La Minería Moderna

146 147 la minería moderna integración del perú a la clase mundial que sería conducido durante décadas, hasta el año 1995, por la sociedad Administración, Gerencia y Servicios S.A. (AGESSA). Felicidad al otro lado de la montaña A inicios de 1966, la compañía San Ignacio de Morococha explotaba vetas de minerales de plata y plomo; sin embargo, la producción comenzaba a disminuir y eso los obligaba a ubicar un nuevo horizonte. Jesús decidió utilizar los recursos generados por San Ignacio para abrir otra mina que, en un mañana cercano, pudiera sustituir a la que hoy lo hacía progresar. Fijó en su mente el recuerdo de San Vicente, un yacimiento poco explorado, escondido en medio del frondoso follaje de la ceja de selva. Y desafiando a quienes se decían expertos acarició la idea de encontrar al otro lado de la cordillera vetas aún más pródigas. Era un avezado visionario. A inicios de los sesenta, junto con un amigo de su juventud, había explorado unos afloramientos de zinc en lo alto de la quebrada del río Puntayacu. Sobre mulas cruzaron el pintoresco pueblo de Tapo, ubicado en la cumbre del distrito de Palca, cerca de Tarma. La singularidad de la formación geológica era lo más sorprendente, pues no se parecía a las alturas serranas. Regresó con un grupo de apoyo para obtener muestras de mineral. Cargaron todo y realizaron las pruebas en el laboratorio metalúrgico de La Oroya. Los resultados fueron asombrosos: un concentrado de zinc de una ley extraordinariamente alta y exento de las habituales impurezas como arsénico, azufre, antimonio o manganeso, que solían castigar severamente el valor de los concentrados. Las primeras señas de mineral las había encontrado un cazador llamado Vicente en los cantos rodados que descansaban en las riberas del río Puntayacu. Era plomo. Eso animó a su jefe, el maderero señor Carpena, a denunciar el yacimiento en 1955. Sin posibilidad de financiar la exploración hizo sociedad, primero, con el Sr. Alfonso Rizo Patrón, de la mina Pichita Caluga, ubicada un poco más al norte; luego sumaron a la empresa de Mauricio Hochschild que, junto con la Compañía Minera Chanchamina, crearon la sociedad Compañía Minera San Vicente. Pero las condiciones seguían siendo muy exigentes, sobre todo para la construcción de una carretera donde todo era piedra y vegetación. Así que, por último, esta nueva compañía decidió concretar un joint venture con la Cerro de Pasco, que adquirió el 51% de las acciones. Las exploraciones se inicaron en febrero de 1964, pero solo por dieciocho meses bajo la batuta de la Cerro. En agosto del año siguiente las abandonaron por la complejidad del terreno y el desconocimiento de la geología de la zona. Por otro lado, la falta de infraestructura, el difícil acceso y los altos costos de transporte hacia La Oroya o al puerto del Callao también influyeron en la decisión de desistir. Finalmente, el mineral carecía de oro o plata, lo que disminuía el atractivo de los financistas, y el de buena ley de zinc –con algo de plomo– era irregular y las últimas perforaciones no demostraron su continuidad. Derecha– Primeros años de producción de la mina San Vicente, ubicada al otro lado de la cordillera de los Andes, cerca a Chanchamayo.

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