La Cerro de Pasco

36 37 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx izquierda– El trabajo de laboratorio en la fundición fue vital para tomar nota de la complejidad del mineral y decisiones en torno a su refinamiento. Derecha– Grupo de obreros posan con sus herramientas sobre las bases de un nuevo pique en Cerro de Pasco. patrimonio eléctrico peruano –en una publicación por los 100 años de la Central Hidroeléctrica de La Oroya– da cuenta de la presencia en 1910 del periodista Frank Carpenter, quien fue invitado a visitar la región y las instalaciones de la empresa por la misma compañía. El periodista publicó varios artículos sobre su viaje en diarios y revistas Estados Unidos, uno de ellos en el Omaha Daily Bee. Entre otras cosas, afirmaba que la ciudad tenía unos 15,000 habitantes y que en las tiendas de las calles principales pudo ver “frutas en conserva de California, salmón de Oregon, telas de algodón de Massachusetts y máquinas de coser de marcas americanas de renombre. Había también muchos artículos de manufactura nativa, tales como ponchos hechos con lana de llamas y ovejas, sandalias toscas utilizadas por los indios y zapatos de burda manufactura”. Esa sola imagen da cuenta de la diferencia entre esos dos mundos, cuyas costumbres e idiosincrasias se verían enfrentadas durante décadas, pero cuyas persistentes raíces se podían percibir en nuestra sociedad mucho antes de la llegada de la trasnacional, incluso desde la época de la Colonia. A esa realidad social con rezagos semifeudales, con una serie de fracturas, inequidades y prejuicios, llegó esta inversión monumental con formas y maneras de primer mundo. Por entonces, en el Perú, el hacendado era un ser todopoderoso, dotado de muchas ventajas económicas y políticas; mientras que los indígenas –en su gran mayoría analfabetos– carecían de acceso a la educación, a una buena alimentación e, incluso, del derecho al voto. Bastante evidencia tenemos en las haciendas de la costa y de la sierra sobre el yanaconaje, los cepos y otras formas de esclavitud legalmente admitidas o disfrazadas de paternalismo. En el caso de la minería, antes de la llegada de la cororación ya existía el “enganche”, un sistema aplicado solo a los campesinos indígenas devenidos en obreros que, a cambio de un adelanto de dinero, alimentos y otros insumos, eran mantenidos en condiciones sumamente indignas y, muchas veces, contra su voluntad.

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