La Cerro de Pasco

54 55 la cerro de pasco la mayor inversión del siglo xx De las tres galerías mencionadas se formaron veinte niveles horizontales, entre la superficie y el fondo, y de cada uno se generaron chimeneas de tercer orden que seguían la inclinación del manto, formando macizos o cuarteles identificables para la extracción del producto. Goyllarisquizga no solo relucía por su ingeniería en la superficie sino que, por dentro, era una verdadera ciudad subterránea con calles principales y transversales, que hacían posible el tránsito de carros eléctricos y de vehículos de tracción animal. Otra peculiaridad de la operación fue que, para asegurar la producción y las reservas, existía la premisa de que el carbón “puesto a la vista” superara al extraído en el curso del tiempo. Es así que antes de 1920, las reservas en la superficie superaban los dos millones de toneladas, suficiente para garantizarle a la empresa diez años de producción sin necesidad de acceder a nuevas fuentes de combustible. Esa profusión de túneles y galerías suponía una serie de medidas de seguridad para evitar derrumbes. La principal de ellas fue el enmaderado de pino, pero también de eucaliptos de Huancayo y, pocas veces, de abetos importados de Estados Unidos. Estas medidas se hacían necesarias por la naturaleza deleznable del terreno. Pese a ello, como sucedía en cualquier mina de carbón en el mundo, los accidentes eran frecuentes. Los desprendimientos de rocas o el descarrilamiento de los vagones de carga generaron algunos; en menor grado, la aparición de gases venenosos o asfixiantes como el óxido de carbón o el ácido carbónico; pero el polvo de carbón y los gases explosivos o grisou eran las causas de los más graves, pues generaban explosiones seguidas de incendios y espesas columnas de humo. Esos gases originaron sonados accidentes en 1910. El 23 de enero fallecieron 169 mineros tras una explosión dentro, lo que produjo el cierre de la mina durante siete meses, hasta que esta se adecuó a una nueva normativa, implementó acciones de prevención y se sometió a distintas inspecciones exigidas por el Estado. Pero lo peor se dio cuando se reabrió la mina, el 10 de agosto del mismo año. Una explosión aún más intensa que la anterior se produjo en el nivel F dejando un saldo de 72 muertos, 60 heridos y 168 obreros desaparecidos. La comisión encargada de investigar las causas del accidente determinó que los mineros adolecían de capacidad para supervisar la utilización del sistema de perforación más común –“shooting of the solid”– y cuestionó el uso de lámparas con aceite en lugar de alcohol o bencina; además de la falta de agua para humedecer las galerías. Ante estos hechos, en el parlamento se reactivó un proyecto de Ley de Accidentes de Trabajo que databa de 1905 y el 18 de octubre de 1910 se aprobó la Ley No. 1378, en la que se manifestaba que: “El empresario es responsable por los accidentes que ocurran con sus obreros y empleados en el hecho del trabajo o con ocasión directa de él”, reemplazando así la normativa del Código Civil de 1852, por la que los accidentes de trabajo no eran siquiera indemnizados. Ese cambio legislativo se constituyó, entonces, como la piedra angular de los derechos laborales de los trabajadores. � Derecha– Bocamina de "Goyllar" a fines de los años treinta. Esta mina abastecería de carbón para distintos usos durante nueve décadas.

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