162 163 la minería moderna integración del perú a la clase mundial Esa huella que imprimió don Jesús en temas sociales y en el relacionamiento con las comunidades perdura en SIMSA, solo que desde un enfoque distinto. “En los últimos 20 años no hemos tenido conflictos serios. Lo principal es que la empresa desarrolla su trabajo en paz social y opera sin interrupciones. En cincuenta años operando, la población reconoce y valora nuestra presencia allí”, resume la propia Belia; resaltando que SIMSA reúne la mayor cantidad de mano de obra de la zona en la selva central y que tiene una comunicación directa con las autoridades distritales y provinciales, a las que apoyan para que cumplan sus objetivos en beneficio de la comunidad y concreten una buena gestión. No hay filantropía, pero sí apoyo en lo que les pudiera faltar –sea económico, con maquinaria o materiales o asistencia técnica– cuidando siempre de no reemplazar las labores propias del Estado. El afán explorador La vuelta de la democracia en 1980 estableció las condiciones favorables para retomar la exploración minera. Ya maduro y con audacia, Jesús emprendió dos proyectos exploratorios, uno vía aérea y otro satelital. Merwin Bernstein y David Thompson, dos geólogos que habían trabajado en el Perú antes de la dictadura militar y que optaron por irse a Chile debido a las condiciones políticas y económicas, llegaron a la empresa por iniciativa del gerente ‘Cucho’ Rubio. Traían una nueva tecnología para la exploración de oro bajo el brazo. Jesús invitó a unirse a Milpo, en coordinación con Ernesto y Augusto Baertl, accionistas y directores de esa empresa. Juntos coordinaron el proyecto liderado por un equipo de geólogos que utilizaba helicópteros Lama para buscar yacimientos de oro. De allí que la iniciativa se llamase Ccori Lama. Tras meses de trabajo lograron denunciar 350,000 hectáreas, un hecho totalmente inusual en esa época. Así ampliaron el alcance de la exploración minera y marcaron un hito en el desarrollo de estas empresas. Poco más tarde, un nuevo equipo se embarcó en un segundo gran proceso de exploración. Jim Mancusso presentó a SIMSA una tecnología de imágenes satelitales y la empresa asumió los gastos de exploración y mantenimiento de las nuevas propiedades, entusiasmados por ser los pioneros en utilizar esta innovación en el país. Nuevamente Jesús invitó a Milpo a asociarse. El programa satelital generó 40 imágenes que abarcaban una amplia extensión geográfica, desde Huaraz hasta Tacna y desde la costa hasta la cordillera oriental. Los resultados de ambos programas, Ccori Lama y el Satelital, fueron sorprendentes. Se identificaron yacimientos como Corihuarmi, Apumayo y Baños del Indio, ricos en oro; pórfidos de cobre en Arirahua-Pecoy, Mónica Lourdes y Las Lomas; y depósitos polimetálicos como Tarmatambo, Ulcumayo y Playapampa. Simultáneamente, Jesús impulsó exploraciones independientes en SIMSA y Poderosa (mina de oro bajo su control en La Libertad). En la primera se enfocaron en el lineamiento de las calizas Pucará, formación geológica donde se ubica San Vicente, abarcando unas 150,000 hectáreas desde Jauja hasta Huánuco. Así se posicionó SIMSA para enfrentar los desafíos y oportunidades que se presentarían en el futuro. izquierda– Isabel Arias y sus hijos han tomado en serio el destino de SIMSA. La hija y nietos de uno de los fundadores de la empresa ven el futuro con optimismo. Derecha– La educación de calidad era la primera, segunda y tercera prioridad para don Jesús Arias.
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