La Cerro de Pasco

158 159 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Excelsior era conducida por un canal al que, en uno de los extremos, se le depositaba latas viejas de leche condensada para que atrajeran los residuos de cobre. Esos restos se pegaban en la superficie de las latas que, luego, eran transportadas como chatarra de cobre a La Oroya para su recuperación metalúrgica. Solo por ese método se decía, entonces, que el valor del cobre recuperado alcanzaba el millón de dólares al mes. Con la implementación de esta planta se duplicaron los índices de recuperación de esa fuente. Por otro lado, en La Oroya se construyeron dos plantas a nombre de la Compañía Industrial del Centro S.A. o CICSA, una empresa subsidiaria de la corporación, que fue constituida aprovechando la legislación que estimulaba la inversión en territorios de altura. Una era la de ácido sulfúrico, capaz de producir 200 toneladas por día, cuyo producto final sería utilizado por la propia empresa en sus procesos y el remanente vendido a terceros ligados al sector industrial en Lima y Callao. La segunda era una planta de alambrón y varas calientes de cobre, y que incluía un taller de laminado con una capacidad de producción de 50,000 toneladas anuales. Hasta entonces, CICSA solo administraba un horno fundidor de cobre y una pequeña planta de barras de alambre dentro del complejo de La Oroya. La nueva planta extendería el rango de productos de valor agregado dentro del catálogo de la empresa y su principal cliente sería INDECO, otra empresa erigida con capital de la corporación con sede en Lima. El crecimiento constante desde que se promulgara el Código de Minería de 1950 permitió no solo incrementar la capacidad de las plantas concentradoras o invertir en plantas industriales en La Oroya, sino también trajo consigo la oportunidad de repotenciar la infraestructura ferrocarrilera. Solo en 1966 la empresa adquirió cuatro locomotoras diésel para la ruta de la refinería hacia las minas de Cerro de Pasco y también 50 vagones de carga de 55 toneladas de capacidad cada uno, destinados al transporte de mineral y concentrados entre sus unidades y hacia el puerto del Callao. Un vínculo directo con el sindicato Otro de los conceptos que trajo la Cerro en los años cincuenta fue el de las Relaciones Industriales. Se trataba de un departamento cuyo fin era establecer un canal permanente de diálogo con los trabajadores y explorar y proponer mejoras en las condiciones de trabajo. Don Carlos Aranda Saldarriaga fue uno de los líderes de esta oficina a mediados de los sesentas. Antes había liderado el grupo que creó la planta de alambrón y, luego, fue superintendente de zinc y plomo en la refinería de La Oroya. Una de las tareas más difíciles de este departamento era la negociación de los pliegos de reclamos. Su hijo, que lleva su mismo nombre, vivió en La Oroya y recuerda con nitidez algunos acontecimientos. “Las huelgas de la Cerro eran muy fuertes, tanto que se producían amenazas de muerte y los huelguistas podían llegar a tirar cartuchos de dinamita. La compañía solía pedir apoyo al gobierno y este enviaba fuerzas militares desde Huancayo. Llegaban marchando desde Tarma con sus rifles, mochilas y enfundados en una frazada roja y blanco por el frío. De plano se instalaban en la parte alta de los cerros para ganarle la iniciativa a los huelguistas y evitar que lanzaran piedras”. En esa época empezaron a mandar a las esposas en primera fila, cargando a sus hijos al frente o en la espalda y, para paralizar el flujo del mineral, se paraban en la misma vía del tren desafiando a la locomotora. Hubo muchas situaciones tensas. Los principales reclamos se relacionaban con aumento de salarios, mejora de condiciones laborales, cambio de medidas y equipos de seguridad, exámenes médicos exhaustivos y el tema de los turnos y horarios de trabajo. Las huelgas podían durar entre una semana y hasta tres o cuatro meses. Por esa razón, la empresa proponía muchas actividades con participación de los sindicatos. Las reuniones de coordinación se realizaban normalmente en el Club Peruano y las negociaciones abundaban en detalles

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