64 65 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx El futuro es hoy Una vez asentados en un territorio, uno de los principales objetivos de los emprendedores mineros es asegurar nuevas vetas que les permitan proyectar producción y crecimiento a largo plazo. En el caso de la Cerro, para alcanzar los niveles de producción programados para la Fundición Smelter y para financiar rápidamente la adquisición de más yacimientos –además del que producía en sus propias minas– la empresa decidió acopiar mineral de distintos productores locales. El conocimiento de la producción de cada uno le permitió adquirir las tierras y haciendas minerales más adecuadas. Por ello, hacia 1906, el conglomerado norteamericano ya había invertido seis millones de dólares en la compra de minas, cuatro en la instalación de la fundición, tres en la construcción del ferrocarril de La Oroya a Cerro de Pasco y en el ramal hacia Goyllarisquizga; y otros tres en la introducción de avances tecnológicos, en la instalación de maquinaria, bombas de agua y en el encofrado de las minas. Ya estaba claro que la corporación se establecería por décadas en el Perú y que ello implicaba edificar instalaciones aparentes. Por ello a su arribo escogieron la hacienda La Esperanza, de propiedad de George Steel, a la sazón Cónsul General de su Majestad Británica y que, en la orilla de la laguna colindante que le daba el nombre a la hacienda, había establecido una fábrica de ladrillos que le dio mucha fortuna. Alfred McCune se había alojado allí en 1901 y no tardó en ponerse de acuerdo con el inglés para comprarle esa propiedad. Acto seguido iniciaron el desecado de la laguna con lo que nació el barrio de La Esperanza. En 1904 ya habían construido en esa zona, al sur de la ciudad, la estación principal del tren a La Oroya, destinado espacios para los talleres, para las primeras viviendas de los profesionales norteamericanos, así como el campamento residencial de los obreros, los campos deportivos y las escuelas; por ello decidieron construir también allí su sede administrativa que, a la vez, debía ser muy sólida y funcional. El desecado de la laguna también le permitió a la empresa la ampliación de sus labores mineras. Para levantar su nueva sede convocaron a don Agustín Arias Carracedo, un migrante español entendido en construcciones de piedra, pues había crecido en un poblado al lado de una cantera llamado Alberguería. Con su diseño y dirección se terminaron en 1907 los trabajos de esta edificación amplia, robusta y de marcado estilo europeo que sigue luciendo imponente hasta nuestros días. Otro factor relevante entró a la ecuación ese mismo año, cuando el precio del cobre cayó repentinamente de 25 a 12 centavos de dólar la libra. Varios de los pequeños mineros particulares de la zona se vieron obligados a vender sus propiedades para no quedar en la ruina y la empresa norteamericana, que seguía capitalizándose, aprovechó la oportunidad de compra incrementando su potencial a futuro. Poco antes de la caída del precio, en 1905, la compañía había dado un golpe estratégico en la región. Pese a que se trataba de un yacimiento fuera del espacio geográfico de Cerro de Pasco, adquirió la mina Morococha, una unidad que venía operando por más o menos medio siglo y, cuyos destinos eran conducidos por la familia Pflucker, de procedencia alemana y de arraigada tradición minera. Yendo desde Lima, la mina se ubicaba antes de llegar a La Derecha– La Casa de Piedra, sede administrativa de la Cerro de Pasco en la ciudad, se terminó de construir en 1907 y perdura sólida hasta hoy.
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