110 111 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx La recuperación desde las cenizas del Viejo Continente tras la Primera Guerra Mundial y el afán expansionista de la industria norteamericana hicieron que Estados Unidos y Europa se trenzaran en una ardua competencia por la supremacía en el desarrollo global. Por ello, hacia 1925 se desató una crisis de superproducción que desencadenó, en la práctica, un ciclo de especulación bursátil. Algunos años más tarde, esa carrera por el control de la geopolítica mundial produjo una de las mayores conmociones sufridas durante el proceso de consolidación del capitalismo. En el famoso “jueves negro” del 24 de octubre de 1929 se inició el desplome de los precios en la bolsa de Nueva York, que arrastró una grave crisis bancaria en los Estados Unidos y provocó un pánico financiero sin precedentes entre los inversionistas. Los rumores crecientes de que la bolsa neoyorquina estaba sobrevalorada y que era presa de la especulación generaron una venta masiva de acciones que, aún ofrecidas al tercio de su valor, no encontraban compradores. La caída de la bolsa tocó fondo recién en enero y, en ese lapso, contagió a las economías de todo el mundo, dando lugar a la crisis conocida como el “Crac del 29” o “La gran depresión”. En ese entonces ya existían vasos comunicantes entre los mercados de distintos continentes y el declive económico en las naciones industrializadas resultó incontrolable; tan es así que, en solo tres días, cien mil empleados estadounidenses perdieron sus trabajos. La consecuente morosidad en los créditos privados y las posteriores medidas proteccionistas en Estados Unidos afectaron la relación económica y financiera de la nueva potencia con el resto del mundo y provocaron que la crisis saltara a países de todo el orbe, especialmente a las naciones cuyas economías eran dependientes del mercado norteamericano. Ese era el caso del Perú. Un país exportador de materias primas y que vivía a expensas de la importación de productos elaborados. Los precios del algodón, del azúcar, del petróleo y de los metales –las principales fuentes de ingreso de la economía nacional– fueron fuertemente castigados, lo que afectó los ingresos de las familias peruanas dedicadas a esos sectores. Para graficar el impacto de esta crisis en la economía nacional, cabe traer a colación unas cifras recogidas por Heraclio Bonilla en El minero de los Andes: Solo en la Cerro de Pasco Copper Corporation, entre 1929 y 1932, la planilla de obreros se redujo de 12,858 a 4,244 trabajadores. No se trataba, entonces, únicamente de una crisis económica, sino que, a consecuencia del Crac del 29, se produjo también un cisma político y social en el Perú. Al reducirse la compra de materia prima y la suspensión de los préstamos, por parte del gran aliado del norte, se interrumpió momentáneamente la afluencia de dólares a nuestra economía, provocando una súbita paralización de las obras públicas y la reducción paulatina de actividades comerciales e industriales. Las repercusiones económicas, ciertamente graves, construyeron el mejor escenario para montar un nuevo golpe de estado. Entonces, la dictadura de don Augusto B. Leguía tenía ya once años en el poder, su gobierno era presa de un desgaste natural y, cuando arreció la crisis, sus rivales dedujeron que esa era la oportunidad precisa para defenestrarlo. La convulsión social apenas pudo ser controlada con la vuelta al poder de las dictaduras militares La crisis fomentó una serie de protestas sociales en la región y actos de reafirmación de la fuerza laboral. IMPORTADA Con la dramática caída de su principal mercado por el Crac del 29, la corporación retrocedió en su producción y despidió a las dos terceras partes de sus obreros. Sin embargo, luego se fue abriendo más campo para ellos y los profesionales peruanos. UNA CRISIS
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