88 89 pioneros de la minería moderna en el perú todavía necesitaban financiar la expansión. Haciendo valer el respaldo de su contrato con Mitsui, los socios viajaron a Japón y el Bank of Tokio les otorgó el oxígeno para impulsar su empresa a la categoría de mediana minería. Luego de esa visita, Jesús quedó impresionado y decidió dotar con la última tecnología de cómputo a la empresa, incluyendo las áreas de operaciones, exploración, administración y comercial. Es así que se inició un programa de capacitación mediante becas que continuó por décadas en beneficio del desarrollo de su propio personal. El ingeniero Manuel Villanueva hizo una maestría en Inteligencia Artificial en la universidad George Washington; Román Tejada en la universidad Colorado School of Mines de Denver en geología; mientras que Juan Carlos Alcalde y José Francia obtuvieron las suyas en Mineral Economics en la Universidad de Arizona, entre otros. Gracias a ese financiamiento y capacitación, San Vicente fue la primera en utilizar los jumbos para minería en el Perú; con los ‘hag louder’ y el ‘shuttle train’ avanzaron los túneles de extracción de la mina; en las zonas de explotación utilizaron cargadores frontales y, en el interior, ‘scooptrams’ con jumbos sobre ruedas. También adquirieron las primeras máquinas para hacer chimeneas ‘raise borer’ y un minador continuo TBM para los túneles y la explotación en los tajos. “San Vicente era la mina más mecanizada y con los mejores índices de eficiencia de toda la mediana minería”, enfatiza vívidamente Román Tejada. El estar a la vanguardia se convirtió en norma, logrando más eficiencia, seguridad, reducción de costos y cumplimiento ambiental, pues se invirtió en la hidroeléctrica de Monobamba, de 6 MW, dejando de lado el diésel. Así SIMSA se protegió asegurando su productividad durante los periodos de precios bajos y las nuevas tecnologías fueron abriendo el camino hacia una minería más consciente y moderna. El ímpetu explorador En 1980 SIMSA ya era una empresa minera consolidada y de las más importantes del país pero, no por ello, aburguesada. Todo lo contrario, persistía en el deseo de seguir creciendo y de desarrollar nuevas operaciones mineras, pues en ese momento su única unidad en explotación era San Vicente. Además, Jesús tenía el corazón del explorador. Ya maduro emprendió un proyecto exploratorio por vía aérea y otro satelital. El primero se dio por iniciativa de dos geólogos amigos de su entonces gerente general, ‘Cucho’ Rubio. Merwin Bernstein y David Thompson habían trabajado en el Perú antes del gobierno militar. Conocían el potencial minero pero, por las condiciones políticas y la orientación económica del gobierno en aquellas épocas, prefirieron trasladarse a Chile, aprovechando los incentivos para la inversión minera. Allí dirigieron exitosos programas de exploraciones para grandes empresas. Años después, con el cambio político favorable, trajeron al Perú esas nuevas tecnologías. Por la envergadura del proyecto, don Jesús invitó a la empresa Milpo a través de sus amigos Ernesto y Augusto Baertl, accionistas y directores de esa empresa. Los Baertl no demoraron en unir fuerzas para iniciar el ambicioso proyecto. Augusto Baertl, por Milpo, y Fernando Arias, por SIMSA, coordinaron el proyecto Ccori Lama con el equipo de geólogos liderado por Merwin, David y Pedro Ly, que apoyaban la búsqueda de yacimientos de oro utilizando helicópteros Lama. Ccori es oro en quechua. Inicialmente los geólogos sobrevolaron las zonas de interés identificando las coloraciones, oxidación y sulfatación de la superficie de los cerros. Una vez descubiertas éstas eran marcadas en un plano. En base a estos planos, los geólogos eran transportados en helicóptero a esas cumbres llevando los implementos necesarios para tomar las muestras geológicas durante varios días. derecha– La innovación estuvo siempre presente en la exploración de prospectos a todo lo ancho del país.

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