102 103 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx desaparición de los pastizales contiguos, las enfermedades en el ganado y la degradación del aire y los cuerpos de agua. Para las autoridades nacionales, en el Perú teníamos a disposición un amplio y diverso territorio, y aquellos que estaban ocupados por la industria extractiva representaban apenas una pequeña fracción. Sin embargo, las comunidades del entorno sí se sentían afectadas cada día y hacían pesar sus reclamos en la forma de conflictos sociales, muchas veces azuzados por las nacientes células comunistas infiltradas entre los dispersos campesinos y los obreros. La primera solicitud de control de las emanaciones fue expedida por el gobierno en 1924 y exigió la construcción de chimeneas anticontaminantes para que absorbieran el ácido sulfuroso que acompañaba al humo constante. En el análisis de cómo absolver esos reclamos, y sabiendo que iba a ser difícil resolver el problema a la brevedad por la constitución geográfica de esa quebrada, la Copper decidió hacerles una oferta de compra de tierras a las comunidades campesinas perjudicadas. Ante la disyuntiva, prácticamente todos aceptaron y la compañía terminó adquiriendo 320,000 hectáreas de esos dañados pastizales. En realidad habían sido 27 fundos los afectados por la contaminación pero, siendo que la inversión para las chimeneas de sistema Cottrell –las más recomendadas entre las anticontaminantes– no podían sumarse de inmediato a las realizadas para construir el complejo metalúrgico, la compañía decidió adquirir una extensión mayor como medida de seguridad y previsión. En ese entonces, por ley, los gamonales tenían el derecho de vender sus propiedades, pero los campesinos que ocupaban pequeños predios no tuvieron más remedio que abandonarlas y pedir trabajo en la misma fundición o replegarse a zonas más distantes y elevadas. Esas tierras se sumaron a las que ya tenía la empresa en su División Ganadera en Cerro de Pasco que, básicamente, por el principio de autonomía, utilizaba para sustentar de carne, abrigo y alimentos básicos a sus funcionarios, empleados y obreros. A raíz de esa operación, que podría catalogarse como el primer acuerdo de compensación ambiental en el Perú, la Copper se convirtió, a la postre, en el mayor latifundista de la región central. Habría que subrayar también que, por esos años, no existía en el mundo una arraigada conciencia ambientalista como la que, felizmente, estamos construyendo hoy en favor del planeta. Esos conceptos verdes recién aparecieron tras la Cumbre de la Tierra organizada en Brasil en 1992, casi setenta años después de estos hechos. La trucha combativa En los albores de los años veinte, todavía buena parte de los profesionales y técnicos de la Copper eran extranjeros y muchos provenientes de la zonas mediterráneas de Montana o California, donde uno de los pasatiempos favoritos era la pesca. Quizá por sugerencias de esos nostálgicos, entre los años 1925 y 1927, el señor B.T. Colley y el Dr. J.F. Mitchell pensaron que las aguas claras y frías de los antiguos riachuelos cercanos a las propiedades de la Cerro de Pasco podrían ser ideales para la crianza y desarrollo de algún pez gallardo, retador y elusivo de los anzuelos. En esa época no existían en el Perú truchas de ninguna especie. O ‘trouts’ como se les conocía en inglés. derecha– Como era imposible resolver pronto la contaminación de los humos de las chimeneas, la Copper decidió comprar los campos afectados.
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