170 171 la minería moderna integración del perú a la clase mundial Muchos años después resultaba difícil recomponer con claridad aquella imagen que podría considerarse como el origen de todo: el entonces joven Ernesto Baertl Schutz atravesando solo y a caballo la quebrada de Atacocha. El Rajo Arias que a diario observaba desde su montura se convertiría con el tiempo en una pasión, el sustento familiar y su legado más importante. Con intuición apoyada en el conocimiento, el joven ingeniero logró identificar el potencial que ese yacimiento ocultaba debajo de la montaña desde los ya lejanos años cuarenta. Fue así que el ingeniero le recomendó a su jefe, don Eulogio Fernandini, el patrón de Colquijirca, embarcarse en el proyecto. La respuesta fue negativa entonces, pero nada hizo que Ernesto desistiera. Con más de veinte años trabajando con los Fernandini, estaba convencido del potencial del Rajo Arias y le escribió una carta a don Eulogio en la que le solicitó que lo dejase abrazar personalmente el proyecto. ¿Quién imaginaría que la visión de ese joven terminaría, años más tarde, con la constitución de la Compañía Minera Milpo? Conocedor del entorno minero en todas sus facetas, Ernesto sabía que debía iniciar su propio camino, pero el objetivo era muy ambicioso para afrontarlo solo; por ello buscó la ayuda de sus entrañables amigos Aquiles Venegas, quien dirigía las haciendas de los Fernandini, y Axel Nycander, que trabajaba en la Cerro de Pasco. Ellos eran claves para negociar la concesión con los propietarios. Junto a otro experimentado profesional de la zona, Luis Cáceres, que también trabajaba en Colquijirca, fundarían una sociedad. A ellos se sumaría el abogado limeño Manuel Montori. No era la primera vez que conformaban un equipo. En la década anterior, juntos habían intentado emprender otro proyecto minero entre Huánuco y Cerro de Pasco, al que llamaron Cuyuma, pero que no logró despegar. Aunque frustrante, esa experiencia había fortalecido su amistad y justificó su nombre como grupo. Desde entonces se harían llamar, entre sonrisas, “Las Cinco Barretas de Cuyuma”. Tampoco sería fácil esta segunda vez. Les tomó seis años de trabajo obtener las concesiones del Rajo Arias. Tenían la propiedad, el equipo, las bases estaban sentadas, pero Ernesto sabía que para que esa mina generara riqueza y se encaminara a cumplir los sueños de sus socios tardaría todavía un tiempo, por lo que continuó trabajando para otras compañías. No sería hasta 1948 que “Las Cinco Barretas de Cuyuma” lograrían comprar el Rajo Arias por dos millones de soles, y Milpo registraría su acta de nacimiento el 6 de abril de 1949. A fin de ese mismo año, todo estaba listo. Las extracciones del mineral comenzarían en los niveles conocidos como el ‘Porvenir Rajo’ y el ‘Porvenir Arias’. Un año más tarde habrían avanzado 75 metros en el primero. En el segundo año, 180. La operación logró recuperar similares cantidades de minerales de plomo, zinc, plata y oro y, en esos dos primeros años, la Compañía Minera Milpo S.A. asentaría los pilares sobre los que se consolidaría por décadas. Ernesto tenía razón. La empresa crecía a una velocidad que superaba la imaginación de los socios. En un año habían armado cinco campamentos, almacenes, un taller de herrería, una casa compresora, oficinas y la casa ADENTRO LA MINA Lo que se inició como una apuesta incierta de «Las Cinco Barretas de Cuyuma», un grupo de amigos entrañables que se conocieron en la sierra de Pasco, hizo de Milpo uno de los proyectos más exitosos de mediana minería en el país.
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