172 173 la minería moderna integración del perú a la clase mundial del Superintendente. Era impresionante. Al siguiente año se duplicaron los campamentos, montaron un laboratorio, la mercantil y un taller de carpintería y mecánica. Compraron las hidroeléctricas Rayhuán y Yanamachay y se iniciaron los trabajos de exploración de la mina Tacna, que empezaría a producir en 1951. Y allí nomás, en 1953, el estallido de la Guerra de Corea favorecería el alza de los precios de plomo y zinc. Con esos ingresos, y al amparo de las leyes promotoras del Código de Minería de 1950, rápidamente invertirían en la ampliación de la planta, en equipos y en mejores instalaciones para los colaboradores. A pesar del éxito, Ernesto padre estaba acostumbrado a llevar la vida austera que ofrecían los campamentos de la sierra. Mientras trabajó en Colquijjrca vivió en una casa pequeña, de pisos de madera y de paredes de tierra apisonada. En esos ambientes crecerían los dos primeros hijos de la familia Baertl Montori. El primogénito, Ernesto como su padre, nació el 13 de marzo de 1922, quien creció por siete años en ese campamento, sin electricidad y con agua en baldes. Iba a la escuela del pueblo, cuyas tres aulas recordaba con cariño. Sus compañeros eran principalmente los hijos de los trabajadores. La vida era sencilla. Muchos limeños se hubiesen negado a vivir en un lugar tan frío y aislado, pero la memoria de Ernesto tenía otros tintes. “Fue lo más parecido posible a un paraíso en la tierra”, reveló con nostalgia en sus memorias, recordando las ovejas, los cuyes y las gallinas en el entorno del hogar. La entrega de la posta Ernesto hijo se graduaría de ingeniero químico en la Escuela de Ingenieros pero, persuadido por su padre, no tardaría en incorporarse al sector minero en 1950. Sentía la vocación y confiaba en la recomendación de su progenitor. Conocía el entorno minero y tenía un vínculo emocional con él. Habría crecido ahí, le era familiar y pronto se convertiría en uno de los mineros más sobresalientes de su generación. Como cabeza, después del retiro de Ernesto padre, sería una pieza clave para el crecimiento de Milpo. La empresa siempre estuvo enfocada en aplicar la ingeniería como un mecanismo para fortalecer a la empresa. Por ello, buscaron asesoría de firmas locales y extranjeras con el fin de lograr avances tecnológicos y desarrollar talentos nacionales. Se realizaron diversos viajes al extranjero. Muchos a Canadá. Conocieron nuevas minas, fábricas y desarrolladores tecnológicos. Pronto, con lo aprendido, establecieron programas de entrenamiento en colaboración con instituciones como SENATI, IPAE, TECSUP, Centromín Perú y Atlas Copco. Esto impulsó el aumento de la producción, y mejoró la eficiencia y las condiciones de trabajo. Solo este compromiso con la excelencia, la capacitación constante y la adopción de innovaciones tecnológicas fue que Milpo alcanzó el éxito como empresa minera en el Perú. La gestión del conocimiento, el desarrollo profesional y el bienestar familiar se mantendrían como prioridades de la empresa. “Dirige con la cabeza y actúa con el corazón”, tenía como lema Ernesto hijo. Y esta filosofía se observa en los programas de desarrollo social y cuidado ambiental que Milpo implementaría mucho antes de que fueran exigencias. Los campamentos de Milpo contaban con colegios, hospitales, cinemas, iglesia, canchas deportivas, la mercantil, asistencia social y más facilidades. Sus fundadores querían un crecimiento que sea comunitario, similar al de una gran familia. Los actos MILPO SE ENFOCÓ EN APLICAR LA INGENIERÍA COMO MECANISMO PARA FORTALECER LA EMPRESA; Y BUSCARON ASESORÍAS LOCALES E INTERNACIONALES PARA MEJORAR LA TECNOLOGÍA Y FORMAR TALENTOS. La pasión por la minería, la de los proyectos y la del desarrollo del sector, estuvo siempre en el ADN de los Baertl. Una foto auroral de los Ernesto, padre e hijo.
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