163 la mayor inversión del siglo xx No existía en el mundo un lugar con una concentración de metales tan diversa como Cerro de Pasco. Por ello, el Complejo Metalúrgico de La Oroya era esencialmente un centro de investigación y de producción tecnológica. En sus impresionantes laboratorios se profundizaba en el conocimiento de esos minerales polimetálicos y, a partir de él, se creaban equipos de alta tecnología y procesos únicos para producir los metales de más alta pureza en el mundo. Pero otra cosa que causaba enorme admiración en especialistas, cuando conocían La Oroya, era que esos metales refinados iniciaban su proceso de recuperación a partir de apenas tres líneas de producción: la de concentrados de plomo, de cobre y de zinc. Una vez recuperado un metal valioso, el concentrado restante iniciaba otro proceso para recuperar un segundo y, luego, la masa restante se sumaba a otro método hasta exprimirla de todo su valor. Para Leonard Harris, un metalurgista australiano ligado por décadas a la minería nacional, “a La Oroya nunca debieron separarla de las minas de la Cerro, porque fue una refinería hecha específicamente para el mineral que allí se producía”. La complejidad de esas operaciones se refleja en el esquema de los procesos que detallamos en las siguientes páginas.
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