38 39 la minería moderna integración del perú a la clase mundial se utilizaba agua de mar. Más tarde, luego de hacer algunos estudios para la tracción y acarreo de agua, se tendieron algunas tuberías desde Jahuay, a unos 15 kilómetros del campamento. Kathy Blakeley de Bernui llegó a los 26 años recién casada con Juan Bernui, quien ingresó como ingeniero mecánico a la empresa; luego integró el project team para computarizar los sistemas y, finalmente, previo paso por la gerencia administrativa, terminó ocupando la Gerencia de Operaciones de Hierro Perú. Los cuatro hijos de Kathy y Juan nacieron en el hospital de la mina y pasaron allí, según propia confesión, los diez años más maravillosos de sus vidas. Los cuatro asistieron al jardín de infancia de la compañía que atendía a más de 1000 niños. “Era como un pueblo de gente contenta en un bonito ambiente. Como teníamos acceso a alimentación, colegio, atención médica, medicinas gratuitas, costurera y, si se rompía algo, a mantenimiento, las mamás solíamos ir a la playa hasta que regresaran los chicos del colegio”, recuerda la afable Kathy esbozando una sonrisa. En el pueblo se ubicaban la comisaría, tres agencias de bancos, una tienda para cosas del hogar, el auditorio municipal y un cine en el que alguna vez se presentó el show de Yola Polastri. Los viernes y sábados camiones provenientes de Nazca se ubicaban en la pampa improvisando un mercado de víveres y de ropa. Las casas de los empleados rodeaban la cancha de tierra a la que llamaban el Maracaná. Es que había pasión por el fútbol. La tele llegó alrededor de 1975 pero para hablar por teléfono debías trasladarte a Nazca. Alrededor casi no había nadie ajeno a la mina y, prácticamente, todos se conocían. Quienes vivieron allí en los sesenta recuerdan un clima de integración. No existía discriminación con los gringos ni con los obreros. La señora Bernui tenía vecinas gringas a ambos lados, a quienes les encantaba esa vida. En sus tiempos libres solían hacer picnics o salir de paseo a los distritos colindantes, pero sobre todo se visitaban en las casas que mantenían a puertas abiertas, lo que alimentaba el compañerismo y la unión. Quizá la única incomodidad era producida por los fuertes vientos conocidos como paracas, pero hasta a eso uno llegaba a acostumbrarse. Los caballeros tenían un pequeño club donde jugaban cartas por las tardes y podían terminar el día con un trago en la mano; algunos más aventureros organizaban paseos a las zonas arqueológicas y no faltaban oportunidades de reunirse en las celebraciones de los cumpleaños. Era una vida muy tranquila. También hubo un grupo de teatro liderado por el actor Aldo Brero; y María Reiche acudía constantemente a dar charlas al colegio, pues la empresa le financiaba parte de sus investigaciones en las Líneas de Nazca. Sin embargo, el principal lugar de encuentro familiar eran la playa y el mar. Punta San Juan es hoy una zona protegida, pero entonces era común ver a los lobos marinos asomarse a las orillas siempre limpias. Así se contaban playas como Los Leones, La Lobera, Yanyarina –adonde bajaba gente de Acarí y Bella Unión–, o La Libertad, a una hora de Playa Hermosa. derecha– En poco tiempo se fue modernizando el pueblo de Marcona y apareció este prototipo de casa para los colaboradores.
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