La Minería Moderna

46 47 la minería moderna integración del perú a la clase mundial “Lo que más destaco es la dinámica con la que se iba haciendo todo. Terminaba de hacer una planta, capacitaba a la gente e, inmediatamente, empezaba a trabajar en la siguiente”, rememora el ingeniero Lucho Morán. Así, en alrededor de diez años, participó en el arranque de las plantas de chancado, molienda, peletización y filtración, entre otras. “El equipo de arranque éramos un técnico de cada especialidad que traían de Estados Unidos y que conocía perfectamente su negocio. Gente de primera línea. El técnico gringo me entregaba a mí la planta y, ya capacitados, yo se la entregaba a la supervisión. Una vez que la supervisión estaba entrenada, el gringo se podía quedar en ese puesto y yo pasaba a la siguiente planta”. A la señora Kathy Bernui todavía le brillan los ojos cuando se remonta a esas épocas en las que su familia seguía creciendo. “Fue la etapa más feliz de mi vida. Mis hijos fueron libres y nunca se me ocurrió que les pudiera pasar algo o que alguien les hiciera daño. Los hijos de los obreros de nuestra época tuvieron acceso a buena comida, a buenos estudios, sus padres les pudieron pagar universidades en Ica o en Lima y muchos se hicieron profesionales. El hijo de la costurera que les hacía los disfraces a mis hijos vino a Lima, estudió y se graduó. Esas eran oportunidades reales de progreso y desarrollo personal”, subraya enfáticamente. El ingeniero Morán regresó al Perú, luego de dos años, en 1980, coincidiendo con la vuelta de la democracia y la presidencia del arquitecto Fernando Belaunde. Entonces, en la cartera de Energía y Minas se había designado a Pedro Pablo Kuczynski. Marcona ya había estado en manos del Estado por más de cinco años y, en esas circunstancias, el ingeniero fue convocado para la reconstrucción de la planta. Se llegó a recuperar parte de la producción, se recuperó a gente competente, se mejoraron los sueldos y todo ello funcionó como una inyección de optimismo. Así Marcona empezó a generar un poco de capital. Esa segunda etapa del ingeniero Morán duró cinco años. “Tuve la honra de ser destituido en 1985, durante el primer gobierno de Alan García, con nombre propio y por ingobernable”, suelta la carcajada él mismo, aduciendo que, en realidad, esa era la versión oficial. La verdadera razón fue la insistencia de darle ese cargo a un hijo de un mártir aprista que, además, era su amigo. Con esas condiciones él ya no pudo seguir. “En Marcona tuve el privilegio de apretar el primer push botton para iniciar la gran planta de San Nicolás y de apretar el último botón para apagarla. Me inicié como general foreman de operaciones y terminé como Superintendente General de San Nicolás, que era el puesto inmediatamente después del Gerente de Operaciones”. A estas alturas, casi setenta años después, cabe precisar lo que le entregó la Corporación del Santa a la Marcona Mining. Básicamente un desierto sin agua, sin explorar, no había ni un árbol, dos bahías inhóspitas y un yacimiento de hierro. “Prácticamente nada en dos platos”, repite el ingeniero Morán. ¿Y qué dejó la empresa minera? Además de todos los componentes de la mina, infraestructura como una carretera para unir la Panamericana con los puertos de San Juan y San Nicolás; un campo de aviación que aún se utiliza en casos de emergencia; abastecimiento de agua dulce del acuífero encontrado en Jahuay, desde donde se bombea el agua a San Juan; y, junto al campamento, se transfirió al Estado infraestructura de apoyo social como un hospital, escuelas y la protección de aves guaneras. Todas muestras palpables de que minería es sinónimo de desarrollo. � izquierda– El mineral era embarcado en los buques mediante un brazo mecánico que les permitía acceso directo y continuo a las bodegas.

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