148 149 la minería moderna integración del perú a la clase mundial A Jesús, en cambio, Chanchamayo lo encandiló. Escondido entre las montañas de climas cálidos, verdes bosques y cataratas cristalinas, la provincia multiplicaba sus sueños de expansión. Pero, era una empresa retadora. La región adolecía de atributos que favorecieran la generación de cualquier tipo de actividad industrial o extractiva a gran escala. “Mi padre se encontró con un lugar encantador pero abandonado. No había energía eléctrica, agua potable ni vías adecuadas; por los túneles no pasaba la maquinaria y los puentes no soportarían el peso de los equipos requeridos para una mina”, recuerda su hija Isabel, actual presidenta del directorio de SIMSA. Pero para Jesús no todo en la vida era el mineral. En sus visitas se percató de la situación de aislamiento y pobreza de esas comunidades. “Él se empeñaría en sortear todos esos problemas inspirado también por el cariño de la gente. Me contó que cuando iba a explorar a veces no tuvo qué comer y los pobladores lo recibieron en sus chocitas con un plato de sopa caliente y un puñado de cancha”, revela la misma Isabel y subraya que su padre quedó conmovido por el trato que le brindaron en todo el Valle de Chanchamayo. “Era muy difícil. Todo estaba lleno de vegetación”, cuenta meneando la cabeza Román Tejeda. “Nosotros avanzamos con machete, haciendo trocha, y encontramos cualquier cantidad de monos, culebras, víboras, osos y venados. En el campamento teníamos un techito y la gente iba a comer allí a mediodía. La mayoría consumía fruta. Yo bajaba del monte a eso de las cinco de la tarde El campamento Jesús Alfonso de San Vicente obtuvo un premio arquitectónico. Don Jesús en la bocamina de Puntayacu.
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