La Minería Moderna

68 69 la minería moderna integración del perú a la clase mundial Como parte de ese proceso de transformación, Southern decidió construir una planta de ácido sulfúrico para la recuperación del dióxido de azufre que se liberaba por las chimenas. En cumplimiento con el PAMA requerido por el gobierno peruano, Southern Peru debía modernizar la Fundición de Ilo para lograr una captura de azufre mayor a 92%. La puesta en operación con este nuevo sistema se inició en 2007, llegando a una captura mayor a 95%, reduciendo significativamente las emisiones de SO2, hasta hacerlas inocuas y mejorando así la calidad de aire en las comunidades vecinas. Posteriormente, gracias a esta inversión, se logró recuperar hasta el 96% del SO2. Otros se contentaron con ubicarse dentro de los límites máximos permisibles. “Antes, el sinónimo de progreso era ver chimeneas echando humo, ahora eso es una irresponsabilidad. Por eso compramos el ‘Rolls Royce’ de las plantas de ácido sulfúrico. En recuperación de SO2 solo están por encima Japón (99,9%), Alemania, Finlandia y España (99,6%). Detrás nuestro están los canadienses (91%), y los chilenos y australianos, ambos con una recuperación de 70%”, subraya Jorge Meza, actual Director General de Operaciones y que lleva casi cuarenta años en la empresa, aportando en México y Perú. En la lógica pasada, la descarga de desechos sólidos se hacía en el mar. Southern decidió tratar cualquier tipo de sólido y remediar las áreas que recibieron alguna descarga durante los treinta años previos. Hoy, esa zona de la bahía de Ite se ha convertido en uno de los más importantes humedales del país y recibe cada año la visita de 140 diferentes tipos de aves migratorias. Esa remediación impulsada por la minería demuestra que antiguos pasivos mineros pueden convertirse hoy en activos ambientales. “Adquirimos esa responsabilidad con el activo y la hemos convertido en atractivo turístico y fuente de trabajo”, subraya el propio Meza. En lo que había sido un botadero a la orilla del mar, se construyó un enrocado para evitar que cualquier subproducto inerte o escoria pudiera y en el caso de Southern, representó una inversión de USD 445 milllones para la construcción de distintas obras, que debían cumplirse en un plazo de cinco años para Toquepala y Cuajone, y de diez para la fundición de Ilo. Esa modernización apuntaba a aumentar la productividad en todas las operaciones, acompañada por normativas con altos estándares en temas de seguridad industrial, ambiental, producción, costos y relación con las comunidades. Con la adición de otros proyectos se terminó invirtiendo más de USD 700 millones. Finalmente, atendiendo a una visión de largo plazo, la empresa decidió ir más allá de las exigencias de las normas internacionales por lo que tomó tecnología de punta y el equipamiento necesario bajo una visión ambiental. Hasta entonces, las descargas al aire, al mar y a la tierra eran aceptadas a nivel global, pero Southern modificó sus unidades y equipos para reafirmar su compromiso. “Estábamos pasando de una mirada ambiental tipo ‘viejo oeste’ a otra que es la actual, más parecida a la de una nave espacial, pues las decisiones de uno pueden afectar a todos los demás”, apunta Raúl Jacob, actual vicepresidente de Finanzas y ejecutivo de la empresa desde 1992. Por entonces la fundición de Ilo retenía el 70% de dióxido de azufre (SO2) y el resto se lanzaba al aire. Por esa razón hubo muchas quejas de comunidades adyacentes, especialmente de agricultores. A principios de los noventa se puso mucho énfasis en la conciencia y responsabilidad ambiental, por lo que la compañía decidió eliminar del todo la emisión de los humos de las chimeneas de la fundición. derecha– Sala de Control automatizada de la Fundición a fines del siglo pasado. IZQUIERDA– La Fundición de Ilo. Las pruebas para supresión de las emisiones de la cuarta chimenea fueron un éxito.

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