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Enrique Garay: “La pata de la mesa que está fallando en el país es la exploración”

Habla Enrique Garay, presidente del XII Congreso Internacional de Prospectores y Exploradores (proEXPLO 2021), Congreso internacional entre el 22 y 26 de marzo y que organiza el Instituto de Ingenieros de Minas del Perú.

La inversión minera para la exploración en 2020 ha sumado US$223 millones, un monto 37.5% menor al reportado en 2019, su peor registro en años y, por supuesto, muy lejos de su pico en la última década de US$905 millones en 2012. Son diversas las razones de este declive. Enrique Garay, presidente de proExplo 2021, la feria que cada año nos recuerda que la exploración es el pilar de esta vital industria, en esta entrevista con Energiminas, abre en canal la situación actual en el país.

—¿Por qué ha caído tanto la exploración minera en los últimos años?

—Le doy un dato: para abrir Antamina se requirieron como 250 permisos en 1998, años después, en 2015, MMG tramitó 1,032 permisos para abrir Las Bambas. ¿Qué cambió entre 1998 y 2015? Hablamos de dos minas grandes, y en sus tiempos fueron las más importantes del Perú. Las Bambas se acercaba a los US$10,000 millones. Pues desde mi punto de vista, los problemas de los permisos, en lugar de atenuarse, han tomado protagonismo en la industria. Los permisos son tan importantes ahora que las mismas mineras han creado gerencias de permisos.

Enrique Garay es un gran defensor de la exploración minera puesto que él mismo ha pertenecido a equipos que han descubierto importantes yacimientos y que con el tiempo, y con mucho dinero, convirtieron los recursos mineros en reservas porque los metales no valen nada bajo la tierra.

Solo cuando llegan a los mercados que los necesitan, se vuelven monedas. Los últimos reportes sobre la exploración minera de distintas consultoras concluyen que la inversión en esta arista del negocio se ha contraído y una de sus obvias causas ha sido la pandemia de covid-19. “La naturaleza de la exploración minera son los viajes y recordará que hemos estado en confinamiento en el Perú”, especifica Garay en una entrevista virtual con Energiminas.

En efecto, en el país y en el mundo entero, las restricciones de viajar y mantener el distanciamiento social han sido la norma y no la excepción, las asambleas con las comunidades tuvieron que paralizar y así. La exploración minera, debido a la pandemia, y por supuesto debido aún más a la costumbre peruana de posponer las soluciones a los conflictos sociales para los que vendrán después, ha encajado el golpe.

A pesar de que existe la tecnología para ejecutar reuniones virtuales con las comunidades, y en muchos casos se han utilizado, la idea no ha prosperado del todo. El año pasado, María Antonieta Alva, exministra de Economía y Finanzas, reveló que desde el Ejecutivo estaban estudiando la idea de avanzar con los procesos de consulta previa y otros procedimientos como participación ciudadana para avanzar con diversos proyectos.

La idea no cuajó porque al poco tiempo dijeron reiteraron que todos estos procesos serían presenciales y se retomarían cuando se superara la pandemia y, en muchos casos, en esas estamos. “Hoy, con la segunda ola, todavía es incierto el futuro inmediato. esperamos que se resuelva con las vacunas, solo nos queda cuidarnos”, reflexiona Garay.

La exploración minera es la madre de la minería, dijo en alguna ocasión Miguel Cardozo, un conocido empresario minero peruano. En efecto, su importancia es sustancial, tanto así que, para Enrique Garay, va mucho más allá y actualmente se ha constituido en pieza clave pues “el inicio de la licencia social empieza con la exploración”.

En muchos casos, el encuentro entre las comunidades y la empresa minera equivale a un descubrimiento de América en pequeño.

¿Por qué lo dice?

Mire, el geólogo es en cierto modo es el embajador de la empresa minera, es el primero que llega a una zona de interés de exploración, el geólogo y su equipo son los primeros que entablan las relaciones con las comunidades, la semilla para una relación futura si se tiene suerte de encontrar un yacimiento, para que la relación perdure.

¿Así de importante es ese primer encuentro?

Sí, y creo que las empresas han comprendido que esa es la forma de hacer negocios, abrir puertas y ser nuevos vecinos dentro de una comunidad porque cuando llegamos a una comunidad, y esto debe dejarse muy en claro, somos los nuevos vecinos, e implementamos políticas de responsabilidad social, y no solo se trata de generar trabajo, sino también desarrollo sostenible. Sí, desarrollo sostenible.

Los mineros debemos decirlo: llegamos a lugares tan remotos. Yo me acuerdo del proyecto Quellopata, ahora Inmaculada, construimos 70 km de carretera donde el Gobierno no iba a construir. Llevamos la modernidad a un lugar remoto de los Andes, en el triángulo entre Ayacucho, Apurímac y Arequipa.

Yo me acuerdo. Y sepa usted que las carreteras no son solo para la mina sino para las comunidades en general. Sepa usted también que cuando formé parte de Rio Alto Mining, construimos un complejo educativo, no un colegio, un complejo educativo de primer nivel en Huamachuco, ese es uno de los tantos ejemplos.

Como cualquier otro sector en el mercado, la exploración minera batalla contra otras industrias por atraer capitales. Los fondos de inversión buscan proyectos rentables en dónde colocar sus capitales y para ello analizan tanto las empresas y los planes como los países en donde planean inyectar el capital.

Todos estos factores juegan a favor o en contra de un país y, por supuesto, los inversionistas suelen evitar las industrias riesgosas y la exploración es riesgo per se. Para entender lo incierto de esta industria, Enrique Garay lo explica de este modo: “Para encontrar un yacimiento tienes que haber revisado por lo menos 1,000 prospectos, a esto tienes que sumarle un riesgo intrínseco: existe el riesgo financiero y el riesgo político por si deciden expropiártelo y te cambian las reglas de juego, los impuestos, las constituciones, hablamos de un proyecto de largo plazo; tomar la primera muestra, definir el recurso y luego la ingeniería.

En todos estos tres pasos, por lo menos te has demorado entre diez y quince años. De allí la importancia para este tipo de inversiones de estabilidad y predictibilidad. En síntesis, para descubrir un yacimiento económico necesitas investigar 1,000 prospectos, para que luego de quince años de hallado el depósito se materialice todo el esfuerzo en una mina”.

¿Por qué nos cuesta tanto ser como Canadá o Australia?

No hay que ir a Canadá o Australia, en el sur, en Chile, hay un ejemplo claro. Mientras que tramitar en Perú una DIA (Declaración de Impacto Ambiental), que te permite perforar en 40 plataformas, demora hasta dos años en obtenerse por la consulta previa, en Chile, ese mismo permiso, que es también una declaración jurada, demora tres meses.

Te pongo el panorama de este modo: una minera junior que ha levantado capital para explorar, pero tiene US$5 millones para un programa de exploración de 40 plataformas, tiene que a su vez pagar una oficina, abogados, geólogos y demás y por dos años en el Perú antes de empezar a perforar, hay pues un costo implícito allí que no se pone a veces en la contabilidad.

En este aspecto de trámites somos menos competitivos. La probabilidad de dar con un yacimiento minero económicamente rentable es muy baja. Pero sí una ventaja tiene el Perú es su riqueza geológica.

“Perú es metal genéticamente favorable para la minería, le reconozco esa ventaja”, indica Garay. La cartera de proyectos mineros en el Perú ronda los US$60,000 millones a pesar de que el territorio peruano ha sido someramente explorado. “En los últimos 15 años se ha explorado poco debido a temas sociales”, dice el presidente de ProExplo 2021 y “cada vez es más complicado porque se debe obtener el permiso de las comunidades, pero por otro lado es una actividad que implica buenos retornos; encontrar una mina es mucho mejor que comprar una”.

Enrique Garay, como señalamos antes, formó parte de Rio Alto Mining, aquella modesta empresa que encontró los depósitos La Arena y Shahuindo bajo la dirección del connotado empresario minero Alex Black.

En 2009, la empresa formada por Black valía unos pocos millones de dólares, luego de poner en operación La Arena y Shahuindo, el valor de la compañía herborizó y en 2015 Tahoe Resources la compró por decenas de veces su valor inicial. “Descubrir un yacimiento es la pasión de los geólogos; he estado en el descubrimiento de Quellopata, fui parte del equipo que puso los primeros sondajes de exploración y perforamos la veta Ángela, que es Inmaculada ahora”, rememora Garay.

“Estuve en Pierina y encontramos recursos por cuatro millones de onzas de oro y al final era un yacimiento de 8 millones de onzas de oro; los geólogos tenemos que ir al campo, siempre, eso no ha cambiado, pero la tecnología ha evolucionado”.

La tecnología ha cambiado y no la exploración minera. Ahora se recopilan más datos y la calidad de estos se ha elevado. También se echa mano de más ciencias y más matemáticas y vectores y satélites. La cantidad de información que se termina acumulando al sondear es inmensa y todo con el fin de reducir la incertidumbre. En la exploración minera se están haciendo espacio la inteligencia artificial y la big data y más tecnologías innovadoras, “pero al final hay que ir al campo y comprobar que toda la interpretación es real y la única forma de definir un recurso es perforando, y hay que ir al campo”, explica Garay, presidente del proExplo 2021.

Hoy se busca mucho cobre y esa es una buena noticia para el Perú, el segundo productor mundial de este metal industrial pues el consenso del mercado es que el futuro será eléctrico y verde o no será.

También se ausculta por litio, tierras raras y siempre por oro, que sirve de cálido refugio económico cuando al mundo le va mal. Esto se busca en el mundo y poco se descubre. Uno los talones de Aquiles de la industria minera local es que, como indica Garay, no ha encontrado nuevos grandes yacimientos hace mucho tiempo.

Ejemplos de esto son Michiquillay y Galeno, depósitos descubiertos hace más de tres décadas y que aún no han sido puestos en valor. “No tenemos proyectos de oro nuevos, el último gran proyecto de oro fue Lagunas Norte, y otros proyectos medianos, pero uno grande no hay, y los de cobre que estamos construyendo (Quellaveco y Mina Justa) se descubrieron hace más de 20 años, para nuevos descubrimientos hace falta más exploración”, lamentó el ejecutivo. “La pata de la mesa que está fallando en el país es la exploración”.


Fuente: Revista Energiminas febrero 2021


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