174 175 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx La situación política en todo Latinoamérica y en el país estaba muy tensa desde la Revolución Cubana de 1959. Antes del primer gobierno del arquitecto Fernando Belaunde, los campesinos movilizados y los sindicatos ya presionaban a las autoridades políticas para que se materializara la Reforma Agraria que había sido anunciada por lustros. Desde la década del veinte, la Cerro de Pasco había conformado el mayor latifundio en la sierra central y para sus adversarios era la mayor representante del ‘imperialismo yankee’, como gustaban de señalar los partidos de izquierda. Pese al clima enrarecido, a las protestas y a las huelgas, la empresa había logrado mantener el ritmo de producción bajo el marco del Código de Minería de 1950, y registrado sus mejores rendimientos históricos hasta 1967. Sin embargo, el panorama cambiaría radicalmente desde el 3 de octubre de 1968. No por factores internos o atribuibles a la compañía, sino por las reformas radicales que se empezaba a experimentar en el país en términos políticos y económicos. Lamentablemente, los golpes de estado habían sido una constante desde nuestra Independencia, pero la toma de poder del General Juan Velasco Alvarado para defenestrar de Palacio al presidente electo Fernando Belaunde tenía un matiz diferente. Poco antes de que el líder de Acción Popular terminara su mandato, el Perú tenía todas las condiciones de seguir creciendo de manera orgánica, incluso hubo un aumento en las exportaciones impulsadas por los sectores pesquero y minero de 540 a 800 millones de dólares; sin embargo, lo que creció en mayores proporciones fue el gasto social sin sustento. Ese irrespeto a los principios básicos de un manejo económico responsable provocó que a mediados de 1967 la inflación se desbocara y, como consecuencia, que se encareciera el dólar, que la deuda externa llegara a su pico más alto en décadas y se produjera una devaluación de la moneda de hasta un 40%. La situación era crítica y el descontento ciudadano iba en aumento. Por ello buena parte de la población acogió con esperanza un discurso radical. El golpe de Velasco tuvo como hecho desencadenante la sustracción o pérdida de la famosa Página 11 del contrato entre el Estado y la International Petroleum Company, en la que se dijo quedaban establecidos los precios futuros por la venta del crudo al Perú. Una vez usurpado el poder, esa facción del Ejército expropió la petrolera, una empresa norteamericana subsidiaria de la Standard Oil de New Jersey que, desde 1914, operaba como enclave en los pozos de la costa norte. De esa manera el dictador establecía oficialmente el “gobierno revolucionario de la Fuerza Armada”, tomando posesión de la refinería de Talara a menos de una semana de encaramarse en el sillón presidencial. Así, decía el gobierno, se aseguraba que la trasnacional honrara una deuda tributaria que, a su juicio, había crecido exponencialmente desde que inició la explotación del petróleo en la segunda década del siglo XX. Con ese acto –reivindicatorio para algunos, endemoniado para otros– se daba impulso a una política de transformación económica en la que, prácticamente, todos los medios de producción fueron pasando del sector privado al Estado, con la convicción de que este último se convirtiera en el motor del desarrollo del país y de la economía nacional. Por esos tiempos, además de RESPUESTA Las reformas económicas radicales –y la voracidad del Estado en su intención de convertirse en el motor del desarrollo– provocó la nacionalización y el desmembramiento de la que había sido la empresa más exitosa en el Perú. EL ACOSO Y SU
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