por ineficiente. En el libro Viajando por la República, Impresiones y datos del Cerro de Pasco, publicado en 1917 por Marcial Helguero Paz Soldán, se reseñan las palabras del Superintendente de Minas de la Cerro, Paul Sidney Couldrey: “Se ha hablado mucho del sistema de enganche. Se ha tratado de calumniarnos porque hemos empleado esa forma de trabajo con los indios. Pero, ¿tenemos, acaso, la culpa de ello? Esa costumbre no la hemos traído nosotros. Existe desde tiempo inmemorial en el Perú. Nosotros la aprovechamos al principio. Hoy, ya no, porque ha dado malos resultados. La compañía ha perdido más de doce mil libras en un año porque los enganchados no cumplieron su compromiso y se fueron llevándose el dinero que habían recibido como adelanto”. La modernidad en caravana La llegada a Cerro de Pasco de los primeros contingentes de personas, máquinas y herramientas asociadas a la compañía fue un acontecimiento comparable al desfile de un gran circo. Una larga caravana de carromatos y carretas haladas por mulas y otros cuadrúpedos se instaló en los extramuros de una ciudad que los recibía boquiabierta. Sin hacer caso a los estragos de un viaje de cinco días desde el Callao –por la ruta de Yangas, San Buenaventura, Canta, Obrajillo, Huaros y Huayllay– esos gringos barbados, de ojos claros y vestidos de overol levantaron un campamento detalladamente diseñado con una practicidad y rapidez extraña al ritmo que se acostumbra en las ciudades de altura. En esa constitución se destacaba nítidamente un cuartel de mando u oficina de trabajo, las carpas del batallón de obreros y las zonas de servicio. Pero lo que más extrañaba a los miembros de la comunidad cerreña era la concentración de esos hombres incansables en sus quehaceres y la precisión de sus movimientos. Sin duda, se trataba de un espectáculo coreográfico muy parecido al funcionamiento de una máquina. Los ocho diarios que circulaban en Cerro de Pasco saludaron la llegada del sindicato minero, como recoge en su blog Pueblo Mártir el historiador y escritor local César Pérez Arauco. El Eco de Junín publicaba en su edición del 1 de febrero de 1902: “Se abre una esperanza de luz para nuestra minería y, consecuentemente, para nuestra ciudad que así seguirá por el próspero camino de la opulencia. No dudamos que no sólo nosotros, sino pueblos aledaños como los del valle del Mantaro y Huánuco, tendrán mayores oportunidades de comerciar en el Cerro de Pasco que, además, brindará oportunidad de trabajo y bonanza a quienes deseen engrosar las filas de servicio a la nueva compañía”. Por su parte, El Industrial destacaba en su edición de ese mismo día las posibilidades futuras de la región: “Estamos ad portas de un nuevo despegue de la economía y el trabajo, pilares de nuestra tierra. Por los planes que se han hecho conocer, podemos asegurar que la nueva compañía norteamericana establecerá un monopolio minero en nuestra ciudad. Una modalidad no practicada hasta ahora, pues, anteriormente, la pluralidad de propietarios y por ende, la competencia entre ellos, determinó que nuestro progreso fuera lento. Ahora, con los capitales y la nueva tecnología que traen, no dudamos que obtendremos buenos resultados para nuestra tierra”. Hinchado de entusiasmo, el Banco del Perú y Londres ofreció sus buenos oficios para que los extranjeros pudiesen realizar cómodamente sus Poco a poco se irían haciendo familiares las tiendas de campaña que utilizaban los ingenieros gringos en sus exploraciones. LOS OCHO DIARIOS QUE CIRCULABAN EN CERRO DE PASCO SALUDARON LA LLEGADA DEL SINDICATO MINERO. EL ECO DE JUNÍN PUBLICÓ: "...NUESTRA CIUDAD SEGUIRÁ ASÍ POR EL PRÓSPERO CAMINO DE LA OPULENCIA"
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