La Cerro de Pasco

38 39 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx Estas prácticas no solo acentuaban la desigualdad, sino que incubaban en los corazones de los más débiles un creciente resentimiento que, más adelante, se tradujo y materializó en conflictos sociales difíciles de manejar. El tema del “enganche” fue atribuido sistemática e históricamente a la Cerro de Pasco como una práctica instalada por ellos. Lo cierto es que no fue así. Si bien en un principio la empresa adoptó el sistema que prevalecía en las minas peruanas –lo cual fue admitido posterior y públicamente como un error– la empresa norteamericana fue la primera en desterrar esa modalidad por ineficiente. En el libro Viajando por la República, Impresiones y datos del Cerro de Pasco, publicado en 1917 por Marcial Helguero Paz Soldán, se reseñan las palabras del Superintendente de Minas de la Cerro, Paul Sidney Couldrey: “Se ha hablado mucho del sistema de enganche. Se ha tratado de calumniarnos porque hemos empleado esa forma de trabajo con los indios. Pero, ¿tenemos, acaso, la culpa de ello? Esa costumbre no la hemos traído nosotros. Existe desde tiempo inmemorial en el Perú. Nosotros la aprovechamos al principio. Hoy, ya no, porque ha dado malos resultados. La compañía ha perdido más de doce mil libras en un año porque los enganchados no cumplieron su compromiso y se fueron llevándose el dinero que habían recibido como adelanto”. La modernidad en caravana La llegada a Cerro de Pasco de los primeros contingentes de personas, máquinas y herramientas asociadas a la compañía fue un acontecimiento comparable al desfile de un gran circo. Una larga caravana de carromatos y carretas haladas por mulas y otros cuadrúpedos se instaló en los extramuros de una ciudad que los recibía boquiabierta. Sin hacer caso a los estragos de un viaje de cinco días desde el Callao –por la ruta de Yangas, San Buenaventura, Canta, Obrajillo, Huaros y Huayllay– esos gringos barbados, de ojos claros y vestidos de overol levantaron un campamento detalladamente diseñado con una practicidad y rapidez extraña al ritmo que se acostumbra en las ciudades de altura. En esa constitución se destacaba nítidamente un cuartel de mando u oficina de trabajo, las carpas del batallón de obreros y las zonas de servicio. Pero lo que más extrañaba a los miembros de la comunidad cerreña era la concentración de esos hombres incansables en sus quehaceres y la precisión de sus movimientos. Sin duda, se trataba de un espectáculo coreográfico muy parecido al funcionamiento de una máquina. Los ocho diarios que circulaban en Cerro de Pasco saludaron la llegada del sindicato minero, como recoge en su blog Pueblo Mártir el historiador y escritor local César Pérez Arauco. El Eco de Junín publicaba en su edición del 1 de febrero de 1902: “Se abre una esperanza de luz para nuestra minería y, consecuentemente, para nuestra ciudad que así seguirá por el próspero camino de la opulencia. No dudamos que no sólo nosotros, sino pueblos aledaños como los del valle del Mantaro y Huánuco, tendrán mayores oportunidades de comerciar en el Cerro de Pasco que, además, brindará oportunidad de trabajo y bonanza a quienes deseen engrosar las filas de servicio a la nueva compañía”. Por su parte, El Industrial destacaba en su edición de ese mismo día las posibilidades futuras de la región: “Estamos ad portas de un nuevo despegue de la economía y el trabajo, pilares de nuestra tierra. Por los planes que se han hecho conocer, podemos asegurar que la nueva compañía norteamericana establecerá un monopolio minero en nuestra ciudad. Una modalidad no practicada hasta ahora, pues, anteriormente, la pluralidad de propietarios y por ende, la competencia entre ellos, determinó que nuestro progreso fuera lento. Ahora, con los capitales y la nueva tecnología que traen, no dudamos que obtendremos buenos resultados para nuestra tierra”. Hinchado de entusiasmo, el Banco del Perú y Londres ofreció sus buenos oficios para que los extranjeros pudiesen realizar cómodamente sus Poco a poco se irían haciendo familiares las tiendas de campaña que utilizaban los ingenieros gringos en sus exploraciones. LOS OCHO DIARIOS QUE CIRCULABAN EN CERRO DE PASCO SALUDARON LA LLEGADA DEL SINDICATO MINERO. EL ECO DE JUNÍN PUBLICÓ: "...NUESTRA CIUDAD SEGUIRÁ ASÍ POR EL PRÓSPERO CAMINO DE LA OPULENCIA"

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