112 113 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx del Coronel Luis Sánchez Cerro y, tras su asesinato, del General Oscar R. Benavides. En ambos casos, las medidas para intentar imponer cierto orden en el país fueron muy duras y represivas. En los años siguientes se sucederían una serie de conflictos que sembrarían los cimientos para la construcción de un movimiento sindical pero, especialmente, saltaría a la palestra un grupo considerado anarquista por las élites del ejército y de la sociedad peruana, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), con Víctor Raúl Haya de la Torre a la cabeza. Y así a trancazos avanzaba el Perú luego de Leguía. La lucha sindical Antes de la culminación del Oncenio ya se habían suscitado algunos intentos para organizar movimientos populares. Uno de los más sonados se produjo luego de la tragedia de Morococha. Según el recuento de la revista Amauta, dirigida entonces por José Carlos Mariátegui, la comisión nombrada por el gobierno llegó a la conclusión de que el hundimiento de la “laguna de colores” se debió a un hecho natural; sin embargo, para la revista la minera estaba operando en dos galerías superpuestas debajo del fondo de la laguna y al abrir una chimenea entre ellas se produjo un error de trazo seguido de una fuerte precipitación. Prácticamente un torrente de lodo y piedras se chupó como por un embudo recorriendo las dos galerías y sepultó abruptamente a los trabajadores. Al mes siguiente, el 15 de enero, la revista Labor publicó un artículo sobre Las condiciones de trabajo en las minas, en el que subrayaba “si los trabajadores mineros estuvieran en posibilidad de usar su derecho de asociarse y organizarse, ya habrían encontrado la vía de sus reivindicaciones y una legislación al respecto ya estaría en marcha”. En octubre del año siguiente, en el parque Matamula de Lima, se fundó la Sociedad Pro Cultura Popular que desplegó una serie de acciones que irían sentando las bases de un movimiento obrero en el país. Después de varios desencuentros entre la minera y el grupo de trabajadores que empezaba a organizarse, bajo la orientación de representantes del Partido Socialista, se produjo la gran huelga de 1929 en Morococha, que es considerada un hito en la historia del movimiento sindical en el Perú. A consecuencia de la huelga, el 11 de enero de 1930 se formó el Comité de Minas de Morococha y el 28 de agosto se constituyó el Sindicato de Empleados y Obreros de la Fundición de La Oroya. La gestación de ese sindicato no fue un hecho casual. Desde que empezó a operar con la exigencia de un mayor conocimiento técnico y tecnológico, la empresa necesitó asegurar la permanencia de sus trabajadores más capacitados en la fundición. Esa presencia hizo que germinaran en la Cerro las primeras organizaciones de lucha de los trabajadores en la región central. Y esas mismas bases convocaron al Primer Congreso Regional de Trabajadores Mineros y Metalúrgicos del Centro, a partir del cual constituirían la primera Federación de Trabajadores Mineros, con la idea de aglutinar organizaciones similares en el resto del país. Las primeras demandas de esta Federación fueron relativas a los salarios y a las condiciones de trabajo, pero también la restitución de trabajadores despedidos, la abolición del sistema de contratos, el derecho a una indemnización en caso de despido o accidentes, la reglamentación de turnos de trabajo, el pago de sobretiempos y mejoras en los campamentos, entre otros. Inflamada por el azuzamiento político, los trabajadores empezaron a patrocinar otras reivindicaciones nacionalistas y la tensión siguió creciendo. En el otro extremo estaba la empresa, agobiada ante la crisis de la economía norteamericana, su principal mercado, y obligada a tomar medidas de austeridad. Y, por si fuera poco, también se hizo sentir el mazazo del gobierno, que no supo aportar otro recurso más que la fuerza para intentar resguardar el orden interno, hacer prevalecer la ley y proteger la inversión privada que el Estando la vida de la ciudad integrada a las actividades de la empresa, cada crisis llegaba cargada de mucha emotividad. LOS LÍDERES SOCIALISTAS Y APRISTAS NO LOGRARON SUMAR A LOS CAMPESINOS A SU MOVIMIENTO SINDICAL, POR ELLO PUSIERON SU FOCO EN LOGRAR MÁS INFLUENCIA EN EL PERSONAL ESTABLE DE LA COMPAÑÍA.
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