La Minería Moderna

60 61 la minería moderna integración del perú a la clase mundial para resolver algunos temas legales y que les anticipara los requerimientos para implementar las labores iniciales de exploración. Se trata de un depósito de cobre diseminado ubicado en la quebrada de Chuntacala, Torata, provincia de Mariscal Nieto en Moquegua. “Le agradecí que pensara en mí para ese delicado encargo, pero le hice notar que mi experiencia en la geología de ‘pórfidos de cobre’ era mínima y hasta inexistente, pues nunca había trabajado en ese tipo de yacimientos. Él lo sabía y me respondió que ya iría aprendiendo”, recuerda Alberto Benavides en sus memorias. A los pocos días, el ingeniero viajó a Tacna acompañado por el abogado Ernesto Souza para regularizar unos petitorios mineros en salvaguarda de los predios ubicados alrededor de Cuajone. Los documentos no fueron aceptados por una discrepancia en la forma como se describían los polígonos en el petitorio y los dibujos con los que solía registrarlos la Oficina Regional de Minería de Tacna. La dupla consiguió un dibujante y prepararon nuevos escritos, pero las firmas de la corporación estaban en los documentos originales. Así que don Alberto hizo todo a su nombre. Souza y él pensaron que era riesgoso dejar la información y el trámite de subsanación en una oficina pública. Así que el abogado redactó en paralelo una minuta en la que el ingeniero Benavides transfería esos petitorios a la Cerro de Pasco y los enviaron por correo a Lima, previendo un improbable accidente a su regreso. La oficina de Lima los felicitó por su actuar diligente y se regularizó el tema documental. A las pocas semanas, Alberto Benavides estaría dejando la trasnacional para fundar su propia empresa. Ya a inicios de los años sesenta, la sede administrativa de Southern estaba ubicada en Toquepala; pero tenían en Lima una oficina que se ocupaba de las relaciones con el gobierno, con otras instituciones y personalidades públicas. A la cabeza de la compañía en el Perú figuraba Frank Archibald, quien en 1940 se había incorporado como metalurgista a ASARCO, con una breve pausa por motivos de la Segunda Guerra Mundial, cuando se enlistó en la Marina. Archibald había llegado al Perú en 1957 como superintendente de la planta de Ilo. Desde entonces, casi toda su carrera se la dedicó a la empresa y fue nombrado presidente de la filial peruana en 1960 y CEO y vicepresidente de la matriz en 1968, cargos que desempeñó hasta su retiro en 1984. No solo estuvo en los albores de la compañía, sino que también impulsó el proyecto Cuajone. Fue decisiva su participación en la negociación con el gobierno del General Velasco, logrando un acuerdo en 1969, cuando en la mente del dictador se gestaba un plan de expropiación y nacionalización del aparato productivo nacional. Parte del éxito del norteamericano se debió a que tenía la reputación de ser una persona comprometida con el desarrollo del país. Con ello se ganó la confianza de los militares y el favor de los negociadores nacionalistas. Por otro lado, algunos alegan que el dejar intacta una mina de capitales extranjeros tras la nacionalización de todo lo demás, les permitiría a los militares neutralizar comentarios sobre un probable actuar abusivo o caprichoso en el proceso de estatización. Otros, también con razón, agregan que el Estado peruano no tenía capital para impulsar el naciente proyecto y, además, que cincuenta bancos internacionales estaban involucrados en el financiamiento de Cuajone. Una nacionalización afectando esos intereses ponía en riesgo el acceso del gobierno al financiamiento de futuros proyectos de la flamante Minero Perú. Lo cierto es que la empresa mantuvo la propiedad y logró firmar un contrato de estabilidad jurídica y tributaria a quince años, mientras construía la mina e iniciaba su desarrollo. Si bien se salvó el yacimiento de su posible reversión al Estado, todo ese clima de cambios drásticos, exigencias e inestabilidad retrasó el inicio de operaciones. Por ejemplo, otra condición del contrato fue que parte del cobre, plata y molibdeno fuera comercializada izquierda– Labores en Cuajone durante 1976. Nótese que la pala cargaba directamente al vagón del tren. Derecha– Frank Archibald, uno de los ejecutivos más representativos de la empresa bajo la administración norteamericana.

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