316 317 la minería moderna integración del perú a la clase mundial Mucho tiempo antes de que se iniciaran los trabajos ya se conocía de la riqueza mineral en los alrededores de Antamina. Pero nunca se habían hecho estudios suficientes. ‘Anta’ en quechua es ‘cobre’, de allí el nombre. El sabio, explorador y naturalista Antonio Raimondi ya daba cuenta de su potencial cuprífero en 1860, en su obra ‘El Perú’. Incluso, hasta mediados del siglo pasado, en la parte alta conocida como Juprog, quedaban vestigios de una planta concentradora como evidencia de una esporádica actividad minera. Y se sabe del denuncio que en los años 30 hizo el minero español, radicado en Perú, Agustín Arias Carracedo que, pese a sus múltiples gestiones falleció sin hacer ese sueño realidad. El final de la vida de su fundador no fue el mejor momento de la Sociedad Minera Comercial Arias Carracedo S.A., pero don Agustín ya había decidido desarrollar Antamina. A lomo de acémilas y a brazo limpio de sus colaboradores había logrado llevar un caldero hasta las alturas; pero la crisis del 29 lo había dejado golpeado y endeudado. Por ello se vio obligado a poner el denuncio a nombre de un tercero de su confianza, el señor Giles. Pero no le alcanzó el tiempo. El señor Giles intentó comunicarse con los herederos Arias Sanders y Arias Dávila para entregarles los títulos de Antamina, pero los primeros no le hicieron caso y, los segundos, alegaron que eran hijos naturales y que no les correspondía. Años más tarde, los herederos de Giles le venderían la propiedad a la Cerro de Pasco. El potencial era tal que, en 1952, la Cerro de Pasco Corporation se animó a sumar esa concesión con la idea de explotarla en un futuro no tan próximo, pues las reservas que tenía en el corredor minero de la sierra central le eran todavía suficientes. De esa forma Antamina pasaría a formar parte de su portafolio. Las perforaciones realizadas en la zona de contacto entre 1951 y 1952 confirmarían su gran potencial pero el proyecto quedaría reposando en el cajón de algún escritorio. Con el cambio en la normativa sobre las concesiones mineras no explotadas de fines de los años sesenta, la concesión de Antamina revirtió al Estad0; y, en 1973, la propiedad le fue adjudicada a la empresa estatal Minero Perú. La flamante empresa del Estado le encargaría a la rumana GEOMIN nuevas labores de exploración y de perforación diamantina, y esta completó los estudios de ingeniería “para desarrollar el proyecto con una producción de 10,000 TMD durante siete años y 20,000 toneladas por día durante los siguientes trece años”, según reza en sus antecedentes el Libro Blanco sobre la Privatización de Antamina, publicado por el Comité Especial de Promoción de la Inversión Privada (CEPRI). Pero los rumanos abandonaron el país en 1982 y el proyecto fue devuelto a Minero Perú. Recién en los años noventa, en virtud de la política de promoción de las inversiones, se sacó a licitación la concesión que ganaría el consorcio conformado por Rio Algom e INMET. El yacimiento incluía 45 concesiones tituladas e inscritas en el Registro Público de Minería que sumaban un área de 1,983 hectáreas, más un petitorio por ‘Antamina Este’, aún sin sanear registralmente. La del yacimiento es una zona con mucha precipitación que captura el agua de cuatro quebradas en HORIZONTE UN NUEVO A la fecha, Antamina es considerada un modelo de minería moderna no solo en el Perú sino en el mundo. La suma de conocimiento, tecnología, capacidades e innovación la hacen, a decir de muchos, el buque insignia de la industria nacional. Visita de los representantes de las empresas socias del proyecto a El Pinar, en los días de inauguración de Antamina.
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