190 191 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx una norma común. En sus considerandos el Estado abundaba en una serie de justificaciones, haciéndolo parecer una sentencia. Por ejemplo, que la empresa había incumplido sistemáticamente con sus obligaciones de otorgar buenas condiciones de higiene, vivienda y seguridad a sus trabajadores, que nunca había tomado en cuenta recomendaciones ni implementado proyectos destinados a revertir los altos índices de contaminación de lagunas y ríos, y que su voluntad de explotar sus propiedades, así como la de impulsar sus proyectos de exploración habían decrecido notoriamente. La toma de posesión de las distintas unidades se hizo en simultáneo en Lima, Casapalca, Morococha, San Cristóbal, Yauricocha y Cobriza. El acto protocolar se realizó en la oficina principal de la empresa en La Oroya, adonde se hizo presente el Ministro de Energía y Minas, General Jorge Fernández Maldonado, mientras que en las oficinas de Lima hizo lo propio el General Víctor Miró Quesada, en representación de Centromín–Perú. Pese a los drásticos cambios en el entorno, muchos de los profesionales, funcionarios y trabajadores de la corporación continuaron laborando en Centromín y, con su esfuerzo y dedicación, lograron sostener el ritmo precedente. Principalmente porque defendieron la filosofía de la eficiencia y de la disciplina en la compañía, que había sido la columna vertebral de su formación. Incluso algunos ejecutivos norteamericanos, entre ellos el último gerente general, Harry Allen, se quedaron trabajando durante un tiempo en la empresa estatal. Desde sus posiciones defendieron los procesos de producción, se dieron maña para seguir obteniendo resultados pese a las huelgas y lograron afrontar las fluctuaciones del mercado externo porque la empresa comercializadora de la corporación, la Cerro Sales, se encargó exclusivamente de la venta del mineral de Centromín en el exterior. Básicamente por el desempeño de su capital humano, en un entorno inestable, en los siguientes lustros la empresa siguió anotándose rendimientos sorprendentes. Pero como ya es historia conocida, la ilusión populista no dura para siempre. Con la llegada al poder del primer gobierno aprista, la terrible hiperinflación que provocó, con la pesadilla del terrorismo y atosigada internamente por los vicios de la empresa pública –como la contratación desmedida de empleados sin sustento técnico–, Centromín entró a mediados de los ochenta en una espiral invertida y no pudo evitar el colapso. El entorno político, la demagogia y la ignorancia del gobierno en el manejo de la cosa pública se colaron al interior de la empresa. Ese panorama, similar al de otras compañías administradas por el Estado, terminó por desdibujar el sueño revolucionario y convirtió la realidad cotidiana en una pesadilla. Con el tiempo, Centromín–Perú se vería en la incapacidad de manejar las continuas paralizaciones, las perversiones de la intomisión política en el manejo de la empresa y el irresponsable manejo económico. Después de Velasco, el primer gobierno de Alan García terminaría replegando en la oscuridad lo que alguna vez había sido el proyecto minero más ambicioso y reluciente gestado en Sudamérica. derecha– El General Fernández Maldonado, entonces ministro del Energía y Minas, llegó a La Oroya para tomar posesión de la empresa.
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