156 157 la minería moderna integración del perú a la clase mundial y era como mi hermano”, recuerda todavía emocionado don Celso. Cuando regresó lo llevó por ese mismo camino… —¡Hey, para, para! ¿Qué pasó acá? ¡¿Qué cosa has hecho?! —Una vía para optimizar la mina. —¿Pero, cómo se te ocurre? ¿Tú estás loco? —Deja de llorar y vamos a hacer el recorrido los dos juntos. “Jesús se quedó conmigo todo el día. Me pidió que le explicara qué plan tenía en la cabeza. El puente construido evitaba el paso por detrás de la catarata y el agua pasaba ahora por debajo sin generar riesgos. Se sorprendió de que ejecutáramos la obra en menos tiempo de lo que duró su viaje. El puente nos permitió continuar con más ambición la mecanización, cesaron las interrupciones y pudieron entrar camiones y equipos más grandes. Así diseñamos otras ampliaciones para llegar a las zonas mineralizadas que ya habíamos observado”, recuerda con una sonrisa pícara don Celso. Entrada la noche volvieron al puente desde el que se veía el río. En una banda se divisaban las lucecitas del campamento y, en la otra, la mina y la planta. Empezó a caer una lluvia fortísima y los dos se quedaron imaginando el futuro de la mina mientras el agua les chorreaba por el rostro. Despertaron de esa breve ensoñación y siguieron trabajando entusiasmados hasta la madrugada. Al día siguiente recorrieron todo de nuevo con Eva e Isabel, hijas de don Jesús, y desde entonces se les hizo costumbre ir al puente para repasar el panorama futuro de las operaciones con un buen trago inspirador. En el tema metalúrgico se instalaron celdas de columna WS, llamadas así por las siglas del ingeniero Wilfredo Serrano, quien las desarrolló. Estas celdas contaban con sensores que permitían controlar en tiempo real todas las variables del proceso. También se instalaron dos bombas Mars para reenviar el relave de regreso de la planta metalúrgica a la mina, donde se reutilizaban como relleno. Así, por un lado se minimizaba el impacto ambiental y, por el otro, mejoraban la seguridad en las áreas de explotación. “Mi padre tenía un vínculo sólido con organizaciones que producían equipos de alta tecnología. Les ofrecía la mina para que los fueran a probar y así iba captando, con pocos recursos, los equipos que funcionaban bien. Gracias a ello San Vicente se convirtió en una escuela. También invitaba y daba facilidades a diplomáticos, estudiantes y profesionales nacionales y extranjeros, gente pensante, bien preparada, que muchas veces aportaban ideas; y, por otro lado, la mina terminó siendo una fuente de inspiración para nuevas vocaciones mineras”, remarca la propia Isabel, destacando el ingenio inagotable de su padre para promover mejoras y mayores eficiencias. Otro recordado funcionario fue Eduardo ‘Cucho’ Rubio que, cuando asumió la gerencia general, amplió la capacidad de producción de SIMSA y mejoró la recuperación de zinc en la planta concentradora. Nuevas exploraciones revelaron reservas minerales impresionantes. Para garantizar la consolidación de sus operaciones y el crecimiento continuo, la compañía no solo contó con el apoyo del Bank of Tokyo, sino que luego se sumaron el Banco Minero, la Corporación Andina de Fomento (CAF) y la Corporación Financiera Internacional (IFC) del Banco Mundial, que se convirtió en accionista con un 4% de participación. Otra inversión importante se hizo en la hidroeléctrica de Monobamba, con una capacidad de 6 MW, que construyó utilizando una turbina adquirida de segunda y que databa de 1926. Hoy tiene casi cien años y sigue funcionando a la perfección. Esta planta fue fundamental para reducir los costos de producción y proteger la economía de SIMSA durante los periodos con bajos precios del zinc pues, en la práctica, se trata de una mina monometálica. Al principio toda la energía para la Unidad Minera se generaba con grupos izquierda– El cablecarril para el transporte de mineral fue una de las soluciones más celebradas en SIMSA. Derecha– Celebración con la plana administrativa de la limeña oficina de SIMSA.
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