La Minería Moderna

200 201 la minería moderna integración del perú a la clase mundial Cuando el joven Alberto Benavides terminó sus estudios de Maestría en Geología en la Universidad de Harvard, se dirigió a Nueva York para agradecerle a la Cerro de Pasco Corporation la oportunidad que le había dado de formarse en una de las más importantes casas de estudio del mundo. Como alumno destacado de la Escuela de Ingenieros de Lima había logrado alcanzar una beca auspiciada por la empresa. Para su sorpresa, el presidente de la compañía de aquel entonces, Robert Koenig, le propuso que regresara a trabajar a Perú integrándose a la Cerro que, desde hacía décadas, era la empresa más importante en nuestro país. Su primer sueldo sería de 225 dólares mensuales, pero su principal motivación era volver a su tierra, en la que podría experimentar y aplicar todo lo aprendido. Por supuesto, también para casarse con el amor de su vida, Elsa Ganoza. Robert P. Koenig no era un desconocido para él. Todo lo contrario. También había estudiado Geología en Harvard. Cuando en Europa se desataba la Segunda Guerra Mundial, la juventud norteamericana se había enlistado en las fuerzas armadas y los maestros de renombre global –como Gratton, Bateman o McInstry– estaban dedicados a muy pocos alumnos, entre los que fortuitamente se encontraba Alberto. De allí seguramente la cercanía y la amistad con ellos, pues el peruano siempre se destacó por ser un excelente alumno, un profesional muy metódico y comprometido con el estudio hasta el final de sus días. Ya de regreso en Lima coincidió con Koenig nuevamente, a quien le apasionaba conversar sobre temas profesionales en las oficinas de la Cerro de Pasco frente a la Plaza San Martín. El maestro encontró en Alberto a un joven con el que podía intercambiar ideas al mismo nivel y en la misma lengua. Además, a diferencia de Alberto, al norteamericano le gustaba mucho esa suerte de bohemia aristocrática que se reunía en el Club Nacional del Centro de Lima, por lo que solían cruzar juntos la plaza para sumirse en largas conversaciones. Apenas volvió al Perú, Alberto se trasladó a Pasco en agosto de 1944 para trabajar en la extracción de cobre pero, al poco tiempo, un geólogo norteamericano fue transferido y su jefe, Frederick C. Kruger, le pidió que asumiera también, bajo su supervisión, el encargo de toda la mina, incluyendo las áreas de plomo y de zinc. Más adelante, ante la promoción de su jefe a La Oroya, lo nombrarían Geólogo Regional, algo así como el jefe de los geólogos. Allí estuvo al frente de un equipo con varios extranjeros, algunos incluso mayores que él. Como parte de sus funciones, en 1950 lo enviaron a supervisar el yacimiento de carbón de Goyllarisquizga, que surtía a la fundición de La Oroya. La mina había decaído en su producción y existía el riesgo de que agotara sus existencias, lo que complicaría la dotación de coke, un insumo principal para la fundición del complejo metalúrgico de La Oroya. Cuando llegó al yacimiento, Alberto constató que, pese a que la mina era de la Cerro desde los primeros años del siglo XX, no existían planos topográficos ni una interpretación de las estructuras geológicas del distrito carbonífero. En seis meses terminó los estudios de ‘Goyllar’ y, luego, envió VECES PAGA EL RIESGO A Fundar su propia compañía minera, cuando apenas contaba con 31 años, le permitió a Alberto Benavides de la Quintana no solo tomar las riendas de su destino sino consolidar su amor por la naturaleza y su compromiso con el desarrollo social. Alberto Benavides con su admirado profesor Louis C. Gratton, durante su estancia de dos años (19421944) como estudiante en Harvard.

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