La Cerro de Pasco

188 189 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx a la repatriación de fondos hacia Estados Unidos de alrededor de US$ 50 millones; la anulación sistemática de atribuciones, como la compra de mineral a terceros para abastecer a la refinería de La Oroya; la no autorización de licencias de exportación para los minerales que ya estaban en trámite de carga o, incluso, embarcados y la injustificada retención de documentos de embarque, entre otras medidas inesperadas. Por su lado, el gobierno argumentaba que todo ese barullo respondía al deseo de la corporación de victimizarse “por una situación que ella misma había creado” y que no estaba dispuesto “bajo ninguna circunstancia a tolerar ese comportamiento”. En medio de ese fuego cruzado se encontraban los trabajadores de la empresa, que ya no se preguntaban si la expropiación iba o no a ocurrir, sino cuándo se ejecutaría. Richard Petersen, Jefe de Geólogos peruano, lo percibió claramente a principios de aquella década. “Yo recibí la propuesta de Vale do Rio Doce, una empresa brasileña que quería iniciar trabajos de exploración y abrir un Departamento de Geología. Me reuní con el Gerente de Operaciones de La Oroya, Harry Allen, y le mostré la carta que había recibido. Luego de un breve silencio, señalando su propia silla, me dijo: ‘Teníamos planeado que algún día te sentaras allí pero, tal como van las cosas, no creo que la Cerro dure mucho. Te aconsejo que tomes ese trabajo’. Y junto con Juan Proaño y Alberto Rubio, quienes también trabajaban en la Cerro, nos fuimos a Brasil”. Es decir, ante la inminencia de los hechos, ya ni la propia empresa hacía esfuerzos para retener a sus talentos. El ingeniero y promotor minero Augusto Baertl Montori recuerda claramente un episodio en el que participó la compañía que su familia administraba: “Milpo explotaba entonces una serie de concesiones de propiedad de la corporación y, conforme la Cerro se dio cuenta de que se le venía la expropiación, decidió vender sus activos. Aprovechamos que la empresa empezó a vender y les compramos esas concesiones. Por las que ya trabajaba Milpo pagamos un millón de dólares, que en los años setenta era un montón de plata. Eso lo recuperamos en ocho meses. Habrían sido las regalías que debíamos pagar en los siguientes ocho meses”. Dada la inminente estatización del aparato productivo nacional, el gobierno norteamericano envió a un representante especial del presidente Richard Nixon, el agente James R. Greene, para resguardar los intereses de las empresas estadounidenses con subsidiarias en el Perú. Su misión era negociar en conjunto las compensaciones por las expropiaciones. En el caso de la Cerro de Pasco la nacionalización incluyó seis minas, ocho plantas concentradoras, el Complejo Metalúrgico de La Oroya, el ferrocarril y las acciones de sus empresas en el sector industrial. En la práctica, casi todo lo que le quedaba. El enviado especial negoció directamente con el gobierno peruano. En esas circunstancias se firmó el acuerdo Greene–Mercado, en el que participó por el Perú el ex ministro de Relaciones Exteriores y entonces Primer Ministro, Luis Edgardo Mercado Jarrín. Por ese acuerdo, la compañía recibió el 19 de febrero de 1974 un pago inicial en efectivo de US$ 58 millones y, un año después, diez más de los US$ 76 millones que logró recuperar el agente Greene para todas las empresas norteamericanas. Unos meses antes, en sus estados financieros de 1973, la empresa había hecho una valorización contable de sus activos y concesiones en el país que arrojaba una suma aproximada de US$ 175 millones. En su análisis, el Estado descontó las reservas del subsuelo, por considerarlas patrimonio nacional, y redujo el estimado a US$ 85 millones. Centromín, una nueva era Tras casi 72 años de actividad ininterrumpida de la Cerro de Pasco Corporation en el Perú, el 31 de diciembre del 1973 el gobierno oficializó mediante el Decreto Ley 20492 la expropiación de la compañía. Pero no se trataba de EN MEDIO DE ESE FUEGO CRUZADO SE ENCONTRABAN LOS TRABAJADORES DE LA EMPRESA, QUE YA NO SE PREGUNTABAN SI LA EXPROPIACIÓN IBA O NO A OCURRIR, SINO CUÁNDO SE EJECUTARÍA.

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