30 31 pioneros de la minería moderna en el perú permanente y generosa. En ese sentido, el hecho de que un político ubicado en la otra orilla, comprometido con las luchas sociales y enemigo declarado de los empresarios, como Genaro Ledesma Izquieta, fundador del Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP), haya tenido solo palabras de elogio y gratitud para don Eulogio, dan cuenta del consenso alrededor de la figura de este peruano ejemplar, sean partidos políticos, autoridades o entre las distintas clases sociales de aquella época. En defensa del Perú Pero hay un hecho histórico por el que se le tiene que recordar con mucho agradecimiento. Con el Tratado de Ancón, en 1884, se había puesto fin a la Guerra del Pacífico y, desde entonces, los gobiernos de Perú y Chile se embarcaron en un arbitraje que ya duraba décadas, quedando pendiente el destino final de las provincias de Tacna y Arica. Conscientes de que la filiación de la mayoría era peruana, el país sureño emprendió una tarea de ‘chilenización’ de esos territorios durante cuarenta años, de tal forma que pudiera favorecerle un plebiscito y que los votantes de ambas provincias decidieran voluntariamente anexarse a su territorio. Cuando se instaló la Comisión Plebiscitaria en 1925, el Perú llegó con retraso a la campaña y era menester recuperar el tiempo perdido. Se requerían medios financieros para “poner en marcha la estrategia de la delegación peruana, proteger y ayudar a los ciudadanos peruanos e incurrir en cuantiosos gastos de transporte y publicidad; inclusive editar un periódico que se llamó ‘La Voz del Sur’ y que se imprimió a bordo del BAP Ucayali, donde sesionaba la delegación peruana”, según se relata en el libro sobre el ex congresista, Premier y ministro, Dr. Manuel Pablo Olaechea. De esa campaña dependía la recuperación o no de esos territorios. Ya entonces la propaganda chilena era abundante y abrumadora, por lo que en las altas esferas de Lima se hablaba de una colecta patriótica de la que su mismo líder, el presidente Joaquín Leguía, dudaba de los posibles resultados. Don Eulogio Fernandini pidió audiencia y le hizo saber al presidente que hiciera la colecta, que él no podía dar todo el dinero porque no era el único peruano, pero que se comprometía a poner lo que faltase. Y así fue. Sin embargo, ese no fue su único aporte. Fuera de la colecta, el empresario estimuló el reasentamiento de tacneños que habían sido desplazados por la guerra para que acudieran a votar y, entre otras cosas, este nuevo aporte económico sirvió hasta para comprarles sus camas. Esto permitió asegurar que Tacna se reconociera como parte del Perú hasta el día de hoy. La presión del árbitro, Calvin Coolidge, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, advirtiendo el clima violento y de presión por parte de los vecinos del sur, hizo que se desestimara la realización del plebiscito en esas condiciones, significando esto un triunfo diplomático para el Perú. Del mismo modo, años después, el fantasma de la guerra asoló nuevamente el Perú, esta vez por un conflicto fronterizo con Colombia. Como ha sido costumbre en nuestra historia, las finanzas públicas del Perú estaban en rojo y no éramos sujeto de crédito para comprar armas y municiones. Ante la amenaza de la guerra, de motu propio, don Eulogio puso a disposición de nuestra Fuerza Aérea una escuadrilla de aviones de combate completa que adquirió a título personal. Felizmente, el conflicto logró resolverse mediante el Protocolo de Rio de Janeiro. Más allá del detalle sobre estos hechos, lo que es de interés para nuestra historia es que don Eulogio Fernandini no solo fue un excelso empresario minero, ganadero y prominente hombre de negocios sino que, además, estuvo siempre conectado y fue muy sensible a la historia y a la política de su tiempo. Por ello, también debe ser reconocido como un auténtico patriota. � izquierda– Uno de los objetivos de don Eulogio, en los años veinte, fue la recuperación de Tacna y Arica (el morro en la vista), pero nuestro país solo logró hacerlo con Tacna.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTM0Mzk2