236 237 la minería moderna integración del perú a la clase mundial El cambio del modelo económico en el Perú a inicios de los noventa, que priorizó la promoción de las inversiones y la privatización de los activos mineros del Estado, propició que todo el ecosistema minero nacional evolucionara de una manera vertiginosa. Salvo Cuajone, en más de veinte años no se habían iniciado proyectos importantes en el territorio. La nueva normativa, que no hacía diferencias entre el capital nacional o extranjero, atrajo inversiones postergadas y nuevas tecnologías que facilitaban la explotación de nuestra riqueza mineral. No solo se avanzó con nuevos proyectos sino que la presencia de las más importantes empresas globales en el país permitió el crecimiento de las empresas nacionales proveedoras de equipos y servicios mineros. Hoy se puede construir una planta concentradora con el 100% de insumos peruanos. Del mismo modo, es posible encontrar soluciones para los molinos, chancadoras, zarandas, bombas, celdas, cables eléctricos, fajas transportadoras o tuberías que son fabricadas por empresas nacionales adscritas a la cadena de abastecimiento de la industria minera. La presencia de estas empresas globales, las más importantes en el sector minero a nivel mundial, incrementó los niveles de eficiencia en el diseño de mina y producción, pero también en términos de la sostenibilidad ambiental y social, pues se elevaron los estándares, se profesionalizaron los cuadros y las autoexigencias de las propias empresas se mantuvieron siempre por encima de las regulaciones e indicadores exigidos por el Estado. Por otro lado, en términos económicos, los dólares frescos que ingresaron al país por la minería –más del 60% de las exportaciones en promedio en casi 20 años– contribuyeron enormemente con la estabilidad económica y el crecimiento continuo del país, un periodo al que se le consideró el “milagro peruano” por la capacidad de resiliencia y recuperación de nuestra economía. El resultado más importante fue la reducción de la pobreza monetaria en más de 35 puntos, del 57% al 21%. Pero en 2011 se revirtió la visión promotora de la minería y se inició un proceso de sobrerregulación que dio origen a la ya famosa tramitología. Eso afectó principalmente las labores de exploración, fase inicial de todo proceso en la actividad minera. Esa falta de visión y comprensión de las posibilidades del Perú, que ha provocado la reducción en la exploración minera en el país son, en parte, las causas de la recesión y la inflación reciente. El discurso antiminero y populista nuevamente nos jugó una mala pasada. Debe entenderse que los proyectos mineros se quedan en una misma región y al lado de la población por décadas, mucho más tiempo que cualquier autoridad. Y que necesitan de estabilidad y tiempo para potenciar sus beneficios. Existe evidencia de que las provincias y distritos mineros tienen un mejor IDH que sus poblaciones vecinas. Sin embargo, ahora, la tramitología y la consecuente reducción de la actividad exploratoria se han convertido en un obstáculo para que estos beneficios se compartan con más distritos y provincias que, por mucho tiempo, lamentablemente, han estado lejos de la mira del Estado. � A RECUPERAR el ritmo
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