La Cerro de Pasco

16 17 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx izquierda– Hasta la llegada de la Cerro, las labores mineras se hacían de forma artesanal y, muchas veces, en la superficie. Derecha– Ingeniero con vestimenta y equipo de la época en los primeros años de la compañía en territorio nacional. La reconstrucción nacional Luego de esa parálisis, una de las primeras estrategias del gobierno de don Remigio Morales Bermúdez, tres meses después de iniciado su mandato, fue la de estimular el desarrollo de la minería dotándola de un marco legal que promoviera la explotación de nuestros recursos. Con ese propósito, el 8 de noviembre de 1890 se exoneró a la industria minera, mediante ley y por los siguientes 25 años, de todo tributo, salvo por la contribución, canon o patente de minería, vigente desde el 12 de enero de 1877, y que refería a la vigencia o caducidad de la propiedad. De esta forma el gobierno se decidió por estimular la inversión en el sector y con ello darle un impulso importante a la recuperación del país. Desde entonces, históricamente, la minería ha sido protagónica en los proyectos de recuperación, salud económica y desarrollo nacional. En esa misma línea, fue fundamental también que en 1893 se pusiera en operación el Ferrocarril Central Andino, que unía el Callao, Lima y La Oroya, un despoblado cruce de caminos a 222 kilómetros del mar y, prácticamente, a una distancia equidistante entre Huancayo y Cerro de Pasco. La construcción y la puesta en marcha de ese anhelado ferrocarril extendió hasta esas tierras altas las promesa de modernidad y desarrollo de una manera asombrosa para la ingeniería de aquella época. En virtud a la caprichosa geografía que debía sortear la vía férrea, este tren fue considerado desde su concepción como una proeza. Solo el tramo entre Matucana y Ticlio tiene 61 puentes, zig–zags, tornamesas y 65 túneles, entre ellos el de Galera, de 1,177 metros de extensión. Este puente atraviesa el monte Meiggs a la altura de Huarochirí, apenas pasando Ticlio, y alcanza en su interior los 4,782 msnm, lo que lo convirtió por décadas en el túnel más alto del mundo. En conjunto, aún en estos días, la obra pareciera haber sido hecha por titanes. Pero algunos otros hechos contribuirían por igual a la consolidación futura del sector minero. Por ejemplo, la creación de la Escuela de Ingenieros. El nombre inicial de esta emblemática universidad fue “Escuela de constructores civiles y de minas de Lima” y fue fundada por el ingeniero polaco Eduardo de Habich en 1876. En ese entonces el Perú fuera de Lima era lo más parecido a una villa y los tiempos exigían la construcción de puentes, carreteras, ferrocarriles y nuevos métodos y tecnologías para hacer más eficiente la extracción minera, con el fin de modernizar y hacer posible la industrialización del país. Obviamente el promotor de todos esos esfuerzos era un Estado acostumbrado a contratar empresas e ingenieros extranjeros para la construcción de la gran infraestructura y, acaso, a algunos nacionales con estudios en el exterior. Pese a haber iniciado las clases algunos días antes, la Escuela se inauguró oficialmente el 23 de julio en la Casona de San Marcos. Casi 80 años más tarde, esa escuela que aportó profesionales de primer nivel durante el siglo XX –y lo sigue haciendo– pasaría a llamarse Universidad Nacional de Ingeniería, hoy conocida como la UNI.

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