12 13 pioneros de la minería moderna en el perú La mina de Colquijirca ya era célebre antes de la llegada de los españoles. Daba la sensación de que estuviera en el centro de un cráter lunar, en una llanura bordeada por cadenas de cerros en todas las direcciones. Ubicada en Cerro de Pasco, a más de 4,200 msnm. casi siempre se descubría a primera vista como una pampa seca, amarilla y marrón, pero cobraba un vívido verde durante la estación de las lluvias o relucía completamente blanca después de una nevada. El nombre de la mina viene de los vocablos quechuas “colque” (plata) y “jirca” (cerro). Cerro de plata. La pampa era parte del distrito de Tinyahuarco, nombre de la tribu preínca que la ocupó hace mil años. Existen vastos testimonios de que los nativos de aquella época eran hábiles y diligentes en el trabajo de la plata, orfebres por tradición que vieron interrumpido abruptamente su estilo de vida con la llegada de los españoles. En diversas crónicas se revela lo extasiados que quedaron los conquistadores ante la vista de “indios transportando cientos de arrobas de oro y plata fina”, como relataría Miguel Astete en 1533. Las reservas de mineral eran tan asombrosas –plata, cobre, zinc y plomo– que Colquiijirca también llegó a ser conocida como la Nueva Potosí, en alusión a la famosa mina de plata de Bolivia que, por entonces, junto con las de México, eran las referencias obligadas sobre el mineral argento en el Nuevo Mundo. Si bien la mina databa de siglos antes y superó varios periodos de productividad y otros de abandono, el verdadero artífice de la leyenda y gloria de Colquijirca fue don Eulogio Fernandini de la Quintana, quien había nacido en Ica el 13 de setiembre de 1860, como hijo del Dr. Erasmo Fernandini y de la señora Ignacia de la Quintana. El primer e involuntario golpe de timón en su vida se produjo cuando su padre fue nombrado Presidente de la Corte Superior de Junín, con sede en Cerro de Pasco, ciudad adonde se mudó toda la familia. El destino lo llevaría a continuar sus estudios en el Seminario de Huánuco, donde contraería una extraña infección intestinal que, pese a su atención con La fundición de Huaraucaca fue de las primeras de su envergadura en Cerro de Pasco. Entonces era la única gobernada totalmente con electricidad.
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