142 143 pioneros de la minería moderna en el perú En diferentes estadios de la vida, los hijos suelen honrar la memoria de sus padres siguiendo sus pasos o intentando afianzar el legado familiar; sin embargo, no es usual encontrar una continuidad tan natural y fluida entre una generación y otra como en el caso de la familia Baertl. Ernesto Baertl Schutz, el padre, se graduó como ingeniero de minas en 1915, en la antigua Escuela de Ingenieros, y perteneció a una generación de mineros que se mantuvo en la brega durante varias décadas adversas para la actividad. Apenas egresó de la Escuela de Ingenieros laboró en el reconocimiento geológico del sur del país, para lo que hoy es INGEMET. Luego trabajó en las minas San Genaro y Astohuaraca de los Pflucker en Huancavelica, periodo durante el cual seguramente conoció la operación Caudalosa Grande, en la que su primogénito iniciaría su periplo minero algunas décadas después. Recién a inicios de los años cuarenta, cuando ya transitaba la última etapa de su carrera, supo identificar oportunidades que impulsaron el renacimiento de la minería nacional. Su larga experiencia y conocimiento lo convirtieron en un activo promotor minero, en alguien capaz de reunir los recursos y voluntades necesarios para sacar adelante una empresa minera. En esa misma línea, entre una generación y otra, los Baertl, Ernesto padre y sus hijos Ernesto y Augusto, suman un siglo en la historia de la minería en el Perú. Luego de su experiencia en Huancavelica, el destino profesional de Ernesto padre lo haría recalar en Colquijirca, la famosa mina de don Eulogio Fernandini. Dos décadas atrás había llegado de la Cerro de Pasco Mining Company, y la de los Fernandini era prácticamente la única mina de importancia en el corredor minero de la sierra central que seguía en manos de un nacional. A solicitud de don Eulogio, una de las labores de Ernesto era la supervisión de la mina Atacocha, de la cual el primero era accionista. Para llegar atravesaba la quebrada del mismo nombre y pasaba a caballo frente al Rajo Arias. En ese ir y venir constante intuyó la gran oportunidad de hacer Ernesto padre e hijo en un rincón íntimo de Colquijirca, cuando aún no imaginaban lo que sería Milpo, el proyecto minero de sus vidas.
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