PIONEROS de la minería moderna en el Perú Mario Sifuentes Briceño

ÍNDICE PARTE 1 01 02 PARTE 2 03 04 05 06 07 234 Bibliografía 236 Créditos Fotográficos 238 Agradecimientos 06 Pioneros Un Pasado Inspirador 10 Negociación Fernandini Un Caballero en las Alturas 32 Cerro de Pasco Corporation La Escuela del Futuro 68 Grupo Arias Una Luz al Final del Túnel 104 Grupo Buenaventura La Dura Ruta de la Excelencia 140 Grupo Milpo Espíriru de Vanguardia 174 Grupo Ballón El Perú como Vocación 204 Grupo Ferreyros Siempre un Paso Adelante Pioneros de la minería moderna en el Perú Autor: Mario Sifuentes Briceño Editado por: © Corporación Ludens Comunicaciones S.A.C. para su sello Editorial Ludens. Calle Alcanfores 1246, Of. 402 – Miraflores. Lima – Perú. Primera edición: Agosto 2022 Tiraje primera edición: 300 ejemplares Edición general: Ludens Comunicaciones Autoría e investigación: Mario Sifuentes Briceño Edición e investigación fotográfica: Ludens Comunicaciones Retoque fotográfico: Julio Basilio Diseño y diagramación: Maye León Foto de sobrecubierta: Biblioteca Nacional del Perú, anónimo / Revista Caretas. Foto de contra carátula: F45 Fografía Industrial – Rolando Suaña. Todos los derechos reservados. Se prohibe la reproducción parcial o total de esta obra, a través de medios mecánicos o electrónicos, sin la autorización escrita del autor. Este libro ha sido publicado gracias al apoyo del Instituto de Ingenieros de Minas del Perú - IIMP, y se presentó en el marco de la Convención Minera - Perumín 35, bajo la presidencia de doña Claudia Cooper Fort. Hecho el Depósito Legal en la Biblioteca Nacional del Perú No. 2022–00000 Se terminó de imprimir en agosto del 2022 en: Preprensa e impresión Xxxxxx

6 7 pioneros de la minería moderna en el perú la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx PIONEROS UN PASADO INSPIRADOR introducción Por ello reunimos en esta publicación las historias de algunos de esos pioneros de la minería moderna en el Perú, todos protagonistas en la evolución y desarrollo de la industria. En una primera parte destacamos la trascendencia que tuvieron en su desarrollo la Negociación Fernandini y la trasnacional Cerro de Pasco Mining Company, como antecedentes fundamentales y escuelas para el desarrollo de nuestra minería en la segunda mitad del siglo XX. En la segunda parte contamos la historia de cinco emprendimientos que fueron fundamentales para impulsar el boom minero de la primera década del siglo XXI. Si bien cada caso es particular, todos se desarrollaron en la misma época y fueron capaces de superar las distintas crisis. Pero, quizá lo más importante es que sus propietarios y ejecutivos convivieron al lado de las comunidades donde se emplazaban los yacimientos. Como los obreros o los pobladores de las comunidades aledañas, esos propietarios y ejecutivos decisores celebraban las mismas fiestas, solucionaban problemas de infraestructura y, en esa convivencia, dialogaban continuamente para lograr consensos. Sentían a flor de piel las necesidades de aquellas poblaciones y se organizaron para dotarles de educación, infraestructura y herramientas productivas para mejorar la calidad de vida alrededor de las minas, pese a que no había obligación alguna de hacerlo. En estos tiempos de polarización y conflictos, cuando en muchos cunde el desaliento, vale la pena volver al pasado y buscar inspiración en las gestas de los pioneros cuyas historias aquí destacamos. Esa inspiración seguramente nos ayudará a encontrar caminos viables de recuperación para el país, para las regiones y una mejor sintonía entre las mineras y las comunidades. Seguramente así podremos llegar a consensos y compromisos sostenibles. Víctor Göbitz Las crisis más graves de nuestra historia republicana se produjeron como consecuencia de la guerra con Chile, a fines del siglo XIX y, la otra, igual de degradante, por la insania terrorista y la hiperinflación gestadas en los años setenta y que se prolongaron hasta inicios de la década de 1990. En ambos casos, postrados contra la pared, los buenos liderazgos apoyados por la sociedad civil permitieron que la minería jugara un papel estratégico en la recuperación económica y espiritual de los peruanos. La minería fue la locomotora que permitió la recuperación del país en ambos casos. A partir del Código de Minería de 1950 se vivieron en el Perú casi 20 años de crecimiento económico y de desarrollo social. Gracias a ese marco promotor de las inversiones se gestaron importantes empresas. Aquellas que lograron sobrevivir, superando dictaduras, cierres de fronteras, hiperinflación, terrorismo, limitaciones tecnológicas o de financiamiento, consolidaron la base de lo que sería el boom minero de inicios del siglo XXI. Es decir, fueron la base de un renacimiento que impulsó el desarrollo nacional. Las empresas creadas al amparo del Código de 1950 -hace setenta años- trabajaron en zonas donde era más que evidente la ausencia del Estado, y se constituyeron como vecinos serios de las poblaciones aledañas, sufriendo o conviviendo con los mismos problemas y gestionando soluciones para sus operaciones cuyos beneficios impactaron positivamente en el desarrollo económico y social de esas comunidades. Gracias a la privatización y a los cambios económicos de los noventa, la minería fue nuevamente la punta de lanza en la recuperación, luego de los nefastos años ochenta. Los tributos, la generación de empleo, las cadenas productivas, la incorporación de nuevas tecnologías y el desarrollo económico y social permitieron bajar, como nunca antes, los índices de pobreza y el Perú se volvió a interconectar con el mundo.

PARTE 1

10 pioneros Don Eulogio Fernandini tuvo en su círculo cercano a notables peruanos como Pedro Paulet o Santiago Antúnez de Mayolo. . NEGOCIACIÓN FERNANDINI u · n · o Don Eulogio Fernandini de la Quintana no solo fue un audaz emprendedor minero y agrícola, con visión de futuro y amante del conocimeinto y la tecnología, sino que en los momentos más críticos del país abrazó siempre la causa de la peruanidad. LAS ALTURAS UN CABALLERO EN

12 13 pioneros de la minería moderna en el perú La mina de Colquijirca ya era célebre antes de la llegada de los españoles. Daba la sensación de que estuviera en el centro de un cráter lunar, en una llanura bordeada por cadenas de cerros en todas las direcciones. Ubicada en Cerro de Pasco, a más de 4,200 msnm. casi siempre se descubría a primera vista como una pampa seca, amarilla y marrón, pero cobraba un vívido verde durante la estación de las lluvias o relucía completamente blanca después de una nevada. El nombre de la mina viene de los vocablos quechuas “colque” (plata) y “jirca” (cerro). Cerro de plata. La pampa era parte del distrito de Tinyahuarco, nombre de la tribu preínca que la ocupó hace mil años. Existen vastos testimonios de que los nativos de aquella época eran hábiles y diligentes en el trabajo de la plata, orfebres por tradición que vieron interrumpido abruptamente su estilo de vida con la llegada de los españoles. En diversas crónicas se revela lo extasiados que quedaron los conquistadores ante la vista de “indios transportando cientos de arrobas de oro y plata fina”, como relataría Miguel Astete en 1533. Las reservas de mineral eran tan asombrosas –plata, cobre, zinc y plomo– que Colquiijirca también llegó a ser conocida como la Nueva Potosí, en alusión a la famosa mina de plata de Bolivia que, por entonces, junto con las de México, eran las referencias obligadas sobre el mineral argento en el Nuevo Mundo. Si bien la mina databa de siglos antes y superó varios periodos de productividad y otros de abandono, el verdadero artífice de la leyenda y gloria de Colquijirca fue don Eulogio Fernandini de la Quintana, quien había nacido en Ica el 13 de setiembre de 1860, como hijo del Dr. Erasmo Fernandini y de la señora Ignacia de la Quintana. El primer e involuntario golpe de timón en su vida se produjo cuando su padre fue nombrado Presidente de la Corte Superior de Junín, con sede en Cerro de Pasco, ciudad adonde se mudó toda la familia. El destino lo llevaría a continuar sus estudios en el Seminario de Huánuco, donde contraería una extraña infección intestinal que, pese a su atención con La fundición de Huaraucaca fue de las primeras de su envergadura en Cerro de Pasco. Entonces era la única gobernada totalmente con electricidad.

14 15 pioneros de la minería moderna en el perú distintos médicos, ni él ni sus padres pudieron controlar. Según da cuenta Mario Samamé Boggio en el histórico libro de referencia, ‘El Perú minero’, entre los amigos de don Erasmo se encontraba un ciudadano alemán de apellido Hanchel. Estando por regresar a su país, le ofreció llevar consigo al joven Eulogio para que fuera auscultado por especialistas de primer mundo y, de paso, para que continuara con su educación. De esa manera el joven Eulogio viajó a Hamburgo, recuperó su salud y terminó el ciclo escolar de forma satisfactoria. Luego, bajo la tutela de la señora Hanchel, se trasladaría a Viena donde terminaría sus estudios universitarios y forjaría su carácter acorde a la férrea disciplina prusiana, una influencia que lo acompañaría de por vida y que se manifestaría en su indetenible espíritu de trabajo, dedicación y perseverancia, pero también en “la rectitud de su conducta”, como subraya Samamé Boggio. Cumplidos los 24 años, en 1884, su padre mandó llamarlo de vuelta y el joven Eulogio enrumbó hacia el Callao. Allí fue recibido por don Ismael de la Quintana, primo de su madre, quien lo embarcó casi de inmediato hacia Cerro de Pasco. Cuenta la “crónica oficial” que allí se enroló en una de las minas de los Hermanos Gallo y que viajando a Lima conoció a Isolina Clotet Valdizán. Justamente, una de las historias más difundidas en relación a la llegada de don Eulogio Fernandini a la dirección de Colquijirca es atribuida a su matrimonio con la señora Isolina Clotet, quien fuera hija del vicecónsul español en Pasco, Manuel Clotet Matamoros, y de la dama huanuqueña Guadalupe Valdizán de la Mata. En muchas crónicas se ha dado como un hecho que la mina o un paquete de acciones le fueron obsequiados como una suerte de dote o regalo de bodas. Lo cierto es que, de acuerdo a las indagaciones del historiador Moisés Cueva, esa versión carece de precisión. Para empezar, Colquijirca no tenía un solo dueño, pues es un hecho notariado de que existía la Sociedad Restauradora Colquijirca o Restauradora Colquijirca que, de acuerdo al Boletín de Minas, Industrias y Construcciones del año 1901, en su página 135, se lee: “… el yacimiento mineral de Colquijirca, que muy trabajado por los antiguos en sus zonas altas, fue después más o menos abandonado… en épocas más recientes, para desaguar las labores inundadas, se perforó un socavón de 200 metros de longitud que fue abandonado entonces, sin llenar su objeto, el que aprovechó la Sociedad Restauradora de Colquijirca para desaguar la mina”. Otros documentos confirman que Manuel Clotet no era el único accionista, tampoco el mayoritario, sino que se ubicaba detrás del Cónsul británico Jorge E. Steel o del italiano don Juan Languasco. Por otro lado, la correspondencia privada entre el vicecónsul y don Eulogio Fernandini es reveladora. En una carta que conserva la familia, Clotet padre agradece a Fernandini su “noble acción al arreglar definitivamente la deuda que yo tenía con la casa de Puccio”, una de las importantes casas comerciales de Pasco, ubicada en el jirón Grau y de propiedad de Emmanuelle Puccio, donde también funcionaba el comercio de los posteriores dueños de la casa Gallo Hermanos. “Me es absolutamente imposible poderte significar cuál de tres cosas me ha dado mayor contento: 1. El verme libre de esa deuda que tantos malos ratos me ha proporcionado, amargando mi existencia. 2. El considerar la prueba de cariño que le has dado a Ysolina haciéndole este obsequio para el 28 de diciembre, sabiendo tú que era el mejor regalo que podías hacerle. ¡La pobrecita me quiere tanto! 3. La convicción que tengo de que me distingues y me aprecias, acordándote de mí para tan generosa acción. Une las tres y verás que no tengo palabras ni cómo demostrarte mi gratitud”, continúa en la carta dirigida a su yerno Manuel Cotlet. Promediando la segunda mitad del siglo XIX, por sus contactos en Lima y su condición profesional, don Erasmo estaba por encima de Manuel Clotet en la jerarquía social y local. No solo era presidente de la Corte Superior de BAJO LA TUTELA DE LA SEÑORA HANCHEL SE TRASLADARÍA A VIENA, DONDE TERMINARÍA SUS ESTUDIOS UNIVERSITARIOS Y FORJARÍA SU CARÁCTER ACORDE A LA FÉRREA DISCIPLINA PRUSIANA.

16 17 pioneros de la minería moderna en el perú Don Eulogio Fernandini con los ingenieros y su personal de confianza en Colquijirca, frente a la casa administrativa de la Negociación que llevaba su nombre.

18 19 pioneros de la minería moderna en el perú Junín sino que había invertido en varias minas; tan es así que era socio de Miguel Gallo Diez en una de ellas (San Francisco de Paula). En la memoria que presenta el Ministro de Instrucción, Culto, Justicia y Beneficencia al Congreso Nacional de 1876, don Erasmo figura como vicepresidente de la Sociedad de Beneficencia, y el año anterior como uno de los ocho principales contribuyentes de Huancayo, como se subraya en el libro ‘Huancayo: historia, familia y religión’ de José Benigno Peñaloza Jarrín. Ya en el Padrón General de Minas de 1903, del Ministerio de Hacienda y Comercio, se da cuenta de que don Erasmo y su hijo Eulogio Fernandini sumaban intereses en proyectos como Santa Catalina, Uliachín, El Porvenir o Peregrina, San Francisco de Paula, San Antonio del Arco, entre otras, la mayoría de ellas minas de plata. Además, la Testamentaria Fernandini ya era la propietaria de Huaraucaca con dos ingenios permanentes. Otro tema que no está definitivamente claro es si don Eulogio fuera un empleado de los Hermanos Gallo, como se ha romantizado en la historia. Más sensato sería afirmar que era su socio por herencia. Tan es así que la de ambos fue una amistad de por vida, la relación amical continuó por mucho tiempo pese a que en un momento concluyeron sus relaciones comerciales. De hecho, pese a que apenas llegado de Europa el Perú ya estaba sumido en una terrible crisis económica y productiva, luego de la dramática guerra con Chile y la posterior ocupación de nuestro territorio. En esos años se habían destruido puertos, industrias y todo tipo de capacidad o infraestructura productiva en casi todo el país. El joven Eulogio tuvo que empezar desde cero y uno de sus primeros méritos fue, justamente, poner en orden las finanzas y la administración de los bienes de la familia. Una visión de primer mundo Una vez involucrado en Colquijirca, inmediatamente se comprometió con el trabajo en el socavón principal con los rudimentarios y escasos medios disponibles en aquella época. A base de tenacidad lograría recién, al cabo de trece años de insdesmayable esfuerzo, encontrar la famosa veta de cobre, plata y zinc que haría relucir la reputación de esa famosa mina para la posteridad. Por otro lado, gracias a su visión de mundo, Eulogio comprendió rápidamente que la región necesitaría mejores instalaciones para tratar los minerales que fueran extrayendo de sus minas y de aquellas que desarrollaran a su alrededor en el futuro. Es así que en paralelo a los trabajos en el socavón habilitó una fundición en Huaraucaca para la producción de barras de plata, pero con una visión de modernidad y de cambio tecnológico. El ingeniero Marco Aurelio Denegri se referiría a los trabajos en ejecución en 1904, cinco años después de su inauguración, en los siguientes términos: “La instalación de la primera mitad de maquinaria hidráulica y eléctrica que Don Eulogio Fernandini ha contratado con la firma Siemens & Haiskc de Berlín, para disponer en sus minas de la hoya de Cerro de Pasco, en Colquijirca, y en su fundición de Huaraucaca son de 1,400 caballos de fuerza eléctrica pues sus maquinarias, inclusive sus bombas, serán todas gobernadas por la electricidad siendo por consiguiente a mi juicio, él y su ingeniero peruano Don Antenor Rizo Patrón, los únicos que han comprendido aquí, oportunamente, la enorme economía que representa una instalación de trasmisión eléctrica de fuerza en una región que carece aún de amplios medios de transporte, baratos y rápidos, izquierda– El ferrocarril era el medio de transporte habitual desde Cerro de Pasco hacia Lima y el Callao.

20 21 pioneros de la minería moderna en el perú de combustible y además de las grandes ventajas que se derivan de la sencillez y economía con que puede enviarse la fuerza a las máquinas portátiles que precisa instalar dentro de las minas”. Ese mismo año, don Carlos E. Velarde concluye que: “…uno de los mineros que ha adquirido buena parte de las propiedades en Cerro es el señor Eulogio Fernandini de la Quintana, que tiene instalada desde 1899 la oficina de fundición de Huaraucaca, a 9 millas de Cerro de Pasco y a orillas del río San Juan. En ella se beneficiaron minerales sulfurados y oxidados de cobre, en hornos de manga o water jackets, previa calcinación en reverberos; pudiendo considerar esta oficina por su acertada disposición y por el éxito obtenido, como la segunda del Perú, siendo la primera la de Backus & Jhonston en Casapalca. La instalación y manejo ha corrido desde el principio a cargo del ingeniero don Antenor Rizo Patrón”. Cabe subrayar también que la instalación de las dos plantas eléctricas que le surtían de energía las concretó en base la represamiento de la laguna Punrún, en sí misma una obra de grandes proporciones. Veinte años después de haber vuelto al país, don Eulogio, en sus cuarentas, ya se había convertido en el más importante empresario minero peruano. El socio perfecto Una de las principales preocupaciones de los líderes exitosos es la de rodearse con personas talentosas. Don Eulogio estaba siempre atento a satisfacer ese principio en las distintas especialidades que se integraban tanto en la labor minera, metalúrgica, agropecuaria como empresarial. Es así que a fines del 1889 se entrevistó con un joven profesional de 22 años que había tenido una labor muy comprometida y destacada dirigiendo los laboratorios y las oficinas de ensayo en la mina Casapalca, en ese entonces propiedad de la sociedad Derecha– Antenor Rizo Patrón, sentado a la derecha, fue fundamental para el desarrollo de la planta de beneficio. En la otra silla, Joseph M. Flannery, de la Vanadium Corporation, y don Eulogio ubicado de pie al centro.

22 23 pioneros de la minería moderna en el perú Backus & Jhonston. Se trataba de Antenor Rizo Patrón Lequérica, quien dos años antes se había graduado como ingeniero de minas. Rizo Patrón era tan apasionado de la minería como del estudio y de la investigación. Su espíritu de trabajo era motivado por la curiosidad y su auténtica dedicación a la resolución de problemas. Por ello, don Eulogio Fernandini no dudó en contratarlo de manera muy ventajosa para que dirigiera los establecimientos metalúrgicos de Huaraucaca. Seguramente en la evaluación del joven también influyó el hecho de que no se amilanaba ante los retos, pues se trataba de una planta moderna que contaba con una subplanta de preparación mecánica de minerales y una concentradora por flotación; una oficina de amalgamación para minerales argentíferos; una fundición de hornos de cuba para producir matas de cobre y, una oficina de lixiviación de bismuto hasta obtenerlo en estado metálico. A su corta edad, el joven ingeniero Rizo Patrón se constituyó como jefe de esa gigantesca planta, una de referencia en el país. Un año después de establecerse en Huaraucaca, en 1900, regresaban don Eulogio y el joven ingeniero de la visita a una concesión altoandina e hicieron una pausa en la hacienda Ayaracra. Allí recibieron unas muestras de carbón que habían encargado recoger en la antigua Minasragra, abandonada hacía bastante tiempo, para ver la posibilidad de utilizarla en la fundición de Huaraucaca. Como no había combustible para la calefacción, ambos decidieron utilizar parte de ella. Al encender el carbón, éste despidió una inesperada cantidad de gases sulfurosos que llamó la especial atención del ingeniero, pues en la muestra no se detectaban otros sulfuros o pirita que les fueran familiares. Al analizarlas en profundidad, Rizo Patrón encontró una rara mezcla de vanadio con azufre de la que no se tenía noticias en otras partes del mundo. Superada la sorpresa, le informó sobre el inesperado hallazgo a don Eulogio Fernandini. Más adelante, el cuerpo de ingenieros de minas, bajo la jefatura del notable científico don José Julián Bravo, con la participación del científico norteamericano, Foster Hewet, concluyeron que se hallaban ante una nueva especie mineral. Esta originalidad fue constatada también enviando muestras a laboratorios académicos de Estados Unidos. Al pentasulfuro de vanadio fue bautizado, en justo homenaje a su descubridor, con el nombre de “rizopatronita”. En 1905, Fernandini y Rizo Patrón denunciarían el abandonado yacimiento de Minasragra y le pusieron el nombre de La Química. Convencidos de la abundancia de vanadio en la zona, hasta el año 1906 siguieron concretando los denuncios de las minas la Física, Triunfo de la Química y Laboratorio. El vanadio era, entonces, un elemento indispensable en la metalurgia porque, añadido al acero, lo dotaba de una excelente dureza, procurándole la posibilidad de múltiples usos. En pleno desarrollo de la era industrial el vanadio peruano se hizo tan popular que el 90% de la producción mundial salía de Minasragra, convirtiéndose, para el año 1906, en la primera productora de vanadio en el mundo. La sociedad establecida por don Eulogio y Antenor Rizo Patrón continuaría por tres décadas y sumaría muchos otros éxitos. El crecimiento de la Negociación La Smelter, primera fundición de la Cerro de Pasco Mining Co., estuvo ubicada muy cerca a la fundición de Huaraucaca, considerada entre “las fundiciones de mayor importancia que existen en el Perú, tanto por las máquinas modernísimas Trabajadores y pobladores de la zona se reúnen en la puerta del templo antes de la misa de los domingos. LA NEGOCIACIÓN FERNANDINI INCREMENTÓ SUS PROPIEDADES. ENTRE ELLAS SE DESTACABAN COLQUIJIRCA DE PLATA, CERRO DE PASCO DE COBRE, SAN GREGORIO DE BISMUTO Y HUANCAVELICA DE MERCURIO.

24 pioneros 25 de la minería en el perú que emplea como por su capacidad productiva”, como refiere el libro ‘El Perú en el primer centenario de su Independencia’, publicado por la Societé de Publicité Sud-Américane Monte Domecq’ & Cie., en conmemoración de ese importante aniversario patrio, y reeditado en su versión original por la Fundación Luis Enrique Tord. Huaraucaca estaba a 16 kilómetros de Cerro de Pasco, a una altitud de 4,267 msnm. y tenía conexión directa con el ferrocarril Cerro de PascoLa Oroya desde la Estación Fernandini. A esta estación llegaba el mineral mediante un funicular de 400 metros de largo y un tranvía de dos kilómetros con el objeto de que fuera transportado hacia la costa. Por otro lado, la planta tenía capacidad para tratar 100 toneladas diarias de mineral y de fundir 220 en sus dos hornos de manga o water jackets. Para ello empleaba entre 800 y 1000 trabajadores al día. Esta moderna planta también estaba conectada por vía férrea –de propiedad de la propia negociación– con Colquijirca, la emblemática mina de la Negociación. Más allá del desarrollo de Colquijirca y Huaraucaca, don Eulogio se resistió hasta donde pudo a vender sus propiedades mineras a la Cerro de Pasco Mining Co., instalada también en el corredor minero de la sierra central desde 1902 y que había implementado un frenético plan de expansión. Más bien, don Eulogio se organizó para operar autónoma y estratégicamente a pequeña escala. Por ello había adquirido concesiones carboníferas, como las de Oyón, Goyllarisquizga y Jatunhuasi, para la fabricación de coke, entonces insumo fundamental en el proceso de fundición. Años más tarde, estas concesiones carboníferas ubicadas en Quishuarcancha le serían de mucha utilidad, pues las canjearía a la Cerro de Pasco por otras metalíferas en los alrededores de Colquijirca. Aparentemente esto sucedió alrededor de 1916, cuando ya se había desarrollado el proceso de flotación. Ya no requeriría carbón así que le propuso a la Cerro de Pasco el mentado canje, dando cuenta de que no solo era un empresario visionario sino también un hábil negociador. Almuerzo en honor a los ingenieros en la Negociación Fernandini, alrededor de 1920.

26 27 pioneros de la minería moderna en el perú Por su parte, después de 31 años ininterrumpidos trabajando para la Negociación Fernandini, don Antenor se retiraría en 1920 para dedicarse al campo y a la ganadería en su hacienda Atojsaico. No había perdido la curiosidad ni sus capacidades de investigación. Tan es así que en poco tiempo, en nueva labor como ganadero, obtuvo todos los premios posibles en las Exposiciones Ganaderas tradicionales de aquella época, en las que los bovinos eran evaluados por sus cualidades genéticas y estructurales. Sin embargo, la degradación de los terrenos por los humos de otra gran refinería, la de La Oroya, truncarían ese proyecto y, ya con avanzada edad, decidiría venderle esas tierras a la propia Cerro de Pasco Copper Corporation. Con varios años a cuestas y con las dolencias propias de la edad decidió volver a Lima, dejando detrás varias generaciones de profesionales formados en Cerro de Pasco, donde también fue maestro. Ya establecido en la capital cambió de rubro y se dedicó a las finanzas, fundando el Banco Hipotecario del Perú y, luego, por sus calidades y espíritu de trabajo, le otorgarían la Dirección General del Banco Popular, labores que cumplió con la eficiencia que acostumbraba en todos sus proyectos. A la edad de 81 años, un paro cardiaco lo sorprendió en pleno trabajo, lo que le ocasionó una muerte instantánea. Era el 7 de julio de 1948. Entonces ya había hecho méritos suficientes para recibir el reconocimiento de sus colegas ingenieros y de la sociedad peruana, especialmente en Cerro de Pasco, donde el primer centro secundario del departamento le rinde justo homenaje enalteciendo con su nombre el frontis de la escuela. Un peruano prominente Convertido ya en el empresario minero más exitoso del país, y habiendo logrado sus objetivos personales, la atención de don Eulogio se enfocó en otros Por esa misma época, la Negociación Fernandini había incrementado el número de sus propiedades, entre las que se destacaban la mina de plata Colquijirca, la de cobre Cerro de Pasco, San Gregorio de bismuto y Huancavelica de mercurio. Todas estas minas contaban con máquinas y bombas eléctricas para la extracción del mineral y para desaguar los socavones. Además, estaban equipadas en su interior con aparatos que facilitaban las comunicaciones telefónicas. Estas máquinas y aparatos hacían realmente la diferencia, principalmente en la mina Santa Bárbara, en Huancavelica, una comunidad aislada y alejada a poco menos de 100 kilómetros de las vías principales. En 1915 don Eulogio había adquirido la concesión. Allí, a esa altura, no existían medios modernos para el transporte o para las comunicaciones. En varios años y con muchas dificultades, la compañía había realizado labores de exploración 200 metros por debajo de los niveles explotados por los españoles. El desarrollo de la mina demandó que el equipo de don Eulogio invirtiera en una planta hidroeléctrica y hornos para la sublimación del mercurio, además de innovaciones para trasladar el sensible producto, utilizando maquinarias especiales para vencer obstáculos en el camino, incluso algunas de ellas conducidas por tramos a pulso o a lomo de acémilas. Recién a su muerte, el año 1947, las instalaciones estuvieron habilitadas para reiniciar las operaciones en Santa Bárbara. La testamentaria Negociación Fernandini Hnos., comandada por sus hijos Eulogio, Elías y Anita, se animó a introducir una innovación al inicio de las operaciones, paralizando las labores subterráneas y diseñando un método de explotación a tajo abierto. La producción de Santa Bárbara fue un éxito hasta que bajaron los precios del frasco de mercurio de US$ 550 a US$ 80, al descubrirse otros métodos más eficaces y con menos impacto en el ambiente y la salud de las personas en el proceso de recuperación del oro. SIENDO EL EMPRESARIO MINERO MÁS IMPORTANTE DEL PAÍS, DON EULOGIO SE ENFOCÓ EN NEGOCIOS COMO LA GANADERÍA, EN JUNÍN, Y EL CULTIVO DE CAÑA DE AZÚCAR Y ALGODÓN EN LA PERIFERIA DE LIMA. izquierda– Obreros en una galería de la mina La Cureña de la Negociación Fernandini. derecha– La usina eléctrica de la mina Río Blanco en Pasco.

28 29 pioneros de la minería moderna en el perú de la caña de azúcar y algodón, entre ellas se cuentan las haciendas Pró y Comas, ubicadas en el valle de Carabayllo. Las mismas virtudes evidenciadas en su periplo como minero le permitieron coronar estas experiencias con rotundo éxito, en virtud a su capacidad organizativa, liderazgo y espíritu innovador y tecnológico. Siguiendo el curso natural de su trayectoria se involucró también en actividades financieras y en bancos, pues se desempeñó como director de la Compañía de Seguros sobre la vida “El Porvenir” y del Banco Popular del Perú; y se aventuró en otros emprendimientos industriales, en los que fungió de accionista minoritario apoyando proyectos de terceros que le parecieron pertinentes y auspiciosos. “Bien puede verse que el Sr. Fernandini es un ejemplo bastante raro de energía e inteligencia industriales. Sus actividades multiformes y orientadas siempre hacia el progreso del país, su amable trato y exquisita gentileza, son cualidades que le han rendido el afecto y la consideración social de que hoy, merecidamente, goza”, se subraya en el mismo libro celebratorio por los 100 años de Independencia del Perú. Su altruismo ha dejado huella en distintos espacios, sean escuelas, hospitales, iglesias y comunidades con las que contribuyó de manera temas igual de importantes y con repercusión nacional. En realidad, desde sus inicios y en paralelo a la labor minera, él ya venía desempeñándose como un empresario ganadero, donde destacó por la calidad de su lana y la finura de sus ejemplares, llegando a tener un rebaño de cerca de 200,000 ovejas. Más tarde adquirió algunas tierras en los extramuros de Lima y cultivó con éxito caña de azúcar y algodón que permitieron satisfacer parte de la demanda de la capital con productos de alta calidad. Entonces, la tenencia de la tierra era todavía la principal fuente de riqueza, por ello don Eulogio se aplicó en la tarea de tecnificar la producción y sumar conocimiento científico. Su inquietud ganadera se desplegó principalmente en el departamento de Junín, donde tuvo en propiedad distintas haciendas. Su principal reducto vacuno y lanar se llamó Quisque, en el que introdujo el ganado Rambouillet, traído desde la Argentina para mejorar la especie. Otro reducto importante fue la hacienda Huanca, en Cerro de Pasco. Un predio de enorme extensión en el que, junto con las haciendas Acobamba, Alcas, Andachaca, Quinta Carmen y La Quinua, reunió una gran cantidad de ganado caballar, lanar, vacuno y de llamas. Siempre con la ambición de elevar la calidad genética de su ganado introdujo sementales de otras razas distintas a la Rambouillet como Durham y Shorthorn, consiguiendo especímenes de alto valor comercial. Y en la hacienda Conoc se dedicó a la cría exclusiva de ganado lanar de primera clase de la raza Oxford. Para la manutención de ese ganado produjo “en grandes extensiones de terreno excelentes pastos, algunos cereales y varios bañaderos para la profilaxia del ganado lanar”, según se detalla en el mismo libro de la Societé de Publicité Sud-Américane Monte Domecq’ y Cie. A lo largo de su vida fue adquiriendo más propiedades con fines agrícolas, dedicadas la producción de pasto para el ganado lechero como La Mulería, y otras más cercanas a Lima, para el cultivo izquierda– La hacienda Pró, en las afueras de Lima, se especializó en el cultivo de algodón y caña de azúcar con fines de exportración. Derecha– Las diversas actividades de don Eulogio Fernandini siempre estuvieron orientadas al desarrollo y al progreso del país.

30 31 pioneros de la minería moderna en el perú permanente y generosa. En ese sentido, el hecho de que un político ubicado en la otra orilla, comprometido con las luchas sociales y enemigo declarado de los empresarios, como Genaro Ledesma Izquieta, fundador del Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP), haya tenido solo palabras de elogio y gratitud para don Eulogio, dan cuenta del consenso alrededor de la figura de este peruano ejemplar, sean partidos políticos, autoridades o entre las distintas clases sociales de aquella época. En defensa del Perú Pero hay un hecho histórico por el que se le tiene que recordar con mucho agradecimiento. Con el Tratado de Ancón, en 1884, se había puesto fin a la Guerra del Pacífico y, desde entonces, los gobiernos de Perú y Chile se embarcaron en un arbitraje que ya duraba décadas, quedando pendiente el destino final de las provincias de Tacna y Arica. Conscientes de que la filiación de la mayoría era peruana, el país sureño emprendió una tarea de ‘chilenización’ de esos territorios durante cuarenta años, de tal forma que pudiera favorecerle un plebiscito y que los votantes de ambas provincias decidieran voluntariamente anexarse a su territorio. Cuando se instaló la Comisión Plebiscitaria en 1925, el Perú llegó con retraso a la campaña y era menester recuperar el tiempo perdido. Se requerían medios financieros para “poner en marcha la estrategia de la delegación peruana, proteger y ayudar a los ciudadanos peruanos e incurrir en cuantiosos gastos de transporte y publicidad; inclusive editar un periódico que se llamó ‘La Voz del Sur’ y que se imprimió a bordo del BAP Ucayali, donde sesionaba la delegación peruana”, según se relata en el libro sobre el ex congresista, Premier y ministro, Dr. Manuel Pablo Olaechea. De esa campaña dependía la recuperación o no de esos territorios. Ya entonces la propaganda chilena era abundante y abrumadora, por lo que en las altas esferas de Lima se hablaba de una colecta patriótica de la que su mismo líder, el presidente Joaquín Leguía, dudaba de los posibles resultados. Don Eulogio Fernandini pidió audiencia y le hizo saber al presidente que hiciera la colecta, que él no podía dar todo el dinero porque no era el único peruano, pero que se comprometía a poner lo que faltase. Y así fue. Sin embargo, ese no fue su único aporte. Fuera de la colecta, el empresario estimuló el reasentamiento de tacneños que habían sido desplazados por la guerra para que acudieran a votar y, entre otras cosas, este nuevo aporte económico sirvió hasta para comprarles sus camas. Esto permitió asegurar que Tacna se reconociera como parte del Perú hasta el día de hoy. La presión del árbitro, Calvin Coolidge, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, advirtiendo el clima violento y de presión por parte de los vecinos del sur, hizo que se desestimara la realización del plebiscito en esas condiciones, significando esto un triunfo diplomático para el Perú. Del mismo modo, años después, el fantasma de la guerra asoló nuevamente el Perú, esta vez por un conflicto fronterizo con Colombia. Como ha sido costumbre en nuestra historia, las finanzas públicas del Perú estaban en rojo y no éramos sujeto de crédito para comprar armas y municiones. Ante la amenaza de la guerra, de motu propio, don Eulogio puso a disposición de nuestra Fuerza Aérea una escuadrilla de aviones de combate completa que adquirió a título personal. Felizmente, el conflicto logró resolverse mediante el Protocolo de Rio de Janeiro. Más allá del detalle sobre estos hechos, lo que es de interés para nuestra historia es que don Eulogio Fernandini no solo fue un excelso empresario minero, ganadero y prominente hombre de negocios sino que, además, estuvo siempre conectado y fue muy sensible a la historia y a la política de su tiempo. Por ello, también debe ser reconocido como un auténtico patriota. � izquierda– Uno de los objetivos de don Eulogio, en los años veinte, fue la recuperación de Tacna y Arica (el morro en la vista), pero nuestro país solo logró hacerlo con Tacna.

33 de la minería moderna en el perú 32 pioneros La trasferencia de capacidades hacia los obreros nacionales ayudó a consolidar la labor de la Cerro de Pasco en el país. CERRO DE PASCO CORPORATION d · o · s La compañía norteamericana impulsó un desarrollo insospechado en el Perú durante el siglo XX, con impactos claros en la economía, en la legislación laboral y en el desarrollo de la industria nacional. Muchos campesinos devinieron en obreros y tecnificaron su trabajo. DEL FUTURO LA ESCUELA

34 35 pioneros de la minería moderna en el perú Cuando en 1902 la Cerro de Pasco Corporation se instaló en la sierra central trajo consigo la semilla de lo que sería la mayor inversión del siglo XX en el Perú. Una de dimensiones jamás vista en Sudamérica y la más importante de la minería norteamericana fuera de los Estados Unidos. La compañía arribó con sus motores eléctricos y equipos mecanizados a un país semifeudal y centralizado, en el que el campesino no tenía derecho a la propiedad, donde no existían leyes laborales y se ubicó en regiones donde la presencia del Estado era tan precaria como los caminos que las conectaban con la capital. Llegó cuando en el mundo no había conciencia ambiental y en una época en la que el Perú todavía no tenía cerradas las heridas que había dejado la Guerra del Pacífico. Durante sus siete décadas en nuestro territorio, la Cerro de Pasco fue la empresa con base en Perú que más invirtió, la que más tributó y la mayor empleadora después del Estado. Pero, además, entre las cosas más importantes que dejó su presencia en el país, está su aporte a los sectores minero y metalúrgico de un modelo de trabajo basado en cuatro principios fundamentales: disciplina, investigación, eficiencia y meritocracia. A esa zona alejada del altiplano central llegaron los más destacados ingenieros, geólogos y metalurgistas del mundo, estableciendo las bases de una reputación incuestionable entre los profesionales peruanos ligados a la minería: “La Cerro fue una escuela”. Como no había posibilidad de acceder a servicios e insumos de dimensión industrial, la corporación actuó bajo el concepto de la autonomía. Aseguró la energía construyendo más de media docena de hidroeléctricas; el transporte habilitando cientos de kilómetros de vías férreas y caminos; los insumos invirtiendo capital en plantas industriales; el alimento de sus empleados cultivando pastizales y criando ganado superior; el óptimo rendimiento capacitando a su personal más talentoso en las mejores universidades del mundo y facilitando escuelas y servicios médicos de primera calidad, entre otros. Cerro de Pasco a inicios del siglo XX. Pese a la actividad minera artesanal, entonces seguía siendo una villa anclada en el tiempo.

36 37 pioneros de la minería moderna en el perú Por su importancia económica, Cerro de Pasco se convirtió en la capital de la provincia de Pasco, ubicada en la meseta del Bombón, una de las zonas altiplánicas de la Cordillera de Los Andes que se eleva a 4,380 msnm. en la zona de Yanacancha. Desde antes de la Colonia, esta región inclemente por su clima y geografía se caracterizó por sus generosos yacimientos de plata, cobre, zinc y plomo, comparables a las minas de México y de Potosí, en Bolivia, durante el siglo XVIII. A fines del siglo XIX, una de las primeras estrategias del gobierno de don Remigio Morales Bermúdez, tres meses después de iniciado su mandato, fue la de estimular el desarrollo de la minería dotándola de un marco legal que promoviera la explotación de nuestros recursos. Con ese propósito, el 8 de noviembre de 1890 se exoneró a la industria minera por 25 años de todo tributo, salvo por la contribución, canon o patente de minería, vigente desde el 12 de enero de 1877, y que refería a la vigencia o caducidad de la propiedad. Desde entonces, históricamente, la minería ha sido protagónica en los proyectos de recuperación, salud económica y desarrollo nacional. Pero algunos otros hechos contribuirían a la consolidación futura del sector minero, como la creación de la Escuela de Ingenieros. El nombre inicial de esta universidad fue “Escuela de constructores civiles y de minas de Lima”, fundada por el ingeniero polaco Eduardo de Habich en 1876. En ese entonces el Perú fuera de Lima era lo más parecido a una villa y los tiempos exigían la construcción de puentes, carreteras, ferrocarriles y nuevos métodos y tecnologías para hacer más eficiente la extracción minera, con el fin de modernizar y hacer posible la industrialización del país. Obviamente el promotor de todos esos esfuerzos era un Estado acostumbrado a contratar empresas e ingenieros extranjeros para la construcción de la gran infraestructura y, acaso, a algunos nacionales con estudios en el exterior. Pese a haber iniciado las clases algunos días antes, la Escuela se inauguró oficialmente el 23 de julio en la Casona de San Marcos. Por otro lado, el 22 de mayo de 1896, la Sociedad Nacional de Minería fue reconocida con un Decreto Supremo del gobierno de Nicolás de Piérola. El gremio nació de la escisión de la antigua Sociedad de Agricultura y Minería en tres sociedades diferentes: Minería, Agricultura e Industrias. Ese mismo año se creó el Ministerio de Fomento y Obras Públicas, encabezado por el liberal Eduardo López de Romaña, un ingeniero con estudios en Inglaterra especializado en la construcción de puentes de ferrocarril. Su propósito fue el de reactivar las inversiones en los distintos sectores productivos en base a la construcción de infraestructura. Uno de los primeros encargos de este flamante ministerio a la Sociedad Nacional de Minería fue la elaboración de un proyecto de Código de Minería que ordenara y le diera coherencia a la dispersa normatividad sobre el sector. El Código establecía que la propiedad minera legalmente adquirida era irrevocable y perpetua, como sucedía con cualquier otra propiedad, con la sola condición de que cumpliese con el pago del canon y treinta soles al año para asegurar el derecho a la pertenencia. Del mismo modo, las maquinarias, herramientas e insumos para el desarrollo de la actividad quedaron exentas del pago de derechos aduaneros. Este nuevo marco legal promovió en distintas zonas del país, especialmente en Cerro de Pasco, la inversión extranjera y desencadenó una búsqueda apasionada de nuevas vetas y denuncios ante la inminente llegada del capital foráneo. En ese sentido, fue también fundamental que se pusiera en operación el Ferrocarril Central Andino en 1893, un tren que unía el Callao, Lima y La Oroya, un despoblado cruce de caminos a 222 kilómetros del mar y, prácticamente, a una distancia equidistante entre Huancayo y Cerro de Pasco. Otro hecho que impulsó la reactivación de la minería en la sierra central fue la voluntad política de solucionar un viejo problema. Desde 1865 muchas de las minas de la región habían quedado inundadas, por lo que se hacía imposible derecha– Entonces eran comunes las casas de piedra, de madera y con techos de paja. También el curso de asequias en medio de las calles.

38 39 pioneros de la minería moderna en el perú su explotación. Por ello, en 1900, ahora como presidente electo de la República, Eduardo López de Romaña suscribió un contrato con la Empresa Socavonera de Cerro de Pasco, que se comprometió a desaguar esas propiedades mineras mediante la construcción de un túnel. A su llegada, la Cerro de Pasco Investment Company finalmente compró todas las propiedades y activos mineros de la Socavonera a cambio de tres millones de dólares en acciones de su propia empresa y aceleró sus objetivos. Es así que una política promotora de las inversiones, un marco normativo adecuado, un gremio como soporte técnico y político, la construcción de infraestructura como la del ferrocarril, así como una universidad de formación de nuevos cuadros profesionales, le permitieron a la minería establecer condiciones adecuadas para propiciar el desarrollo económico, social y tecnológico de la sierra central y, con ello, del futuro del país. La gran sociedad Cuando Alfred McCune y James Ben Ali Haggin convocaron a los hombres de negocios más poderosos de las costas este y oeste de los Estados Unidos a una cena en Nueva York, ya habían reunido tanta información y diseñado un proyecto tan detallado que estaban convencidos de que Cerro de Pasco sería el emprendimiento de sus vidas. James B. Ali Haggin era socio de George Hearst, quien era el más reconocido experto en prospección minera de la costa del Pacífico. La compañía de ambos, en sociedad con el abogado Lloyd Tevis, se convertiría en la más grande empresa minera de los Estados Unidos luego de la fiebre de oro en California, con minas explotadoras de oro, plata, cuarzo y cobre. Anaconda, en Montana, era una mina inicialmente de plata que luego transformaron en mina de cobre. En 1881 era la más grande productora de ese mineral en el mundo. Alfred McCune era de origen indio, constructor de ferrocarriles, propietario de negocios de retail, poseía también inversiones en minería y, como buen mormón, se había establecido en Salt Lake City, Utah, convirtiéndose en el primer multimillonario de ese joven estado. En 1887 acordó formar una sociedad con Hearst y Haggin para explorar la posibilidad de explotar el mineral de una tierra tan lejana como el Perú. Cuatro años después fallecería Hearst sin posibilidad de ver madurar el proyecto. Como expertos en exploración, operación y desarrollo de tecnología minera, Haggin y McCune convocaron a un grupo de grandes empresarios a esa cena en Nueva York. Hamilton McKwon Twombly y JP Morgan eran dueños de las principales líneas de ferrocarriles y, el segundo, ya era una eminencia financiera; Henry Clay Frick, socio de Andrew Carnegie, tenía la fábrica más grande y eficiente en la producción de acero y de la transformación del carbón como insumo energético; Darius Odgen Mills era entonces el banquero más acaudalado de California y, desde joven, tenía un conocimiento pleno del negocio minero. Estaba también Phoebe Hearst, viuda de Goerge y conocida activista por los derechos de la mujer y mecenas de distintas universidades. izquierda– En las primeras plantas concentradoras de la zona se trataba el mineral de una manera casi artesanal. Derecha– Las mineras imitaron el sistema de trabajo de las haciendas agrícolas y sus funciones diferenciadas.

40 41 pioneros de la minería moderna en el perú Era un grupo prácticamente inexpugnable y que, desde el origen, sentó en esa sociedad minera las bases de la filosofía que guiaría los destinos de la Cerro de Pasco Investment Company: la autosostenibilidad y la autonomía. La partida de nacimiento de esta sociedad quedaría sellada con su registro oficial el 6 de junio de 1902, aunque las labores de construcción y explotación empezaron en febrero de ese mismo año en nuestra sierra central. Un año antes, en julio de 1901, McCune había viajado por varios meses con su familia para reconocer el territorio peruano y para comprar él mismo las principales haciendas mineras de Cerro de Pasco. Toda la información básica se la había proporcionado James McFarlane, un ingeniero minero que actuó como “adelantado” en varias oportunidades durante catorce años, evaluando el potencial de la sierra central a la espera del momento ideal para hacer la inversión. Si bien históricamente ya se conocía que esta era una región muy rica en plata, todas estas monografías coincidían en que también había presencia de ingentes cantidades de cobre y carbón. En Europa y en Estados Unidos se masificaban la electricidad y los tendidos eléctricos, los tranvías, la fabricación de generadores y circuitos, la construcción de centrales eléctricas, entre otros, lo que elevaría por décadas la demanda del cobre. Tal fue el impacto de la irrupción masiva de la electricidad en la vida del hombre que, de 40 libras, como se cotizaba la tonelada en 1893, se elevó a 73 en solo seis años. McCune y Haggin tenían claro que con un mineral precioso como la plata podrían pagar la operación y que la explotación del cobre les generaría pura ganancia cuando empezara a intensificarse su demanda. El ingreso a la era industrial El diario El Minero, de la sierra central, señalaba: “Se ve ya la llegada de la gran industria minera con la presencia de numerosos ingenieros norteamericanos. Esto no viene sino a corroborar que los ‘yanquis’ se han hecho dueños de la ciudad, porque de las 522 minas empadronadas, ya se han vendido las 360 más importantes”. Más adelante, el 3 de octubre de 1901, el diario El Minero, de Cerro de Pasco, publicaba: “James McFarland, de nacionalidad norteamericana, se ha presentado ante el juzgado que despacha el Dr. Estanislao Solís, denunciando unos terrenos vacíos situados en los alrededores de la ciudad y en los pastos de la Hacienda Paria con una extensión de 640,000 metros cuadrados”. El propio McCune, como operador del sindicato minero, volvió a Perú para activar la oferta que les había anunciado a los propietarios de esas tierras un año antes. En un lapso de dos lustros, la corporación se haría rápidamente de la propiedad del 80% de las haciendas mineras de la zona, equivalente a un total de 70,000 hectáreas. En aquellos tiempos, Cerro de Pasco seguía pareciéndose más a un pequeño poblado que a una ciudad y tenía unos 15,000 habitantes. A esa realidad social con rezagos semifeudales, con una serie de fracturas, inequidades y prejuicios, llegó esta inversión monumental con formas y maneras de primer mundo. Por entonces, en el Perú, el hacendado era un ser todopoderoso, dotado de muchas ventajas económicas y políticas; mientras que los indígenas –en su gran mayoría analfabetos– carecían de acceso a la educación, a una buena alimentación e, incluso, de derecho al voto. En el caso de la minería, antes de la llegada de la corporación ya existía el “enganche”, un sistema aplicado solo a los campesinos indígenas devenidos en obreros que, a cambio de un adelanto de dinero, alimentos y otros insumos, eran mantenidos en condiciones indignas y, muchas veces, contra su voluntad. El tema del “enganche” fue atribuido históricamente a la Cerro de Pasco como una práctica instalada por ellos. Lo cierto es que no fue así. En un principio la empresa adoptó el sistema que prevalecía en las minas peruanas –lo cual fue admitido posteriormente como un error–, por lo que la empresa fue la primera izquierda– Pese a la altura y al clima agresivo, los extranjeros llegaron a adaptarse bien, sin la necesidad de abandonar sus costumbres.

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