136 137 pioneros de la minería moderna en el perú elevar la productividad agrícola y, en otros casos, se utiliza como suplemento alimenticio para animales. La planta también inaugurada en el 2013 permite explorar los minerales de Uchucchacua y reducir el peso de los concentrados de plata, plomo y zinc. Se estima que allí se producirá el 10% de sulfato de manganeso monohidratado de alta calidad a nivel global. La estirpe de don Alberto “La minería es la salvación del Perú, no solo por las divisas que pueda producir sino porque es la gran vía que une la sierra con la costa, en función de la infraestructura minera. Una vez que ‘dominemos’ la cordillera de los Andes, por las riquezas de los minerales que ésta tiene, habremos integrado la sierra y luego lo haremos con la selva”, comentó don Alberto en entrevista concedida hace una década a Guillermo Vidalón, creyente indubitable de la capacidad de la industria minera para encadenar desarrollo y bienestar en el país. Siempre atento a las oportunidades de ofrecer mejores condiciones de vida para sus colaboradores, en sus inicios les preguntaba si no querrían un club social o una zona de entretenimiento y, casi invariablemente, su gente le respondía que preferían una mejor educación para sus hijos; de allí que nunca soslayó apoyo para iniciativas de ese tipo, ni en la mina ni en beneficio de las comunidades alrededor de sus proyectos. Y más adelante, por invitación del rector Felipe McGregor, se comprometió durante más de cinco años a crear y consolidar la Escuela de Minas de la Universidad Católica. Don Alberto era un hombre muy trabajador, todo el tiempo estaba solucionando o imaginando algún nuevo proyecto. La geología era su pasión y vivía para ella. Como líder siempre priorizó el diálogo y les dio a sus colaboradores el espacio para que propusieran las acciones a tomar. Era un gran conversador y quizá por ello nunca daba una orden, lo que sí solía hacer es dar sugerencias. “Siempre será recordado no solo por sus innumerables logros, sino por ser ese minero de campo sencillo, noble, generoso, que inspiró en todos los que tuvimos el privilegio de trabajar con él, la acción decisiva hacia nuestras metas con la cercanía y familiaridad de un padre”, sentencia uno de sus colaboradores más cercanos, Mario Santillán. Don Alberto se ganó el cariño de sus colaboradores porque nunca le echó la culpa a otros por algún fracaso. Los aciertos eran de todos y los errores también, y él se ponía en primera fila para reconocer alguna responsabilidad. “Hemos fracasado, vamos por otro lado”, solía decir. Lo que sí le molestaba era que no se avanzara o que se perdiera el tiempo en especulaciones. Cuando sucedía en su oficina ponía una bola de cristal delante de quien se perdía en divagaciones y le pedía que le preguntara. Con eso zanjaba el entuerto. O en su defecto, cuando le daban mucha vuelta sin sentido a un asunto, se levantaba de su asiento y pasaba bocaditos luego de un “mejor vamos a comer”. izquierda– Una gélida vista del campamento de Uchucchacua en la provincia de Oyón, Lima. Derecha– Tantahuatay, mina a tajo abierto ubicada en Hualgayoc, Cajamarca. De producir plata, plomo y zinc desde la Colonia, ahora son de interés la explotación de oro y plata.
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