10 11 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx BENDITA Desde tiempos inmemoriales era conocido que los tinyahuarco –tribu preínca que le dio el nombre a uno de los tres distritos de Pasco– eran hábiles y diligentes en el trabajo de la plata, primitivos y excelsos orfebres que vieron interrumpido su proceso histórico y estilo de vida con la abrupta llegada de los españoles. El principal asentamiento de los tinyahuarco fue el centro poblado de Colquijirca que, en quechua deriva de las palabras “golque” o plata y “jirca”, cerro. Cerro de plata. Un nombre que le hacía honor a esa región de geología volcánica. Existen crónicas de los primeros españoles en el Nuevo Continente que subrayan la abundancia de minerales en esta zona, como la de Miguel Astete quien, en 1533, mientras se encontraba en una misión exploratoria en busca de vetas minerales, se cruzó con una tropa de indios que transportaba cientos de arrobas de plata fina y de oro, cuyo destino era pagar el rescate del Inca Atahualpa preso en Cajamarca. Un tiempo más tarde, Cerro de Pasco se convirtió en la capital de la provincia de Pasco, ubicada en la meseta del Bombón, una de las zonas altiplánicas de la Cordillera de Los Andes que se eleva a una altura de 4,380 msnm. en la zona de Yanacancha. Desde tiempos previos a la Colonia, esta región inclemente por su clima y geografía se caracterizó por sus generosos yacimientos de plata, cobre, zinc y plomo. Esa riqueza propició que se formaran los primeros atisbos de un pueblo minero a fines del siglo XVI. Según publicara la revista institucional El Serrano, de la Cerro de Pasco Corporation, esta región ya era famosa por su potencial minero desde la llegada del quinto virrey al Perú, don Juan Antonio de Mendoza, Marqués de Villagarcía. En 1736 Cerro de Pasco ya deslumbraba por la aparición de boyas de plata, metales beneficiados por lixiviación y transportados a todas las haciendas convertidos en “plata piña”, poniendo en evidencia que se trataba de una riqueza mineral comparable a la de las minas de México y de Potosí, en Bolivia. Si bien en los años posteriores a la Independencia el aparato productivo nacional se concentró en la extracción del guano, una suerte de pequeña minería con métodos artesanales de explotación se desarrolló en distintas regiones del país. Ya entonces Cerro de Pasco producía el 65% de las existencias de plata en el Perú. Por ejemplo, en esa zona se podían contar “120 haciendas y 316 ingenios de moler metal, que se organizaron sucesivamente en los años siguientes en todos los alrededores de la ciudad hasta 15 kilómetros a la redonda”, subraya nuevamente El Serrano. Con ese movimiento de minerales, una de las principales inversiones en la zona fue el Ferrocarril Mineral de Pasco, que fuera aprobado el 17 de diciembre de 1864, durante el gobierno de Juan Antonio Pezet. Como cuenta el escritor e historiador cerreño, César Pérez Arauco, el primer ferrocarril de la sierra –oficialmente reconocido– fue construido por la Cerro de Pasco Railway Co. y realizó su primer viaje recién en 1869. Ese ferrocarril “unía a nuestra ciudad con las haciendas minerales de Occoroyoc, Quiulacocha, Tambillo y Sacra Familia… Todos los implementos y maquinaria del ferrocarril fueron llevados a lomo de mula y carretas por la ruta de Canta y fueron ensambladas in situ. Su recorrido total era de 13 kilómetros con una trocha de 1,076 metros”. LA TIERRA Cerro de Pasco había atraído siempre a mineros nacionales y extranjeros en busca de fortuna, pero la llegada de la Cerro de Pasco Corporation establecería una dinámica y dimensión que jamás se había experimentado en algún rincón nacional.
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