6 7 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx MINERÍA NUESTRA MEJOR CARTA introducción capacitando a su personal más talentoso en las mejores universidades del mundo y facilitando escuelas y servicios médicos de primera calidad, entre otros. La Cerro ha sido motivo de investigaciones desde distintos puntos de vista, generalmente ligados a la contaminación, a temas de índole laboral y a las ciencias sociales. No pocas, hay que decirlo, inflamadas por la pasión ideológica y reivindicatoria de una época anterior. Pero no es intención de esta publicación afirmar o negar lo actuado. Más bien queremos aportar un punto de vista complementario, valioso como los otros, y enfocado en una visión empresarial y en el impacto positivo que también produjo una inversión de esta magnitud en el Perú. Hemos accedido a documentos, a testimonios de ex trabajadores y a un material fotográfico de altísima calidad para contar esta historia apasionante que, esperamos, aportará también a la comprensión de ese Perú que sigue creciendo dramáticamente pese a sus conflictos no resueltos. Cincuenta años después de la nacionalización de la compañía, cuando ya hemos entendido la importancia de las inversiones para el desarrollo del país, tenemos distancia suficiente para mirar hacia atrás, aprender y plantearnos un futuro mejor. Actualmente, Perú es el segundo productor de cobre más importante en el mundo, está entre los tres países con mayores reservas a nivel global y puede duplicar su producción en las próximas décadas, cuando se proyecta una demanda constante para el más amable conductor de electricidad por la dinamización de la industria de las energías renovables y de los autos eléctricos. Este mineral dócil, maleable, resistente, que ha estado ligado intrínsecamente a nuestra cultura desde los tiempos pre incas, se convierte en nuestra mejor carta para derrotar a la pobreza. Hoy ya hemos aprendido. No podemos perder una nueva oportunidad. Ahora sí tenemos que hacer realidad el justo sueño del pleno desarrollo. � Cuando en 1902 la Cerro de Pasco Corporation se instaló en la sierra central, trajo consigo la semilla de lo que sería la mayor inversión del siglo XX en el Perú, una de dimensiones jamás vista en Sudamérica y la más importante de la minería norteamericana fuera de los Estados Unidos. La compañía arribó con sus motores eléctricos y equipos mecanizados a un país semifeudal y centralizado, en el que el campesino no tenía derecho a la propiedad, donde no existían leyes laborales ni conciencia ecológica y a regiones donde la presencia del Estado era tan precaria como los caminos que las conectaban con la capital. Hasta entonces, el Perú no se había curado de las heridas de la Guerra del Pacífico. En los 72 años de su presencia en el Perú, el crecimiento de la Cerro de Pasco estuvo estrechamente vinculado al desarrollo del corredor minero de la sierra central y del país. Durante décadas fue la empresa que más invirtió y tributó en territorio nacional y la mayor empleadora después del Estado. Además, le aportó a los sectores minero y metalúrgico un modelo de trabajo basado en cuatro principios fundamentales: disciplina, investigación, eficiencia y meritocracia. A esa zona alejada del altiplano central llegaron los más destacados ingenieros, geólogos y metalurgistas del mundo, estableciendo las bases de una reputación incuestionable entre los profesionales peruanos ligados a la minería: “La Cerro fue una verdadera escuela”. En ese contexto, donde no había posibilidad de acceder a servicios e insumos de dimensión industrial, la corporación actuó bajo un concepto básico: el de la autonomía. Por sus propios medios se aseguró la energía construyendo más de media docena de hidroeléctricas; el transporte habilitando cientos de kilómetros de vías férreas y caminos; los insumos invirtiendo capital semilla en plantas industriales que le garantizaran calidad; el alimento de sus empleados cultivando pastizales y criando ganado superior; el óptimo rendimiento
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