144 145 pioneros de la minería moderna en el perú minería allí. Entusiasmado con su visión, el ingeniero Baertl le recomendó al Superintendente General de Atacocha, Edgardo Portaro, que tomaran el Rajo Arias, pero ellos prefirieron no embarcarse en nuevos prospectos. Nunca decaería su entusiasmo por ese yacimiento. Así que, luego de 21 años con los Fernandini, le envió una carta a don Eulogio pidiéndole permiso para tomar la opción del proyecto Rajo Arias. Era 1942 y quería liderar su propio desarrollo. Para ello les encargó a dos de sus amigos, Aquiles Venegas –que dirigía las haciendas de la familia Fernandini– y a Axel Nycander –trabajador de la Cerro de Pasco– negociar la concesión con quienes mantenían su propiedad. Junto con Luis Cáceres, que también trabajaba en Colquijirca, conformaron un grupo muy unido. Esa no era su primera sociedad. Todos habían participado en los años 30 en un emprendimiento similar en las alturas de Huariaca, entre Huánuco y Cerro de Pasco, al que llamaron Cuyuma; pero que nunca llegó a despegar. Lejos de desanimarlos, esa experiencia enraizó mucho más su amistad. Una aventura a la que también se había sumado el abogado limeño Manuel Montori. Desde entonces se autodenominaron las “Cinco barretas de Cuyuma”. Seis largos años pasarían hasta que, finalmente, los socios pudieron adquirir las concesiones mineras que cubrían el llamado Rajo Arias. A su retiro de Colquijirca y consciente de que ese sueño tomaría tiempo, Ernesto siguió trabajando. Felipe Beltrán y Felipe Ayulo, que habían formado Castrovirreyna Metal Mines tomando en concesión las minas San Genaro y Astohuaraca, lo convocaron para que asumiera la gerencia de operaciones. Pocos años después, recomendó a sus jefes que participaran en el remate de la mina Carahuacra y, más tarde, Ticlio, con las que se formó la compañía Volcan Metal Mines. La primera fue una mina de larga vida y resultó siendo parte del mismo yacimiento de la emblemática San Cristóbal. Recién en 1948, con un capital recaudado entre familiares y amigos, “las cinco barretas de Cuyuma” pudieron comprar el Rajo Arias en dos millones de soles y fundaron Milpo el 6 de abril de 1949. Incluso el mismo señor Fernandini tomó el 9% de participación. En diciembre se iniciaron las labores de extracción de mineral en los niveles denominados ‘Porvenir Rajo’ y ‘Porvenir Arias’. Al año avanzaron 75 metros en el primero y 180 metros en el segundo, consiguiendo en ambas estructuras similares cantidades de minerales de plomo, zinc, plata y oro. Estos desarrollos serían la base para la futura consolidación de la Compañía Minera Milpo S.A. Al año siguiente de formada le empresa entró en vigencia el nuevo Código de Minería, impulsado por Mario Samamé Boggio y con la participación dedicada de Ernesto Baertl como su mano derecha. Con el marco normativo y el alza en la cotización de los minerales, Milpo aceleró su producción e hizo un contrato de servicios para tratar los primeros volúmenes de producción en la concentradora de Huaraucaca. En un año la empresa había construido cinco campamentos, almacenes, un taller de herrería, una casa de compresora, oficinas y la casa del Superintendente. Derecha– La vida en las alturas era simple, al aire libre y con un continuo contacto. Aquí Ernesto padre con sus hijos Ernesto y Carmen, junto al tío Germán Ortiz.

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