140 141 la minería moderna integración del perú a la clase mundial Si pensamos en la historia de la minería moderna en el Perú, existe una figura ineludible en su desarrollo: don Jesús Arias Dávila. Un hombre que inició su camino minero en la sierra central y que se entendió de maravillas con las montañas. Siendo hijo de un emprendedor minero español y de una mujer oriunda de Junín, Jesús era apenas un adolescente cuando falleció su padre y decidió abrirse paso por sí mismo en la calera que, a la vez, era su hogar. Más adelante, junto a su socio Alfonso Ballón adquirió SIMSA, una empresa cuya época dorada se labró abriendo trocha a punta de machetazos cerca de Vitoc, un distrito de la provincia de Chanchamayo, en Junín. El recuerdo de don Jesús aún genera reverencia entre quienes tuvieron la suerte de conocerlo. Su don de gente, su generosidad, sus enseñanzas y su sencillez conmueven a sus familiares y colaboradores. Muy joven sacrificó sus estudios con la convicción de que sus hermanos menores pudieran acceder a una educación superior y luego unir fuerzas para laborar juntos. “Al nacer caí de cabeza sobre un pedazo de mineral y por eso fue que me volví minero. Ya lo tenía en la sangre”, contaría él mismo, sonriente, haciendo una sutil alusión al origen minero de su padre, el célebre español Agustín Arias Carracedo. Luego de culminar sus estudios secundarios en Huancayo y Tarma, Jesús regresó a la calera Cut Off en 1945. Esa cantera de su padre le vendía la cal a la Cerro de Pasco y a otras minas para sus procesos de flotación. Allí había crecido y aprendido lo esencial del oficio. Ya convertidos en ingenieros, sus hermanos Agustín y Alberto regresaron a Cut Off y, con Antonio, otro de sus hermanos, iniciaron una nueva etapa alquilando la misma calera y combinando las cualidades de los cuatro. Jesús ahorró durante cinco años y compró la propiedad en 1953, pagando la respetable suma de 1,500 soles por ella. Así los Arias Dávila se hicieron dueños de Cut Off, que había sido su hogar, su patio de juegos y su centro de trabajo. Siendo un gran admirador de su padre, Jesús aprovechó toda la experiencia adquirida junto a él y reconstruyó sus valiosas relaciones, extendiendo las ventas de cal a las minas San Cristóbal, Andaychagua y a la unidad minera Carahuacra de la Volcan Mining Company. Para abastecerlos oportunamente se sumergía en su jornada laboral antes de que apareciera el sol y persistía hasta altas horas de la noche, ‘cocinando’ él mismo la cal a punta de lampa y utilizando bosta como combustible para quemar el producto. La casa de la calera era amplia, sencilla y acogedora. La familia Arias Dávila, sus trabajadores y algunos pocos pastores eran los únicos pobladores de ese cruce de caminos al lado de la estación del tren, la luz eléctrica provenía de generadores y se arropaban todos juntos con el fuego de la chimenea por las noches, fraguando en largas conversaciones los sueños del futuro. Nunca olvidarían los placeres de esa vida retirada. El tiempo libre lo aprovechaban escuchando música, cazando, disfrutando de los paisajes, jugando pelotaris (un deporte vasco) o fútbol con una pelota hecha de vejiga de cerdo. Las mujeres tejiendo entre las ovejas en el campo. Era una vida muy acogedora. El gobierno de Manuel Odría había promulgado el Código de Minería de 1950 para reactivar la economía impulsando al sector minero y la compra LA SELVA EXPLORAR EN El olfato minero y su tenacidad condujeron a don Jesús Arias a desarrollar el primer complejo minero en la selva de Junín, que se convirtió en un alfil para el desarrollo de los alrededores de Chanchamayo y de la selva central.
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