La Cerro de Pasco

100 101 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx que, de lo contrario, hubiesen ofrecido condiciones sumamente difíciles para la atención de emergencias, análisis de laboratorio, operaciones quirúrgicas y, como se adelantó, para la investigación científica. La paradoja ambiental El periodo de asentamiento de La Oroya coincide con el llamado Oncenio, la segunda ascensión a la jefatura del gobierno de don Augusto B. Leguía. Si bien ganó la elección en 1919 al candidato civilista, Antero Aspíllaga, la anulación de la Corte Suprema de un gran porcentaje de sus votos le generaron el temor de que el Congreso desconociera los resultados. Por ello, dio el 4 de julio un golpe de estado con apoyo de la gendarmería y disolvió ese Congreso adverso. Mediante plebiscito convocó a una Asamblea Nacional cuyo principal trabajo sería elaborar una Carta Constitucional que reemplazara a la de 1860. Salió airoso en ese propósito y, si bien en la Nueva Carta Magna de 1920 se incluyeron medidas progresistas, en la práctica su gobierno fue una dictadura bajo el eslogan de ‘Patria Nueva’, pues intervino las imprentas de los diarios más importantes, menoscabando la libertad de expresión, y deportó a líderes de oposición, entre ellos a José Pardo, ex presidente al que había sucedido en su primer mandato y la figura más influyente del derrotado Partido Civilista. Del mismo modo, mandó al exilio a otros representantes de la llamada “república aristocrática”, como los hermanos Jorge y Manuel Prado Ugarteche, así como a los estudiantes José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre, quienes serían años más tarde los fundadores de los partidos socialista y aprista, respectivamente, que pretendían darle representación al proletariado. Desde que fuera Ministro de Hacienda con Candamo y Primer Ministro durante el gobierno del propio Pardo y Barreda, Leguía se había mostrado como un entusiasta promotor de la inversión extranjera, especialmente de la estadounidense, por lo que la relación de la corporación con el gobierno en toda esa década de los años veinte fue bastante fluida. Esos largos once años de gobierno, empoderado por la juventud y un gran sector de la clase media, lo proclamaron como el gran modernizador de ese país que, ni en Lima ni en sus grandes ciudades, había concretado el deseo de convertirse en una metrópoli del siglo XX. En ese periodo financió con préstamos de entidades bancarias extranjeras mucha obra pública, como carreteras, plazas, grandes avenidas, atarjeas, importantes obras de irrigación, el terminal marítimo, el Palacio de Justicia, se inició el Palacio de Gobierno –que había sufrido un incendio–; además creó el Banco Central de Reserva, el Hipotecario, el de Crédito Agrícola –todos estatales– y la Escuela de la Guardia Civil, la Escuela de Aviación, la Escuela Nacional de Mujeres, etc. A la hora de su destitución, la creciente participación del Estado como motor del desarrollo había incrementado en nueve veces la deuda nacional. Sin embargo, en el ámbito minero y petrolero, la presencia de Leguía en el poder permitió consolidar la posición de los enclaves en nuestro territorio, especialmente los de la International Petroleum Company, en Piura, y de la Cerro de Pasco Copper Corporation; pero ello no fue suficiente para frenar la conflictividad que estas empresas empezaron a experimentar durante esa década. En el caso de la Copper, hasta 1923 la Fundición de Tinyahuarco había estado ubicada en una pampa muy alejada y prácticamente despoblada en las alturas; en cambio La Oroya –si bien despoblada en un principio– seguía siendo la puerta de entrada a la sierra y a la selva central, servía de asentamiento para pocos pero también era paso obligado para muchos. Y a solo 170 kilómetros de la capital. Es decir, todo estaba a la vista dentro de la quebrada. El intenso trabajo de la fundición y de la refinería, impulsado con energía eléctrica en tres turnos diarios, hizo que se advirtieran de inmediato las emanaciones de las chimeneas y el perjuicio que empezaron a causar con la CON LEGUÍA EN EL PODER SE CONSOLIDÓ LA POSICIÓN DE LOS ENCLAVES EN NUESTRO TERRITORIO, PERO ELLO NO FUE SUFICIENTE PARA FRENAR LA CONFLICTIVIDAD QUE AFECTÓ A LAS EMPRESAS EN ESA DÉCADA.

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