160 161 la minería moderna integración del perú a la clase mundial Cuatro años después se construyó el campamento Bellavista, también con áreas deportivas e, inclusive, un pequeño mercado y tiendas para que los colaboradores se abastecieran de sus productos de primera necesidad. Contaba con modernos servicios de salud y colegios de primer nivel, además de locales envidiables para los sindicatos de empleados y obreros. El clima templado, el maravilloso paisaje y la ubicación entre los 1,100 y 2,300 metros de altitud, convertían a la boyante mina San Vicente en un paraíso. Pionero en responsabilidad social El ímpetu de Jesús era llevar la minería y el desarrollo a diferentes rincones del país. Su visión y conocimiento alcanzaron máximo potencial a través de SIMSA y las alianzas que lograron enhebrar en sus proyectos mineros y energéticos; pero su labor social fue y es tan importante como la empresarial. Preocupado por la alimentación y la salud de sus trabajadores, mientras desarrollaba la mina creó la hacienda Puntayacu y compró ganado vacuno, porcino y gallinas de primera para agregar proteína de buena calidad al menú de los campamentos. Los crió al lado del río del cual tomó el nombre para la hacienda. Pero su producción cesaría cuando se la expropió la reforma agraria y se terminó perdiendo todo en el abandono. Viendo el potencial del cultivo de frutas en toda esa zona congregó a varios agricultores y empresarios para fundar Industrialización de AlimentosINDALSA, que ubicó en el entorno de La Merced su planta para la elaboración de los jugos exóticos de fruta, popularmente conocidos como jugos Selva. Esto aseguraba un fin comercial para la fruta que no lograba salir de la región y solía perderse. Industrializando la fruta que producían contribuyó a mejorar la economía de los agricultores. Incluso, los residuos de la planta de jugos servían como alimento del ganado porcino. De manera cálida y sencilla, don Jesús solía atender las necesidades de las comunidades donde fue dejando huella, accediendo con generosidad a los pedidos de la gente, a veces a través de SIMSA, a veces haciendo empresa y otras de manera personal. Para él era inconcebible el desarrollo empresarial al lado del atraso de la gente que lo rodeaba. Solía donar materiales e insumos y prestar maquinaria para concluir vías, puentes, postas médicas, campos deportivos, salones comunitarios, entre otros, dentro y más allá del valle de San Ramón o de la zona de influencia de la mina; por ejemplo, cedió maquinaria y cemento para la construcción de un puente que terminó con la desconexión y aislamiento durante las crecidas del río Perené de la comunidad Asháninka-Manankiari, evitando accidentes y la pérdida de cosechas. Pero su principal área de interés era la educación. El ser autodidacta le hizo valorar mucho la educación formal de calidad. De eso da cuenta su apoyo a decenas de escuelas como el Colegio Nacional de San Ramón, el colegio Víctor Andrés Belaunde de Vitoc o el colegio en el Campamento Chino No. 30926, al que le pusieron su nombre en vida. Igual en las comunidades de El Naranjal y La Codiciada. Pero su obra emblemática es el colegio femenino María Auxiliadora de La Merced, de las hermanas salesianas, al que apoyó en la construcción de sus modernas instalaciones. Esa generosidad se extendió también a distintas obras en favor de la Universidad Nacional de Ingeniería y a la implementación del laboratorio de la Facultad de Ingeniería de la PUCP. La actual jefe del área de Relaciones Comunitarias de SIMSA, Belia Ponce, se sigue emocionando cuando recuerda a don Jesús: “Siempre fue una persona muy desprendida, solidaria. Cuando venía a la oficina hacían cola como cincuenta personas para hacerle distintos pedidos. A todos los escuchaba. Era un líder, lo trataban como si fuera una autoridad, pero cuando conversabas con él era tan sencillo. Esa misma humildad y formas cariñosas veo yo en la señora Isabel y en sus hijos”. La presa de Chimay permitió dotar de energía a las operaciones de la empresa y también a la población. El concentrado de zinc producido en San Vicente es altamente valorado a nivel internacional porque no contiene otros minerales contaminantes.
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