12 13 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Casi el único testimonio de aquella primera inversión ferroviaria en la región es una medalla conmemorativa que se lanzó en el día de su inauguración, según deja constancia la revista institucional de la Cerro de Pasco en la celebración del centenario: “Una medalla de plata de sus propias minas de tres y medio centímetros, en que aparecen en alto relieve una locomotora al pie de unos cerros elevados con nieve en sus cumbres y, en rededor la siguiente inscripción: Ferrocarril Mineral de Pasco – Contratistas Wyman y Harrison; y en el reverso: Se inauguró la obra el 19 de junio de 1869, siendo presidente de la República el Excelentísimo Señor Coronel don José Balta y Prefecto del Departamento de Junín, el señor Coronel don Bernardo Bermúdez”. En ese tiempo, ya las viviendas se superponían a las bocaminas y se asentaban alrededor o sobre los socavones desde los que se atacaban las vetas de plata, ubicadas en el sótano del casco urbano. Los trabajos se hacían con tal precariedad que los accidentes, los derrumbes y los hundimientos eran muy frecuentes. Prácticamente eran desatendidas todas las medidas preventivas. Incluso en las haciendas minerales, como se les llamaba a los molinos, la costumbre era procesar la roca mezclándola con mercurio en procura de la plata. Mientras estuvo activo, el Ferrocarril Mineral de Pasco ubicó su edificio principal en la Hacienda La Esperanza, donde se concentraban la plata y los pocos pasajeros que se trasladaban entre esas minas, pues la carga halada por locomotoras Maning Wardle era casi exclusivamente para el producto. Siendo que este ferrocarril nunca tuvo una conexión con la costa, a don Enrique Meiggs, polémico empresario ferrocarrilero, que ya había entregado el tren de Arequipa a Mollendo y avanzado 140 kilómetros –de los 224 pactados– que unirían el Callao y La Oroya, le resultó interesante comprarlo con la esperanza de conectarlo en el futuro con el que venía desde el Callao. Pero Meiggs nunca lograría cumplir con ese sueño, pues antes se le atravesaría la muerte. Es así que la concesión revirtió al Estado y este la cedió a la inglesa Peruvian Corporation como parte del acuerdo –junto con la explotación del guano y la concesión de todos los ferrocarriles del país– a cambio del pago de la cuantiosa deuda externa peruana. La Peruvian se había fundado teniendo como socios principales a los tenedores de bonos de la deuda externa nacional del llamado Contrato Grace, por el liderazgo y representación del menor de los hermanos, Michael Grace. La Guerra con Chile se había convertido en un punto de inflexión. Un parteaguas que dejó un país prácticamente en la anarquía luego de cuatro años de conflicto y ocupación. Más allá de la pérdida de vidas y talentos, la población peruana se sumió en una profunda rémora depresiva, en una quiebra espiritual y psicológica. Incluida su clase dirigente. Los chilenos se apoderaron de los territorios de Tarapacá, en Perú, y Antofagasta, en Bolivia, muy valiosos ambos por las perspectivas del salitre como abono en otras partes del mundo. En realidad, la posesión de esos territorios y su riqueza había sido la motivación original para el inicio de la guerra. La posterior ocupación de casi la totalidad del territorio peruano, trajo consigo el saqueo científico, de obras de arte y de libros valiosísimos, considerados como botín de guerra por el invasor. Luego de la retirada sureña, el Perú había quedado a la deriva, como un bergantín sin velas en aguas tormentosas, prácticamente ahogado en un mar de deudas, obligado a pagar cupos e impuestos en favor de Chile, con una moneda devaluada y una escasez de divisas tal, que la ruina financiera nos cerró todo acceso al crédito externo. Por si fuera poco, todo el aparato productivo nacional había quedado devastado por la destrucción de haciendas, puertos, flota naval y mercante, el incendio de haciendas azucareras y algodoneras, la voladura de industrias y de todas las vías férreas. Para colmo, por entonces el guano fue sustituido como principal fertilizante en los campos europeos –antiguos y asiduos compradores del producto– por nuevos abonos químicos y una derivación del salitre mismo. Incluso en Cerro de Pasco la vía del tren mineral quedó totalmente destruida, lo que produjo un gran impacto en la producción minera de la región. “Cerro de Pasco Mining Company es el nombre del Sindicato yanqui representado en este asiento por el señor James Mac Farlane que en breve dará principio a los trabajos de explotación en este tradicional emporio de riquezas. Han llegado varios empleados americanos que han hecho el viaje en carretas tiradas por dos parejas de mulas cada una. Ayer llegó el primer convoy de carretas conduciendo equipajes y madera”. El Minero Ilustrado, 1 de febrero de 1902 Monedas conmemorativas de plata que celebran la inauguración y puesta en funcionamiento del ferrocarril de Cerro de Pasco.
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